Wawrinka, tras ganar a Murray en semifinales
Wawrinka, tras ganar a Murray en semifinales - AFP

Roland GarrosWawrinka, el finalista que siempre gana

El suizo, último escollo de Rafa Nadal en Roland Garros, llega en silencio y con una eficiencia aplastante: ha ganado las tres finales de grandes que ha disputado

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Durante muchos años, Stan Wawrinka fue el otro suizo, inevitable quedar en segundo plano porque es imposible robarle cuota de pantalla al genial Roger Federer. De hecho, ante el descanso del campeón de 18 grandes, que ha preferido centrarse en la hierba de Wimbledon antes que deslizarse por la tierra de París, no hay demasiada prensa helvética siguiendo a este silencioso talento, del que siempre se supo que era muy bueno y que se ha destapado como un excelente campeón de Grand Slam con el paso de los años. Se estrenó en ese sentido venciendo precisamente a Rafael Nadal en Australia y después ha conquistado Roland Garros (2015) y el US Open (2016). Además, lo ha hecho con una eficiencia asombrosa: tres finales, tres títulos.

Para llegar a ésta, Wawrinka se pega una paliza de cuatro horas y 34 minutos, más entero que Andy Murray pese a que tiene ya 32 años y su físico no es de una persona especialmente atlética. Gana al número uno por 6-7 (6), 6-3, 5-7, 7-6 (3) y 6-1 en un duelo eléctrico, precioso y con golpes estupendos y desmitifica lo que marca su DNI, pues desde 1973 no había un jugador tan veterano luchando por la gloria de París (Niki Pilic tenía entonces 33 años).

Wawrinka es de Lausana, de padre alemán, criado en una granja con animales y aprendiendo desde pequeñito a trabajar. Se hizo con su primera raqueta a los ocho años, relativamente tarde si se compara con otras figuras del tenis, y a los 17 años ya se hizo profesional, ganador un curso después en la categoría júnior de Roland Garros. Ahora ya suma 16 títulos, es el tres del mundo y si vence mañana subirá un peldaño más, su mejor ranking de siempre.

El cambio en Wawrinka llegó desde que se abrazó a Magnus Norman, un entrenador que limpió su cabeza y le impulsó, por fin, para que aterrizara donde siempre se le esperó. Ese dedo en la sien cada vez que salva una situación crítica evidencia la complicidad que tiene con su banco. «En realidad, creo que el clic lo hizo antes de esa final de Australia. Él estaba jugando muy bien y no sé si le hubiera podido ganar de no haberme lesionado. Pero creo que ya un año antes dio el cambio y ha demostrado que compite estupendamente en los partidos importantes», aporta Nadal, con quien mantiene una óptima relación y con el que suele entrenar siempre que coinciden.

«Stanimal», como se le conoce en la grada – también como «Stan the man»–, pasó por un momento personal delicado cuando se separó, en 2010, de Ilham Vuilloud, una modelo y presentadora de televisión. Tuvieron a una hija, Alexia, y a los siete meses de nacer llegó la ruptura, muy sonada por las formas. «Stan me informó de que tenía nuevas prioridades en la vida, que le quedaban cinco años buenos de tenis y quería darlo todo por exprimirlos al máximo. Hizo las maletas y se mudó al hotel. No quería distracciones, me dijo», relata su exmujer. Hubo un conato de volver, pero lo dejaron definitivamente y Wawrinka está ahora con la tenista Donna Vekic, de 21 años.

Mañana, sin que nadie le conceda muchas opciones, afronta el mayor de los desafíos que puede haber en el deporte, reconocido por él mismo. «Mentalmente sé que no me va a ganar nadie. Tengo confianza en mí mismo. Puede que pierda, pero sé que lo voy a dar todo». La estadística está de su parte: Wawrinka nunca pierde la final de un Grand Slam. Su problema es que enfrente tiene a Nadal.