El periodista que sobrevivió al accidente del Chapecoense: «Vi a dos amigos muertos y entendí lo que acababa de pasar»

Rafael Henzel admite en una entrevista en la cadena COPE que no duerme bien y que toma muchas medicinas, aunque ya está pensando en volver al trabajo: «La vida sigue»

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«Cuando desperté, imaginé que estaba en un sueño» Rafael Henzel, el único periodista brasileño que sobrevivió al accidente de avión del Chapecoense, todavía no ha superado la tragedia en la que se vio envuelto. Reconoce que apenas duerme y que toma muchos medicamenos, pero da gracias a Dios por estar vivo. Él fue uno de los seis supervivientes. Uno de los seis afortunados que pudieron salir con vida del siniestro aéreo en el que fallecieron otras 71 personas.

Henzel no recuerda muy bien cómo ocurrió todo. «No hubo confusión ni avisos para prepararnos para la caída, sólo se apagaron las luces. Cuando desperté, imaginé que estaba en un sueño. Pese a tener siete costillas rotas, cuando vi a mi hijo, nos dimos un abrazo muy fuerte», señalaba el periodista en el programa «El partidazo de Cope», de Juamma Castaño. «Al chocarnos, la parte trasera, en la que iba, se quedó en el sitio. El resto avanzaron entre los árboles. Yo estaba en el asiento central, con dos colegas en los laterales. Ellos no sobrevivieron. Sólo recuerdo a los socorristas para salvarme».

Fue en ese momento, cuando imaginó lo que había pasado. «Esperaba que hubiese supervivientes», señala. No supo el alcance real de lo que ocurrió hasta pasados tres días en el hospital: «Me alegré por la recuperación de las personas que habían sobrevivido». Su primera palabras tras el impacto fue un escueto «Ok». «Imaginé que estaba en un sueño, y que en cualquier momento alguien me despertaría. Pero no era un sueño, era pesadilla. Empecé a ver luces y llamé a los socorristas».

Henzel econoce que no ha vuelto a sentir miedo al montar en avión: «Volvimos con las fuerzas aéreas brasileñas. En ningún momento tuve recelo o miedo. Soy consciente de que no voy a tener problemas en subirme de nuevo a un avión». Además, va conciliando el sueño: «Duermo muy poco desde el accidente por medicamentos y por el huso horario entre Colombia y Brasil. Sin embargo yo durante dos noches aquí en Chapeco duermo muy bien. No tengo pesadillas con el accidente».

Otro momento que recordará siempre será el reencuentro con su hijo de 11 años: «Fue muy emocionante. Una gran sorpresa, por su tranquilidad e inteligencia. Sólo se ha quejado por no poder traer su videojuego al hospital. Me dio un abrazo muy fuerte. A pesar de estar con siete costillas rotas nos dimos un abrazo muy fuerte y el me tranquilizó y me dijo que ahora todo irá bien. Esto es muy emocionante para un padre de 43 años tener un hijo tan fuerte de apenas 11 años».

Rafael ya está pensando en el momento en que vuelva a trabajar: «Tenemos que llevar información a las personas porque nos lo demandan. No podemos abandonar a los oyentes. La vida sigue».