Zapatero presentará a Merkel sus reformas para que les dé el visto bueno - AP

Merkel llega a España para exigir a Zapatero un esfuerzo «a la alemana»

Exigirá nuevos ajustes salariales y fiscales «porque todos debemos hacer reformas constantemente»

CORRESPONSAL EN BERLÍN Actualizado:

En vísperas de su llegada a Madrid, la canciller alemana, Angela Merkel, confirmó que aterriza dispuesta a pasar a examen a algunas de las asignaturas pendientes de la economía española. En este sentido, Merkel criticó ayer con dureza la vinculación existente en algunos países como España entre salarios e inflación. «Lo que es más difícil es cuando uno dice, y esto pasa en algunos países, que los salarios suben con la inflación», criticó Merkel en una entrevista concedida a RTVE. «No, los salarios pueden subir cuando se han conseguido beneficios», afirmó la canciller, quien, a pesar de todo, aseguró que «no pretende inmiscuirse en la política salarial de España».

Merkel elogió los «sustanciales» progresos y las «profundas reformas» acometidas por España en los últimos meses aún a pesar de que «no haya resultado nada fácil». Sin embargo, lanzó otro recado hacia los que creen que el esfuerzo ya está hecho: «Todos debemos hacer reformas constantemente, no podemos quedarnos parados», dijo Merkel. A pesar de ello insistió en que España «ha hecho progresos sustanciales» y calificó como «muy importante» la reforma de las cajas de ahorros, así como la privatización de la Loteria.

Además, aplaudió el pacto entre Gobierno, sindicatos y empresarios, ya que, en su opinión, «la política no puede hacerlo todo, tiene que contar con los otros agentes sociales».

Hechos, y no palabrería

Y es que la XXIII cumbre bilateral entre España y Alemania viene presidida por un clima muy diferente al de las últimas, lejos de la palabrería y más cerca de los hechos: «España va a necesitar 10 años para recuperarse de esta crisis», dice a este diario Daniel Gros, director del Centre for European Policy Studies en Bruselas. La ocasión «no es ya la de preguntarse qué ha hecho uno u otro gobierno» para que al primero se le disparara el paro hasta el 20,4%, mientras el segundo lo reducía al 7,4%. Ahora Zapatero presentará sus apresurados deberes —de los que la prensa no deja de recelar— y Merkel hará esfuerzos por soterrar la tendencia a la vara profesoral.

«No vamos como el maestro de escuela», se ha defendido el ministro de Exteriores, Guido Westerwelle, negando mantener a Madrid «en observación». En ámbitos como el bancario, efectivamente, «pocas lecciones pueden dar», decía días antes a este diario un consejero ejecutivo del Banco Central Europeo, recordando que «sólo queda un banco privado, sin intervenir, en Alemania».

La antes arrogante Moncloa admite ahora sin ambages «un gran interés» por conocer, seis años después, la experiencia de la reforma laboral alemana; esto incluye el reciclaje profesional, la flexibilidad de convenios, horarios y lugares de trabajo, familia y servicios públicos de empleo. En entrevista conjunta a la prensa alemana, Zapatero no se dice molesto por tener que seguir «el ejemplo alemán», pero agrega sin entenderse bien: «mientras tengamos una Alemania europea...»

Zapatero presume también ante medios alemanes de que «hemos reformado el sistema financiero, aplicado medidas para la consolidación presupuestaria y la directiva sobre servicios; y aprobado una reforma del mercado laboral y la energía» y, aunque la prensa levanta una ceja, los expertos creen que al menos la esperada reestructuración de las cajas y la reforma energética serán de agrado alemán.

Pero insistencias como la de Zapatero a la prensa de que habría sido «la locura de los mercados» la culpable del programa de ajustes «radical» no hallarán ninguna comprensión. Como tampoco las referencias a que Alemania habría «sacado ciertamente sus ventajas de la crisis» al financiarse ahora a muy bajo coste, aunque el presidente evade la pregunta sobre posibles errores también alemanes.

La escenificación de acuerdos apresurados, como el de pensiones, no es fortuita. Y Salgado dice hallar «comprensión» y trato «de igual a igual» en su homólogo Schäuble. Pero fuentes en Berlín creen que eso no evitará peticiones alemanas, como la eliminación de la actualización automática de salarios con el IPC, la inclusión de techos legales de gasto y endeudamiento y la armonización de la base imponible para sociedades en la UE.