Massi y Nasrim Massumeh
Massi y Nasrim Massumeh - ISABEL PERMUY

Massi y Nasrim Massumeh, dos décadas cuidando la piel del «star-system»

Hablamos con las responsables de que las celebrities españolas parezcan más jóvenes

MADRIDActualizado:

Han pasado 20 años desde que Massi Massumeh llegó a España y se instaló en Marbella junto a su hija Nasrim después de vivir en Irán (su país natal), Estados Unidos y Reino Unido. Por aquel entonces ya se había licenciado en Bioquímica -estudios que combinó con otros en cosmética- y colaboraba con las Casas Reales de Arabia Saudí y Kuwait. Una carta de presentación que conquistó a la «jet set nacional e internacional» que residía en la Costa del Sol. Por eso, no es de extrañar que en el hall de su gabinete cosmético de la madrileña calle General Arrando nos reciban retratos firmados por Sus Majestades los Reyes de España, la emperatriz iraní Farah Diba, Penélope Cruz, Alejandra Silva y Richard Gere, Cristiano Ronaldo, Gareth Bale, Sean Connery o Marta Ortega, a la que conocen desde que era pequeña. «Los productos fueron un boom para todos aquellos que los probaban», cuenta Massi, mientras puntualiza que nunca habla de sus clientes. «Entre ellos se creó la necesidad de tener mis cremas y me animaron a fundar Massumeh. Yo solo quería hacerles felices cuidando su piel», añade.

Massi y Nasrim trabajan con doce productos compuestos por extracto de caviar (de ahí que las llamen «las reinas del caviar») diamante, zafiro, perla, malaquita, rodocrosita, cristal de roca, seda, jalea real, ácido hialurónico, azafrán, argán, loto azul, agua de rosa damascena o amatista. «Lo que nos diferencia de otras firmas de cosmética es el conocimiento de la antigua persia», dice Nasrim. «Llevamos toda la vida estudiando lo que viene de nuestros antepasados: las hierbas que utilizaban y los remedios curativos y medicinales», asegura. Una historia que también se remonta al Siglo II antes de Cristo, a la conocida Ruta de la Seda. «Allí se juntaban chinos, rusos, egipcios, indios, africanos… Todos intercambiaban conocimientos y mercancía», cuenta Massi. «También piedras preciosas, semipreciosas, chamanes… Todo eso está reflejado en las escrituras antiguas y los relieves de Persépolis. Nosotros hemos intentado recuperar esta herencia y darla a conocer a través de nuestros productos aplicando la tecnología moderna de última generación cosmética», apostilla Nasrim. Las piedras preciosas son minerales y juegan un papel muy importante a nivel celular. La malaquita, por ejemplo, es carbonato de cobre y se ha visto que tiene propiedades protectoras para las células. «Lo utilizaban antiguamente en Egipto para curar afecciones en los ojos o para proteger a las mujeres embarazadas», dice Nasrim.

Un «best seller»

Del mismo modo que ellas recuperan antiguas tradiciones para potenciar sus productos, a Massumeh llegan las nuevas generaciones de adeptas a las que llevan tratando desde hace 20 años. «Aquí tenemos clientas que vienen porque a sus abuelas ya les hacíamos el seguimiento de su piel», dicen. ¿Y cual es la clave de su éxito? «Es fácil vender una crema, pero que la misma persona la compre tantos años después… La idea no es sacar un producto, es sacar un best seller, competir con firmas internacionales y que se siga vendiendo. Si sacas algo tiene que ser un producto ganador, que sea imprescindible y un objeto de deseo», afirma Nasrim con contundencia. Son doce los productos que comercializan y que oscilan entre los 75 y los 425 euros, lo que confirma que realmente son de lujo.

A Massumeh llegan desde México, Rusia o China. «Algunos clientes vienen en su avión privado, se alojan en un hotel y pasan aquí varios días para hacerse tratamientos intensivos», cuentan. Por eso venden on-line a través de su página y dentro de poco sus productos estarán disponibles en Amazon. «Una vez vino la mujer del Rey de Arabia Saudí a comprar productos porque se iba de viaje con 50 personas. Nos dejó sin existencias, ¡y todavía quería llevarse más cremas!», recuerda Nasrim. Ellas, aunque no quieran hablar sobre Isabel Preysler, también son las «culpables» de su rejuvenecimiento.