Lissavetzky no es digno del Mérito Deportivo

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La Real Orden del Mérito Deportivo es la mayor distinción que puede tener en España una persona relacionada con el deporte. Y la Gran Cruz de ese Mérito Deportivo, a título individual, el mayor reconocimiento que el Estado puede hacer a una persona por su labor como deportista o en pro del deporte. Las últimas se las han concedido a Vicente Del Bosque, Gervasio Deferr y Jaime Lissavetzky. Y desde que se produjo el acontecimiento no hago más que preguntarme qué ha hecho el ex secretario de Estado del Deporte y concejal del Ayuntamiento de Madrid para merecer tan alta dignidad. Lissavetzky no hizo nada por el deporte. Nada. Es más, causó mucho daño al deporte. Lissavetzky fue un «cara dura» que llegó al cargo de secretario de Estado para servirse del deporte y no para servirlo e incluso para aprovecharse económicamente del cargo con algún que otro gañotazo. Y para ello fue capaz de mentir y de hacer trampas. Señoras y señores, Jaime Lissavetzky es un tramposo. De hecho, montó una operación política que se llamó Operación Puerto con la que se cargó el ciclismo en España porque quería ser reconocido como el adalid de la lucha contra el dopaje en Europa. Y ese trabajo, en su propio beneficio, no puede ser distinguido con la Gran Cruz al Mérito Deportivo. Lissavetzky no es digno de ella.

A este paso, terminarán dándose la también a Albert Soler, que acaba de dimitir para ir en la listas del PSC, por haber estado seis meses en el cargo. La falta de consideración política del Gobierno Zapatero, hacia una Secretaría de Estado tan importante, asusta.