Reuters

Huawei, buque insignia de la tecnología china y víctima de la guerra comercial con EE.UU.

Líder mundial en equipos de telecomunicaciones y segunda marca de móviles tras Samsung, puede verse seriamente afectado por el veto en el mercado estadounidense

Corresponsal en PekínActualizado:

Atrapada en medio de la guerra comercial que libran Estados Unidos y China desde el año pasado, Huawei es la principal víctima colateral de un conflicto que amenaza con dañar a la economía mundial. Tras su inclusión en la «lista negra» de Washington por su supuesta amenaza a la seguridad nacional, el veto de Google, Intel, Qualcomm y otras grandes firmas tecnológicas norteamericanas puede afectar muy gravemente a este gigante chino de las telecomunicaciones.

Líder en fabricación de equipos para las mayores operadoras telefónicas del mundo, por encima de Nokia y Ericsson, Huawei le disputa a Samsung el primer puesto en ventas de móviles. Superando a Apple, el año pasado comercializó 206 millones de «smartphones» más cien millones de otros dispositivos electrónicos. Durante el primer trimestre, antes de que se recrudeciera la guerra de aranceles declarada por Trump, se calcula que habría vendido unos 59 millones de móviles, informa France Presse.

Con 180.000 empleados y unos ingresos que el año pasado subieron un 19,5 por ciento hasta alcanzar los 721.000 millones de yuanes (95.483 millones de euros), sus beneficios fueron de 59.300 millones de yuanes (7.852 millones de euros), un 25,1 por ciento más que en 2017. Aunque son tres puntos menos que el crecimiento de ese año, se trata de un aumento notable teniendo en cuenta que la compañía se halla en medio de la nueva «Guerra Fría» que Washington y Pekín están librando en el campo comercial y tecnológico.

Una contienda que, en buena parte, también está dirigida contra Huawei, que se enfrenta a un momento crucial por la inminente puesta en marcha de las redes de 5G, la próxima generación de internet. Su hegemonía en dicho sector se halla en entredicho por la campaña de la Casa Blanca, que la ha vetado en EE.UU. y está tratando de influir sobre sus aliados. Para empezar, Australia y Nueva Zelanda no contarán con Huawei para desarrollar sus redes de 5G mientras Japón y el Reino Unido se lo están pensando. Por su parte, la Unión Europea evaluará los posibles riesgos de esta tecnología supervisando los equipamientos y códigos fuente de Huawei.

La Casa Blanca lleva meses advirtiendo a sus socios de los riegos que, a su juicio, entraña emplear los equipos de telecomunicaciones de Huawei al temer que la compañía esté al servicio del autoritario régimen de Pekín y pueda ayudar a su espionaje. Unas acusaciones que Huawei niega categóricamente esgrimiendo su carácter privado, pero cuyas sospechas no consigue despejar por su estructura accionarial, que en teoría se reparte entre la mitad de sus 180.000 empleados, y por el pasado militar de su fundador, Ren Zhengfei. Además, su hija, Meng Wanzhou, está en libertad bajo fianza en Canadá a la espera de una orden de extradición pedida por un tribunal de Nueva York por, presuntamente, haber intentado vender a Irán equipamiento tecnológico prohibido por las sanciones contra su programa nuclear.

Presentando batalla, Huawei demandó en marzo al Gobierno de EE.UU. por considerar inconstitucional su veto en dicho mercado, que considera discriminatorio. «Si instalamos "puertas traseras" en nuestros aparatos o recopilamos información, sería un suicidio y no creo que el Gobierno chino quiera eso tampoco porque Huawei es una empresa muy importante», explicaba a finales de marzo el jefe de sus servicios jurídicos, Song Liuping, durante la presentación de los resultados anuales, a la que asistió ABC. Aunque la Ley de Inteligencia china obliga a empresas y particulares a compartir la información que pueda suponer una amenaza para la seguridad nacional, Song insistió en que dicha regulación se refiere «al terrorismo o la delincuencia, pero no sirve para atacar o espiar a otras compañías». El problema es que, al ser China una dictadura donde la justicia está al servicio del régimen del Partido Comunista, sus explicaciones son acogidas con escepticismo en Occidente, que duda de la compañía por su meteórico ascenso en solo tres décadas.

Tras licenciarse del Ejército chino, Ren Zhengfei fundó Huawei en 1987 con poco más de 3.000 euros en la ciudad de Shenzhen, donde al principio actuaba como agente de ventas para una empresa que fabricaba equipos de comunicaciones en la vecina Hong Kong, entonces colonia británica. Ni el tiempo ni el lugar son fruto de la casualidad. Este antiguo pueblo de pescadores fue la primera «zona económica especial» de China en beneficiarse de la apertura al capitalismo ideada por Deng Xiaoping tras la muerte de Mao Zedong en 1976. Hoy, Shenzhen es una de las megalópolis más pujantes de China gracias a empresas como Huawei, buque insignia de la tecnología nacional. A sus 74 años, su fundador, Ren Zhengfei, atesora una fortuna estimada en 3.400 millones de dólares (2.990 millones de euros) que no está reñida con su pertenencia al Partido Comunista, pero ha colocado a Huawei en la diana de la “Guerra Fría” del siglo XXI.