Johan Cruyff, en el banquillo del Barcelona con un chupa-chups
Johan Cruyff, en el banquillo del Barcelona con un chupa-chups

Los dos grandes vicios de Johan Cruyff: el fútbol y el tabaco

Dejó de fumar en 1991 después de una operación a corazón abierto tras una vida enganchado al tabaco, incluyendo su etapa como jugador

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Cuentan los cronistas de la época que no era raro ver a Cruyff, como a muchos otros futbolistas de sus tiempos, ponerse a fumar un cigarrillo –marca Camel y sin filtro– en el descanso de un partido. Un compañero suyo en el Ajax relataba años después que un día Cruyff se quemó la mano intentando esconder un cigarrillo de la vista de su entrenador, el también legendario Rinus Michels.

En una famosísima campaña publicitaria contra el tabaco hecha cuando entrenaba al Barcelona, Cruyff se confesaba: «En mi vida he tenido dos grandes vicios. Fumar y jugar al fútbol. El fútbol me lo ha dado todo. En cambio, fumar casi me lo quita».

Los tiempos habían cambiado. Unos meses antes de ese anuncio, en febrero de 1991, Cruyff había sido intervenido a corazón abierto por una grave obstrucción en sus arterias, provocada directamente por el tabaco, y le colocaron un doble baipás. Los médicos fueron muy claros: tenía que dejar de fumar de forma inmediata si quería evitar dolencias más graves. Entonces se generó una de las imágenes icónicas de la España de los noventa: Cruyff, dirigiendo al Dream Team culé desde la banda, con el palo de un chupa-chups asomando por la boca.

Sustituyó los cigarros por caramelos y se las apañó para que su figura mantuviera la misma elegancia que tenía cuando marcaba goles imposibles; la clase en Johan Cruyff siempre ha sido innata. En Wembley, en la final que le dio al Barça su primera Copa de Europa en 1992, combatió los nervios con chupa-chups, un severo contraste respecto a una imagen de su etapa en el Ajax, en la que sostenía la «orejona» con la mano izquierda y un cigarro con la mano derecha. Nunca sus dos vicios habían quedado tan bien retratados.

Pese a no volver a fumar desde la operación a corazón abierto de 1991 –tenía 42 años–, Johan Cruyff anunció el 22 de octubre de 2015, 24 años después, que sufría un cáncer de pulmón. Aunque deje el tabaco, un exfumador siempre tiene mucho más riesgo de sufrir un cáncer de pulmón que alguien que nunca ha fumado. Desde el traumático anuncio no se supo mucho del genio holandés, y era difícil imaginar que el peor de los desenlaces pudiera llegar solo cinco meses después. El cáncer no se apiada ni de los genios más grandes.