Aficionados japoneses recogen la basura de las gradas en Saransk
Aficionados japoneses recogen la basura de las gradas en Saransk - AFP
Patrocinado porInfiniti

Mundial Rusia 2018Triunfa el civismo japonés

Los nipones y Senegal se juegan el liderato del grupo H entre alabanzas a sus aficiones, que limpian las gradas de los estadios al acabar los partidos

Actualizado:

Pocos minutos después de las sorprendentes victorias de Japón y Senegal en la primera jornada mundialista, empezaron a extenderse a velocidad de vértigo por las redes sociales dos vídeos de similares características. En uno, aficionados japoneses se afanaban en recoger basura en el Mordovia Arena de Saransk después de que su selección se impusiera a Colombia.

En el otro, hinchas senegaleses, perfectamente uniformados con los colores de la bandera de su país, apilaban también desperdicios en la grada del Otkrytie Arena de Moscú mientras sonreían por haber derrotado a la Polonia de Robert Lewandowski. Ni siquiera la euforia por esos inesperados triunfos impidió que cumplieran con aquello que consideraban su obligación: limpiar lo que habían ensuciado.

Ambas aficiones se llevaron el aplauso unánime de las miles de personas que visionaron los vídeos por una lección de civismo difícil de encontrar en cualquier campo de fútbol. Hoy, Japón y Senegal cruzan sus caminos en la segunda jornada con un partido en Ekaterimburgo y el liderato del grupo H en juego, aunque el foco volverá a ponerse en sus aficionados.

Hace cuatro años, en el Mundial de Brasil, la actitud de los aficionados japoneses en las gradas ya llamó la atención. Portando sus propias bolsas de basura, los hinchas nipones permanecían en el campo tras el partido y paseaban por las gradas recogiendo toda clase de residuos. «Los japoneses hacemos eso en cualquier sitio, nunca dejamos desperdicios tirados en un lugar público, es algo cultural», dijo entonces uno de esos aficionados a la agencia DPA.

Educación escolar

La clave de este civismo está en las escuelas, donde al margen de las asignaturas habituales se intenta inculcar a los niños valores relacionados con la limpieza y los buenos modales, dos aspectos fundamentales en esa sociedad. Es lo que allí se llama el «O-soji», un ritual por el cual los alumnos dedican varias horas semanales a barrer las aulas, quitar el polvo e incluso limpiar los baños. Un sistema criticado en otros países, pero que en Japón consideran el sostén de la buena educación que impera en sus calles.

La actitud de la afición japonesa fue tomada como modelo en Brasil, donde otras muchas hinchadas comenzaron a llevarse sus propias bolsas en las que depositar sus desperdicios, y ahora se confía en que vuelva a ocurrir lo mismo. De hecho, numerosos seguidores colombianos decidieron unirse a esta singular operación limpieza. Que cunda el ejemplo.