La autora Iria Marañón
La autora Iria Marañón - ABC

Educar en el feminismo«No creo que ahora haya más violencia entre los jóvenes, aunque sí existen más formas de control»

Iria Marañón, autora de «Educar en el feminismo», comenta algunas cuestiones sobre este movimiento, con las luces y las sombras que tiene hoy en día en la sociedad

MadridActualizado:

A día de hoy, Iria Marañón (Madrid, 1976) entiende que su madre fue la primera persona que la educó en el feminismo, pese a ser ama de casa y depender económicamente de su padre para todo. Esa falta de libertad que tenía su progenitora es por la que siempre ha luchado esta autora. Estudió Filología Hispánica con su afán (y el que su padre quería) de «romper techos de cristal» y ser una mujer libre económicamente.

Madre de dos hijas, Marañón trabaja a diario para educarlas en igualdad, huyendo de estereotipos sociales. Ha charlado con ABC sobre su libro, «Educar en el feminismo», con el que pretende dar voz a este movimiento que sigue teniendo sus luces y sus sombras actualmente.

¿Cómo surge escribir este libro?

Tenía un blog en el que hablaba de cómo educar a mis hijas en esto, porque al principio de costaba. Me propusieron plasmarlo en un libro y no dudé porque era en lo que yo había estado investigando y lo que a mí me movía. Ahora es un momento bueno porque empieza a haber un poco más de conciencia.

¿Qué se entiende por feminismo?

Es un movimiento social que busca justicia y libertad para las mujeres. Obviamente es más amplio, tiene unas raíces más profundas, pero en pocas palabras es eso. Para mí, ese es su significado y mi forma de verlo. Dentro del mismo concepto, hay muchos tipos de feminismo. Me identifico con unos más que con otros, pero en el libro hablo del concepto general, de educar en un feminismo más generalizado. Aunque haga referencia a las libertades, hablo de un sistema general.

Mucha gente afirma que el feminismo es lo opuesto al machismo. ¿Reside ahí el problema de este concepto?

Es uno de tantos. Hay que devolverle al feminismo el valor original que tenía hace 150 años cuando luchaba por el voto de las mujeres, para que estas pudieran llegar a la educación y tuvieran derechos sobre sus propios hijos. Hoy el movimiento sigue siendo el mismo. Pide derechos para las mujeres cuando, ni siquiera, ellas saben que necesitan esos derechos. Obviamente, pensar que el feminismo es lo contrario del machismo es una falacia, porque es justo lo contrario. Es decir, el machismo es opresión y el feminismo es libertad y justicia. No tiene sentido esa afirmación.

«El feminismo es lo que puede salvarnos del machismo», dice en su libro...

Efectivamente, lo único que puede destruir al machismo es el feminismo. Es un poco la solución al problema.

¿Qué debería cambiar en la educación de los niños?

Creo que hay que coeducar, es decir, educar en igualdad real. Hoy en día, no existe nadie que crea que está educando de forma desigual a sus hijos. Todo el mundo piensa que lo está haciendo correctamente, pero hay muchas cosas que se nos escapan a la hora de educar en igualdad. Han salido muchos estudios que hacen evidente las desigualdades que cometemos de forma cotidiana como los espacios. Los niños ocupan, normalmente, mucho más espacio que las niñas, por ejemplo, en el patio del colegio donde ellos ocupan todo el centro jugando a la pelota y ellas se sitúan en los laterales. A medida que cumplen años, ellos van ocupando más espacio y ellas, menos. En el aula también se da porque los niños ocupan más espacio verbal que las niñas, incluso más espacio dentro del aula. Con la educación en igualdad se busca que sean conscientes del espacio que cada uno ocupa y se repartan de forma proporcional.

Otra de las partes es el lenguaje inclusivo. Se habla siempre de un plural genérico que nos discrimina, porque lo que no se nombra, no existe. Las niñas crecen y aprenden a no ser nombradas cuando se habla de «niños» o «hombres», de forma general. Por este lado también habría que repensar el lenguaje.

Por otro lado, los referentes femeninos. En 2009 se hizo un estudio sobre los libros de texto donde se decía que las mujeres estaban representadas en un 8% en ellos (en la ESO). Por tanto, los referentes que tienen las niñas no son femeninos, frente al 92% que sí tienen los niños.

También las frases que les decimos a unos y a otras, son completamente distintas: a ellos, «Sé fuerte, sé un hombre, tienes que ser valiente, llorar es de niñas»; a ellas, en cambio, «Ten cuidado, pórtate como una señorita, eso las niñas no lo hacen»… Eso también le está diciendo a cada uno que lugar tiene en el mundo.

