Violencia en la infancia

Cómo se protege a un niño cuando el agresor es su madre o padre

Casi el 70% de los casos de violencia se produce en el entorno familiar, siendo los progenitores biológicos los principales agresores

Una mujer se lanza desde un 6º piso con su hijo de 4 años en brazos en Murcia

MadridActualizado:

El suceso en el que una mujer de 37 años se ha tirado al vacío desde un sexto piso de la calle Huerto Manú de Murcia, con su hijo de 4 años en brazos hace saltar las alarmas sobre la violencia hacia la infancia. La madre ha fallecido al momento y el pequeño en el hospital, donde nada pudieron hacer por salvarle la vida.

«Es una locura que un padre o una madre mate a un hijo», afirma Ignacio Garralda, presidente de la Fundación Mutua Madrileña. Por venganza o no, lo cierto es que estos hechos copan las noticias cuando tienen lugar porque nadie piensa que el peligro esté dentro de casa.

Según el estudio «Evolución de la violencia a la infancia en España según las víctimas», presentado por la Fundación ANAR, casi en el 70% de los casos es la propia familia la que agrede a los menores de edad.

En un 34,4% de los casos, el padre biológico es el principal agresor; la violencia materna está en un 24,2%. Por parte de ambos, llega a situarse casi en el 60 por ciento. «Estos datos llaman la atención de forma dramática», asegura Benjamín Ballesteros, director de programas de esta institución.

¿Cómo puede protegerse a un menor dentro de casa? «No es fácil prevenir que se vaya a producir una muerte de un menor por parte de su progenitor», insiste Alicia Vicente, jefa del grupo de Análisis Criminal de Delitos contra las personas de la Guardia Civil. En una mesa redonda, impulsada por la Fundación Mutua Madrileña, Vicente aseguró que sigue habiendo poca concienciación.

«Debería haber una formación integral a todos los niveles para saber escuchar al menor, ver cómo actúa... Cualquier indicio puede hacer saltar las alarmas», continúa. «Un niño que tiene problemas se le nota, en uno de los primeros factores, en el rendimiento escolar», apunta Ballesteros.

Educar sin «cachete»

«No es un buen método educativo darle un cachete a un hijo como método de castigo», afirma Ricardo Gallego, magistrado titular del Juzgado de Menores número 1 de Guadalajara. «Hay que concienciar. Si se erradica este acto, iremos hacia una sociedad mejor», continúa.

Este magistrado también expone otra idea: «Que tu padre te dé un cachete, en un momento concreto, no significa que sea un maltratador. Hay que evitar ese acto, esa forma de "castigo"».

Quitar la custodia

Los menores tardan, de media, dos años en contar que están siendo maltratados. Un tiempo en el que el padre o la madre puede seguir ejerciencio violencia sobre el niño y donde, incluso, uno de los progenitores puede ejercerla frente al otro miembro de la pareja.

En ese punto, «hay que tener en cuenta todas las circunstancias para ver si se quita la custodia al padre, la patria potestad... El interés superior del menor es lo primordial. También entra en juego el derecho de los niños a relacionarse con sus padres», cuenta Gallego.

En la misma línea, Alicia Vicente incluye otra idea: «Discrepo ligeramente en la idea de que si un padre pega a una madre, pero el menor no corre peligro, no se castigue al progenitor. Los niños también son víctimas. De tanto ver un maltrato constante, ellos pueden convertise en maltratadores en un futuro».

Prevenir los «microabusos»

«Al igual que ocurre en la base de la violencia de género, que ocurren micromachismos, en la infancia pasa lo mismo: hay microabusos», asegura Ángel Parreño, director general de Servicios para la Familia y la Infancia. Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social.

Con esto se refiere al mote que un profesor puede ponerle a un alumno o a la falta de trato personal entre un entrenador de fútbol y sus jugadores —mientras practican educación física—. «Si somos capaces de ver que existen estos microabusos, seremos capaces de ponerle freno, de proteger a los menores», insiste.

Acudir a un psicólogo

La atención psicológica para los niños es vital, aunque debe darse con regularidad. «De nada sirve que tengan cita cada tres meses, cuando son personas que están mal o, incluso, se han intentado suicidar», apunta Benjamín Ballesteros. «Las consultas deben ser semanales y el tiempo que sea necesario».

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