Los jugadores del Real Madrid se lamentan tras la tanda de penaltis - REUTERS
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La ruleta deja fuera de Múnich al Real Madrid

El Madrid se queda sin final. En un partido agónico terminó sin pulmones y fue a los penaltis, donde el Bayern Múnich estuvo más acertado

MADRID Actualizado:

Nadie dijo que iba a ser fácil. Es más, todo el mundo decía que iba a ser difícil. Y tanto. No se podía prever que un gol como el primero que logró Cristiano hiciese tanto daño al Madrid. Fue un penalti del que habría mucho que hablar porque Alaba se va a interceptar el esférico en una posición natural, mano abajo para apoyarse en el suelo y el balón le da ahí. Muy difícil considerar eso voluntario, y si no es voluntario no es mano, dice el reglamento. El árbitro pensó que sí lo era y CR no falló. Mal asunto. Con el gol el Madrid pensó que era la suya: abandonó la tierra, cedió el balón y quiso jugar a la contra, como ha hecho tantas otras veces. [Así hemos narrado el partido, minuto a minuto]

También se despertó el Bayern y se puso encima del partido, totalmente, con todo su potencial de ataque, que es brutal. Los alemanes te meten media mano y te mandan al limbo. Igual que el Madrid, igualito. Así que fue casi un suicidio, y a los de Mou le faltaba gente en el medio campo para frenar esa avalancha, pero su entrenador no lo vio, o no quiso verlo. Debió de pensar aquello tan roído de «que vengan, que vengan, que ya les pillaremos». Y les pillaron. Le puso la soga al cuello Ozil, que es tremendo. Le das medio palmo de césped, una décima de segundo para levantar los ojos mayúsculos que tiene y estás muerto, más muerto que un esqueleto. Todo el Bernabéu pensaba que el balón iría al desmarque, letal, de Benzema. Quiá, el alemán vio más allá, donde nadie, más que Cristiano, lo vio. Allí fue ese cuero envenenado, mortal de necesidad. Gol. [Las mejores imágenes]

Pero ese tanto de contra mortal había cambiado poco el perfil del partido, con el Bayern controlando la zona ancha, entrando por las bandas porque ni Di María, claramente fuera de forma, ni Cristiano, que no se molesta en bajar ni una vez, echaban una mano. Así que a Khedira y Xabi Alonso le salían rojos por todos lados y los dedos se le hacían huéspedes de ir a tapar vías de agua a los costados, al centro, a todos lados, en una sesión capaz de reventar a cualquiera.

Fue un ir y venir entre el dominio del Bayern y la contra del Madrid, que no luchó por la posesión del balón (73 por ciento para los germanos al comienzo). Ese irse contra las cuerdas a encajar y encajar para ver si metes una derecha mortal tiene sus riesgos y es que la derecha te la metan a ti. Y el Bayern es muy buen equipo, muy bueno. Tanteó con paciencia pero con mucho ritmo, desgastando la zona blanca, buscando sitios blandos, hasta que lo encontró por el lado de Marcelo. Entraron los alemanes por allí, igual que por el lado de Arbeloa, y en el centro a la cabeza de Gómez los de Heynckes encontraron premio a su insistencia, a su brega, a ese no rendirse nunca tan de ellos. [Estadísticas]

Así que todo cero a cero, en un partido indefinido, de corazón en la boca de los madridistas ante un rival tan valiente, tan decidido y con todos los naipes de su generosidad futbolística sobre el césped.

Falta de chispa

El Madrid acumuló problemas: a la falta de frescura de Di María se unió la falta de chispa de la mayoría, con menos físico que los alemanes, más enteros. El equipo se partía en dos, sin la intensidad del principio, fundamentalmente por correr detrás del balón en vez de correr con él. Y cada minuto era peor porque en cada entrada por banda amenaza la aparición de Mario Gómez, que es como dos castillos, un tipo muy peligroso.

Sin el balón, los blancos rozaron el abismo de continuo. Xabi no la tocaba y si no la toca el de Tolosa no hay enlace con Di María u Ozil y el equipo se parte en dos porque los de arriba no la ven, faltos de balones que llevarse a las fauces hambrientas de gol.

Pero el Bayern también se iba dejando el aire en el empeño, con mucho despliegue físico, tanto que se le escurría el corazón por la boca, y al Madrid también, casi parados ambos, a la espera de un fogonazo mortal de una de sus figuras, que otra ya no quedaba. El Real se alimentó entonces de Casillas y Pepe, espléndidos ambos para frenar los coletazos alemanes, cada vez más escasos, pero siempre inquietantes.

El miedo mandó en el resto del partido. Temor a un gol descalificante, así que dos pasos atrás en vez de uno arriba, y más en la prórroga, donde un error de cualquiera lo mandaba a casa. Con los dos rotos se fueron a la ruleta de los penaltis donde esperaban dos porterazos. Los dos estuvieron bien pero en el Madrid fallaron sus puntales y se quedó sin final.