Salah y Keita celebran el primer gol del Liverpool ayer, frente al Huddersfield
Salah y Keita celebran el primer gol del Liverpool ayer, frente al Huddersfield - REUTERS
Fútbol

Regreso a las batallas domésticas

Zidane, Valverde o Guardiola reivindican la importancia de las ligas, que conservan su emoción este año en la Premier y la Bundesliga

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Sin poner la oreja con mucho esmero, resuenan todavía los ecos de la eliminación del Manchester City en la Champions League. La derrota fue asumida como un fracaso. Es la pauta marcada por el discurso asumido en los últimos años, el cual tiene en la máxima competición europea una parada que para ciertos equipos resulta imprescindible conquistar. Barcelona, Real Madrid, Atlético, Bayern, PSG o Juventus cohabitan con el equipo de Guardiola en esa habitación maldita, sin escapatoria posible y continente de una penitencia probabilísima, pues sólo uno consigue darle esquinazo.

La excepción lleva tiempo anidada en Inglaterra, donde la Premier goza de un prestigio atávico, desconocida esa fiebre por la Champions hasta que el desembarco de Guardiola cambió la tendencia. Sin embargo, esta vorágine que devora proyectos a ritmo de parpadeo encuentra en los últimos meses oposición en forma de cordura. Lo prueban dos constantes. De un lado, la competencia feroz por un título inglés que este año se estira hasta partirse, reticente a vender su pedigrí a un tiro al aire como la lucha por el cetro europeo. A falta de tres jornadas, City y Liverpool están a un tris de entrar a codazos en el podio histórico de puntos, 99 y 98 respectivamente, récord para el conjunto de Anfield y sólo superados por las 100 unidades que los de Manchester lograron el curso pasado. De darse sería, además, la primera vez que un equipo repite desde que el United cantara bis en 2009. Del otro, voluntades cacareadas como la de Zidane, empeñado en estos meses de entreguerras en constatar que de lo que se alimenta un equipo es del pan de cada domingo. «Siempre lo he dicho, para mí lo más importante es la Liga, es el día a día, y lo más complicado de conseguir», dijo el técnico el pasado miércoles. «Es el título que te marca la temporada», replicó el viernes Valverde.

«Felicidad cada tres días»

Es la tendencia a la que se adscriben los cabezas de cartel europeos. Guardiola defendió la misma postura hace un año: «Tengo la impresión de que estáis confundidos. Cuando un equipo como el Barça gana no sé cuántas ligas, de las últimas siete, ocho o nueve... creo que eso le convierte en el mejor equipo de España. ¿Por qué? Porque durante once meses, nueve ha vivido una felicidad continua cada tres días». Fruto de esta teoría el entrenador catalán coqueteó con la parodia cuando excluyó al Madrid de la terna de los mejores equipos del continente, relegado por Barcelona, Juventus y Bayern, caciques que acreditan en Liga la salud de sus proyectos.

Los números, en el caso de bianconeros y muniqueses, no admiten discusión: ocho veces consecutivas lleva cantando el alirón el club italiano, seis, a falta de rematar la que está en juego, acumulan los alemanes, líderes con el Borussia Dortmund a un solo punto en la otra gran liga europea de resolución incierta. Solucionada lleva desde el pasado fin de semana la Ligue 1, donde el PSG no tiene tacha desde el resbalón de 2017. Italia espera entretanto el resurgir definitivo de Milan e Inter para descolgar del balcón a la Juve, contrastada como primera espada pese a su abnegada pelea por la Champions, prueba del algodón para el valor de su dominio local. En España, La Liga asiste entre atónita y fascinada al empeño doméstico de Messi. Ocho de los últimos 11 trofeos han ido a parar a las vitrinas del Camp Nou, con el Madrid tetracampeón de la Liga de Campeones estancado en dos títulos, el otro para el Atlético de Simeone. Portugal, con Benfica y Oporto empatados a puntos en la cabeza, refrenda la máxima.