Silvia Fominaya posa para ABC durante la entrevista
Silvia Fominaya posa para ABC durante la entrevista - ISABEL PERMUY

Silvia Fominaya: «La lentitud de la Justicia solo beneficia al maltratador»

La presentadora relata su tormentoso y largo proceso de divorcio del padre de sus dos hijos, Pablo González

MADRIDActualizado:

Musa de la extinta «Interviú» con nueve portadas archivadas en su memoria, flamante colaboradora del mítico «Crónicas Marcianas», imagen de varias campañas publicitarias o actriz de series como «Al salir de clase». En la década de los 90 y primeros años del nuevo milenio, el de Silvia Fominaya era un rostro habitual en los hogares españoles. Poco a poco le fuimos perdiendo la pista hasta que se esfumó por completo durante casi una década. Un espacio en blanco en su currículum y muy negro en su vida personal, junto al empresario náutico Pablo Alfonso González.

En 2015, protagonizó un tímido regreso al primer plano de la mano del mediático chef Sergi Arola. Un noviazgo que no prosperó, pero que se tornó en una sólida amistad. El chef catalán se veía obligado a desmentir la semana pasada que estuviera enfermo o sumido en la ruina. Unas informaciones que alertaron a la propia Fominaya. «Es un gran chef, gran persona y no ha perdido las estrellas por ser un mal cocinero, sino por la mala gestión. Se han pasado, porque detrás de los artistas hay una familia. A mí me sorprendió mucho. Me llamó un periodista para preguntarme y no tenía ni idea. Él tiene dos hijas menores y por mucho que ahora lo desmientan, siempre queda la mancha», declara Fominaya durante una entrevista con ABC.

Sergi Arola y Silvia Fominaya en el restaurante de ésta en La Coruña, Por la Jeta
Sergi Arola y Silvia Fominaya en el restaurante de ésta en La Coruña, Por la Jeta-GTRES

La presentadora y modelo madrileña de 42 años solo tiene palabras de elogio hacia su expareja, quien la ha ayudado a superar la etapa más amarga de su vida; su turbulenta separación de Pablo González, con el que contrajo matrimonio en 2008. Comenzaron una nueva vida en Vigo, junto a sus dos hijos. «Abandoné mi carrera profesional justo cuando estaba en la cima para dedicarme a mi familia. Cuando los niños ya tenían 2 y 3 años, intenté retomar mi trabajo, pero él me lo impidió. Comencé a trabajar en su empresa, que se encarga de fabricar las hélices de grandes cruceros comerciales. Mientras tanto me llegaban ofertas de televisión: para el programa de fin de semana de María Teresa Campos o para hacer Moto GP. No me dejó aceptar ninguna, era muy celoso y no quería que volviera a televisión».

Amor de pesadilla

La historia de amor de Fominaya vira hacia la auténtica pesadilla a finales de 2013. «Cambió radicalmente. Haces un “Interviú” y te parte la boca, otro día con el ojo morado, al siguente te embiste con el coche. Él siempre tuvo tendencia a beber, pero empezó a beber mucho más. El príncipe azul existe, pero ojo se puede convertir en un sapo».

El episodio más doloroso de su separación se escenifica el 15 de enero de 2015. «Llegó ebrio a casa, se puso muy agresivo y me obligó a enseñarle mi móvil. Me empezó a dar golpes, caí contra el suelo, mientras gritaba que me quería matar. Por suerte, los vecinos lo oyeron todo y llamaron a la Policía».

Tras varios juicios y tres años de litigio, Fominaya aún no ha conseguido firmar el divorcio. El principal escollo legal es el aspecto económico. Tras su separación, Silvia se instaló junto a sus hijos en el domicilio familiar, una casa en el municipio de Tomiño (Pontevedra) de casi 1.000 metros cuadrados, cuyos gastos no puede mantener. «Intenta ahogarme económicamente para que me vaya de la casa, intenta castigarme a mí, pero al final castiga a mis hijos».

Fominaya hace hincapié en el desgaste que ha sufrido durante este largo divorcio. «La Justicia no protege a las mujeres maltratadas, la lentitud solo beneficia al maltratatador. Siempre he impulsado a todas las mujeres a denunciar el maltrato, pero en un caso como el mío, con hechos muy graves que casi me cuestan la vida, veo cómo al hombre se le permite seguir con su vida a costa de sacrificar el nivel económico y el bienestar de sus hijos».