George Best, mito futbolístico e icono pop
George Best, mito futbolístico e icono pop - ABC
Fútbol

George Best, la resaca del quinto Beatle

Hoy se cumplen diez años de la muerte del que muchos consideran el mejor futbolista británico, un talento único que se hundió en el alcohol

MadridActualizado:

Si un algún día usted tomase la extraña decisión de hacer turismo en Belfast se encontraría aterrizando en el George Best Airport. Los espectadores que esta noche vayan a Old Trafford al partido de Champions entre Manchester United y PSV admirarán en los prolegómenos una pancarta gigante con esta leyenda: «Georgie… Simply the Best». Hoy cumplen los diez años de la muerte de George Best, que falleció con solo 59, destrozado en un hospital de Londres tras haberse bebido su segundo hígado. Pero su recuerdo vive. Se le sigue evocando con la seña que ya proclama su apellido: «The Best», el mejor. Aquel alocado norirlandés de familia protestante orangista, «el chico bello del juego bonito», fue seguramente el jugador con más dones que ha dado el fútbol británico.

Best era más que un futbolista. Se convirtió en un icono pop, al que en los sesenta apodaron «el quinto Beatle» (por algún lugar de mi colección anda el estupendo disco de guitarras ochentero de The Wedding Present titulado así, «George Best», con foto del regateador de Belfast en portada, vestido de diablo rojo con su porte desgarbado).

«Yo saqué al fútbol de las páginas trasera de los periódicos y lo llevé a portada», se ufanaba en sus días finales, cuando deambulaba hinchado por los platós de televisión, donde ejercía de comentarista chisposo y celebridad alcohólica nacional. No era falsa su balandronada. En su veintena el pequeño George, de 1.68 y cintura mágica, un regateador de calle que respiraba fútbol, semejaba una deidad pagana: el primer deportista británico que recibió el trato reservado a las celebridades del cine y la canción. Ojos azules intensos, pelo negro, un hoyuelo en el mentón y una sonrisa que era la promesa de un peligro cierto. Muy pronto melena y patillas de guitarrista eléctrico. Lo que The Beatles hacían en el escenario, él lo oficiaba en la cancha: proclamar que los tiempos estaban cambiando, como bien profetizaba el Bob de la guitarra de palo.

Frases célebres

Best era tímido (al menos hasta que el genio salía de la botella), inteligente y con una facilidad para las citas gloriosas digna de un Churchill o un Groucho Marx. Playboy que vivió entre un carrusel de bellezas a las que tantas veces maltrató con vileza- comentaba con gracejo su fama de ligón: «No es cierto que me haya acostado con seis Miss Mundo. Solo fueron tres». Sobre sus propósitos de reformarse, de aparcar la bebida, la caza y pesca de beldades y el juego, también hacía graciosa autoparodia: «Gaste mucho dinero en coches, mujeres y alcohol. El resto lo malgasté». O esta otra, casi mejor: «En 1969 dejé las mujeres y la bebida. Fueron los peores 20 minutos de mi vida».

Giorgie encarnó también el arquetipo de lo que los anglosajones llaman un «working-class hero». Hijo de un tornero de astillero, pasó de puntillas por el colegio, obsesionado por el balón a todas horas. El que pasa por ser el telegrama más famoso de la historia del fútbol reza así: «Creo que te he encontrado a un genio». Lo envió en 1961 el ojeador del Manchester en el Ulster, Bob Bishop, tras ver jugar en el ignoto Cregagh Boys Club a un adolescente bajito y algo esmirriado. El destinatario era el poderoso entrenador del United, Sir Matt Busby, que dio luz verde. Best llegó a Old Trafford con 16 años para una prueba de dos semanas. A los dos días estaba volviendo a Belfast con una crisis de morriña (y eso que en su hogar lo aguardaba una madre alcohólica, que murió por ello a los 55 y tal vez le legó la tendencia). Pero el Manchester lo recuperó. A los 17 ya era titular y la sal del equipo. Ganó dos Ligas y en 1968 alcanzó su cénit, la Copa de Europa en Wembley frente al Benfica. Diez años después hacían justicia poética a la mitad de la plantilla del Manchester muerta en el terrible accidente aéreo de Munich. Fue también elegido el mejor futbolista de Europa. Desde ahí, el declive en picado. Come mal y bebe peor. Gana peso y pierde fuelle, chispa y reprix. A los 27 deja el United, que ya no es un club ganador por falta de renovación. Pretexta que la frustración por jugar en un equipo venido a menos lo ha llevado al alcohol y la noche. Abre boutiques, clubes nocturnos, peluquerías, una agencia de viajes. Todo quiebra y se enrola en el decadente soccer americano, en Los Angeles Aztecas. Luego volverá a Gran Bretaña y seguirá jugando en equipuchos hasta los 37, con algún destello y más resacas.

La caída

Casado y divorciado a los dos años de una modelo, madre de su único hijo Calum (de profesión sus libros de memorias poniendo verde a su padre), en 2000, genio y figura, vuelve a casarse, con una ex azafata de 26 y bodorrio en su barrio de Chelsea. En julio de 2002 la sanidad pública lo incluye en el programa de trasplante de hígado y le salva la vida con una operación de diez horas. Celebrará la bola extra a su manera, bebiendo, hasta el punto de que es detenido por conducir ebrio. Su agonía es lenta y cruel, seguida al detalle por todo el país entre el morbo y la aflicción. Pulmones destrozados y hemorragias internas. Al hilo del aniversario se ha revelado sin embargo que la estocada final no se la dio su amiga más íntima -la botella-, sino su automedicación abusiva de los fármacos inmunodepresores que debía tomar tras el trasplante. «No mueran como yo», recomendó arrepentido cuando caía el telón.

Quedémonos con su brillo. Aquel extremo prodigioso que fue Messi antes de Messi, y que encima sabía hablar. Un día le preguntaron por Beckham: «No puede rematar con la zurda. No puede rematar con la cabeza. No entra a robar balones y no marca muchos goles. Aparte de eso, está bien». ¿Dónde hay que firmar? Giorgie era un golfo y a veces un malvado, pero no se le puede hurtar su gracia.