En el tema de los estereotipos, desde que nace una niña —que se le pone el vestido rosa, los pendientes…— ya le estamos dando la primera lección de cómo tiene que ser una niña, que se ponen pendientes y visten así y ahí es el principio de las desigualdades. Casi todos los juegos de niña están relacionados con cosas dentro del hogar, mientras que los juegos de los niños son fuera, al aire libre, para explorar. Se crean dos escenarios distintos para unos y para otras, pero luego en la universidad le dirán: tú, chica, puedes conseguir lo que quieras. Y eso les cortocircuita porque los mensajes que ha ido recibiendo desde su nacimiento han sido, totalmente, diferentes.

Por tanto, hay que empezar a educar desde ahí abajo. Se trata de romper los estereotipos, de que sean libres y que sean lo que quieran ser. Hay que integrar en nuestra vida que haya una mayor flexibilidad a la hora de elegir juegos, juguetes, ropa…

¿Este cambio debería ser a nivel global?

Tiene que ser algo donde el Estado se involucre, porque, por mucho que hagamos las familias, al final nuestros hijos e hijas salen a la sociedad y vuelven con los estereotipos. Por mucho que tú le digas ponte el jersey rosa, él va a volver del colegio diciendo que eso es de niña. Vamos a tener que hacer palanca constantemente con la sociedad. Es importante que la educación en igualdad sea, por ley, transversal e interdisciplinar. Las familias y los centros educativos deberían estar a una.

Imagen de la portada del libro «Educar en el feminismo»
Imagen de la portada del libro «Educar en el feminismo» - ABC

Habla de que su madre fue la primera que le educaba en feminismo, pero ¿cómo era la educación que recibía por parte su padre?

Es de otra generación y él tenía asumido muchos comportamientos machistas. Él sí que era de los que las mujeres nos levantamos para recoger, pero los hombres no. Tenía esas cosas pero, en el fondo, sí quería que sus hijas alcanzáramos lo que nos propusiéramos. Esa dualidad es en la que estamos: vosotras hacéis las cosas de la casa y también podéis salir al mundo a conseguir vuestros sueños. Esto sigue pasando en muchas familias.

«Tienes que ser una persona económicamente dependiente», era el mensaje que su madre le transmitía. ¿Era consciente de lo que significaba realmente?

Mi madre no trabajaba y siempre estaba en casa. Veía su vida y pensaba que era estupenda, pero ella misma era consciente de que no era libre. Eso me lo dejó claro desde muy pronto, porque me decía que para todo dependía de la economía de mi padre. Por suerte, ellos lo llevaron bien pero ella nunca dejó de saber que, si hubiese querido, no podría haber salido de allí. Creo que es la base del feminismo, la independencia y la libertad. No existe la segunda si no se es económicamente independiente.

Es madre de dos niñas. ¿Cómo es la educación que reciben?

Cometo errores, como todas las personas. Cada día aprendo de igualdad pero intento dar ejemplo en casa, que vean que tanto su madre como su padre se reparten las tareas, algo que me parece fundamental. Al igual que lo es que aprendan cero violencia en casa, eso es importantísimo para que no la normalicen jamás y nunca resuelvan nada a través de ella. En casa intento que vean que su padre y yo nos queremos pero que somos independientes. Derribarle los mitos del amor romántico.

Ahora no creo que haya más violencia entre los jóvenes de la que había antes; hay más formas de control. En ese sentido, se pueden fomentar los sistemas de control en los adolescentes. Las mujeres son más conscientes que antes y denuncian lo que no va bien, al final eso es positivo.

Celebrar el día de la mujer, ¿perjudica o beneficia?

Es muy bueno, fundamental e imprescindible. Hablo desde la posición de mujer privilegiada que puede empoderar a sus hijas y decirles que pueden romper techos de cristal. Pero el feminismo tiene raíces mucho más profundas, donde hay mujeres que no pueden conseguir lo que quieren ni empoderar a sus hijas porque bastante tienen con sobrevivir cada día. Para mí es muy importante el 8 de marzo. No es un día de felicitaciones, sino de reivindicación y decir que está pasando porque para tomar soluciones, primero hay que saber qué problema hay.

¿Llegará el día en el que la igualdad sea tal que no se tenga que hablar de «feminismo»?

Ojalá llegue ese día. Yo no lo veré pero sería algo maravilloso. Un mundo donde no existieran las desigualdades.

El feminismo también es para los hombres pero es un movimiento de mujeres. En el fondo, las únicas que sabemos cómo sentimos la opresión somos nosotras. Hay que dejar espacio a las mujeres que es lo que nos están quitando y no pueden hacerlo también en el feminismo.

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