Marc Gasol con el trofeo de campeón del mundo/ Scariolo: «Estoy contento con el baloncesto que hemos jugado» - Reuters/ ATLAS
Mundial de baloncesto 2019

«Pues tampoco lo hemos hecho tan mal, ¿no?»

Los jugadores sitúan el segundo oro mundial de España a la altura de las grandes gestas. Metal que se recordará por la clasificación de las ventanas, las bajas en la lista y el camino genial hacia el título

PekínActualizado:

Ha ganado tantas medallas la selección de baloncesto en los últimos años que cuesta ordenar su importancia. Tarea imposible que va más allá del metal y del campeonato, porque cada uno encierra una carga emotiva única. Del oro de Saitama en 2006 a este de Pekín en 2019. Once podios en trece torneos desde que se ganó aquel Mundial de Japón. Interminable lista de éxitos en la que esta Copa del Mundo ocupa ya un sitio de preferencia. «A veces un bronce o una plata pueden tener más valor que un oro. Pero ganar una Copa del Mundo es algo gordo. Mucha gente ha crecido con ese éxito de una generación en la plenitud de sus facultades. Ganarlo ahora en un momento en el que nadie se lo esperaba tiene un grandísimo valor. Igual que el otro por lo menos», reconocía Scariolo tras el partido.

La gran gesta del baloncesto español. Sobre todo, por las dificultades que ha implicado el camino previo y las ausencias de última hora. Sin Pau Gasol y sin Navarro, los referentes históricos; sin Felipe Reyes, el corazón del vesturio; sin la alegría de Sergio Rodríguez; y sin el talento de Ibaka y de Mirotic. El más difícil todavía. La medalla más inesperada. La primera de oro sin Pau Gasol en el vestuario. «No lo hemos hecho tan mal, ¿no?», la frase de Llull estaba llena de reivindicación tras un Mundial que comenzó con España muy lejos de los aspirantes.

Seguramente, este de la selección no era el grupo más talentoso en China, pero sí ha sido el mejor equipo. Mérito del tecnico italiano y sus ayudantes, que han sabido conjuntar a los jugadores, y también de estos, implicados al máximo. Entendiendo su rol y cumpliéndolo al cien por cien. Sin una mala cara. No ha sido solo ganar a Italia con una exhibición defensiva histórica. Y tampoco derrotar a Serbia, la gran favorita. Se ha tratado del oro de la fe y de la constancia. Del creer por encima de todo.

«Tenía mucha envidia de cuando ganaron el Mundial en 2006. Parecía que nunca se iba a repetir»
Ricky Rubio

Porque las críticas y la falta de confianza han contribuido a cohesionar al grupo. «Esto va para los que no creían en nosotros», llegó a decir Oriola tras la clasificación para semifinales. Un desliz al que Scariolo quitaba hierro horas después, tratando de no desviar la atención de la cancha. La necesitaba toda ahí para derrotar a Australia, algo que se consiguió en un partido épico, con dos prórrogas, que se recordará por la monstruosa actuación de Marc Gasol (33 puntos). Como la de su hermano Pau en Lille, en las semifinales del Europeo 2015 -40 puntos a Francia en su casa-. Quizá la única noche comparable a la vivida en Pekín frente a los oceánicos. Las dos con un mismo apellido como protagonista. Pau y Marc. Marc y Pau. Gasol.

Los dos estuvieron también en el origen de todo este ciclo ganador que nunca llega al final. En aquel Mundial de Japón donde la épica también tuvo su hueco en semifinales. «No se pueden comparar, en aquel torneo era un recién llegado y aquí soy el más veterano», reconocía Marc rememorando aquel último minuto loco frente Argentina. Aquel triple de Nocioni que nunca encontró la canasta. Ese día explotó la locura del baloncesto en España. A diferencia de lo que ocurrió el viernes, el triunfo se celebró por todo lo alto. Pero eran otros tiempos en los que nunca se había tocado el cielo.

Dos años después llegó el partido más seguido de la historia del baloncesto olímpico. El duelo contra el «Dream Team» de LeBron James y Kobe Bryant al que la selección tuteó y estuvo a punto de ganar. Otra vez en Asia, en el mismo escenario donde ayer volvió a subir al podio. Capítulos de oro a la altura de esta gesta brillante del Mundial de China. La medalla de todas las medallas... al menos hasta ahora, porque nunca se sabe lo que este grupo puede conseguir en el futuro. En los Juegos de Tokio del próximo año, donde volverán a buscar lo imposible para hacerlo realidad.