Rosalía Iglesias, de Verstrynge a Bárcenas
Rosalía Iglesias, saliendo de su vivienda en Madrid - JOSE RAMON LADRA

Rosalía Iglesias, de Verstrynge a Bárcenas

ABC reconstruye los pasos de la esposa de Luis Bárcenas

marina pina
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Imagine que tiene una cuenta corriente con once millones de euros. Cierre los ojos, ¿qué haría? Seguro que a pocos se les pasa por la cabeza encerrarse en casa. Pensar, mirando desde la ventana, que el paraíso perfecto de su hogar se convertiría en una jaula de la que salir es enfrentarse a decenas de fotógrafos. Hay cosas que no se compran y tener –según las sospechas del juez Pablo Ruz– once millones de euros en una cuenta bancaria no han hecho sino recluir a Rosalía Iglesias, segunda esposa de Luis Bárcenas, en su casa y costarle el título de imputada en la trama Gürtel.

El edificio situado en el número 34 de la calle Príncipe de Vergara tiene un portal señorial. La entrada acoge en sus laterales dos puertecitas: «portería», «servicio», indica en cada una de ellas. En el centro del zaguán, diez escalones de mármol cubiertos con una moqueta marrón guían el camino –de propietarios e invitados– hacia un ascensor de los de antes. Bárcenas ya no sube esa escalera, prefiere zambullirse por la entrada del servicio, su mujer puede haber olvidado el camino hacia la calle porque sus apariciones son contadas.

«Hace dos semanas bajó al banco, supongo que a actualizar la cartilla», cuenta el portero de una de las fincas aledañas. Se refiere a una sucursal de Bankia situado a escasos diez metros del portal de la familia Bárcenas, oficina en la que es titular de una cuenta en la que, según la Unidad de Delitos Fiscales y Económicos (UDEF) y la Oficina Nacional de Investigación Financiera, habría atesorado en 2007 once millones de euros. «Nosotros no vamos a decir nada de esa señora», dice uno de los trabajadores de la oficina sin despegarse del teléfono ni dejar de masticar un chicle.

«Trabajadora y fiel»

El simpático portero comenta que desde hace un mes «apenas sale», pero que ha hecho un avance en sus escapadas: «Ya no se disfraza». Porque Rosalía, con una intención que pocos entienden, llegó a abandonar su domicilio cubierta con un pañuelo de animal print, un sombrero de caza y unas gafas de sol de viuda doliente. «Sortea el muro de periodistas, cámaras y micrófonos con un rictus pétreo, indescifrable y altivo, con una mueca de asco y cansancio», así describió el periodista Francisco Apaolaza aquella salida. «Si llovía trataba de apartarnos con el paraguas», asegura otro redactor que lleva tres meses apostado en la vivienda.

Rosalía Iglesias nació hace 53 años en Astorga. Hija de un camionero que montó una empresa de transportes, Rosa es la menor de una familia de cinco hermanas, una fallecida en 2011. «Vivían en San Andrés, que es un barrio humilde pegado a la muralla; eran tantas, que Chus, una de ellas, se crió en acogida con otra persona de Astorga», relata una vieja conocida de los Iglesias. En las ciudades pequeñas, ayudar a las familias vecinas en la crianza de algún hijo era algo normal. Los maragatos la recuerdan como una chica «monísima» y valiente: «No estudió carrera, habida cuenta de los ingresos familiares. Pero, eso sí, desde pequeña ya trabajó».

Y con 20 años se fue a Madrid. Y aquí las versiones son diferentes. Si bien en su ciudad natal aseguran que su noviazgo con el hijo de un militar llamado Óscar la ayudó a entrar en Alianza Popular, otros apuntan que su trabajo en una peletería fue el pasaporte de acceso al partido. «Como dependienta conoció a gente de más nivel», dicen en Astorga. Entre esa gente podría estar Ángel Sanchís. El extesorero de AP y mentor de Luis Bárcenas colocó a la joven como secretaria de Jorge Vestrynge en 1983: «Estuvo seis meses conmigo a petición de Sanchís, luego se cambió al equipo de Bárcenas», narra el ex secretario general de AP hasta 1986. Vestrynge la describe como una chica «guapa, inteligente, trabajadora, fiel y que no creaba problemas».

Tras un semestre, Iglesias se enroló en el equipo de un joven Luis Bárcenas del que pronto se enamoraría. Él estaba casado -«un matrimonio tormentoso», recuerdan- y tenía un hijo. Pero en 1989 se desposaron en la embajada de Francia y poco después, tuvieron a Guillermo. Antes de que Vestrynge abandandonase AP, él y su mujer compartieron cenas con Iglesias y Bárcenas:«Luego dejamos de vernos», afirma.

Mientras su marido escalaba posiciones, Rosa combinaba su discreción con su elegancia, alimentada a base de abrigos de visón y bolsos de Loewe.

«Casó bien», resumen en Astorga. Una casa en Baqueira Beret, otra en Marbella –donde dicen pasó grandes tardes junto Jesús Sepúlveda, exalcalde de Pozuelo de Alarcón y también imputado en la trama Gürtel, así como con su exmujer, Ana Mato, actual ministra de Sanidad–, y el piso del barrio Salamanca. Atendiendo al dicho popular, sí casó bien.

En soledad

Pocos la acompañan en su reclusión voluntaria. Su único hijo está pasando el curso en Estados Unidos y, según cuentan en Astorga, «la familia de Rosalía intenta no hablar de ella». Tampoco se ven a amigos -como un destacado columnista de «El Mundo»- entrando en casa. Hasta su imputación, pocos astorganos sabían de su lujosa vida: «Siempre ha sido muy discreta», cuentan. Rosalía volvió a su casa en Astorga el 1 de noviembre junto a su marido. También ha sido vista por allí en carnavales, así como el fin de semana del 12 de abril. Los mentideros leoneses especulan sobre la posibilidad de que «Rosi» se instale en esa tranquila ciudad: «Se siente acosada en Madrid».

No solo por la prensa. Parece que la expectación mediática que ha levantado su supuesta capacidad para ahorrar molesta también a sus vecinos: «Tener prensa en la puerta no es nada agradable», comenta una cohabitante del portal mientras espera a que terminen de grabar para acceder a su vivienda.

Las guardias no se recompensan con la salida de la elegante y enfadada Rosalía Iglesias. Ella, desde el cuarto piso donde se ubica su jaula, mirará por la ventana y, quizás, pensará: ¿Qué haría usted con once millones de euros?