Nick Foles durante una rueda de prensa previa a la Super Bowl
Nick Foles durante una rueda de prensa previa a la Super Bowl - REUTERS

Super Bowl 2018Nick Foles, «quarterbarck» de los Eagles, del paro a la Super Bowl

Año y medio después de ser despedido por los Rams, el mariscal de campo suplente de Philadelphia desafía a los Patriots

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Una tarde de finales del verano de 2016, el entrenador de los St. Louis Rams, Jeff Fisher, llamó por teléfono a Nick Foles, «quarterback» de su equipo, para comunicarle que estaba despedido. No tenía sitio en el equipo, que acababa de fichar a un «rookie» llamado a ser uno de los mejores, Jared Goff, un recién graduado de UCLA con la cara aniñada de Ryan Gosling. «Mucha suerte y espero que caigas de pie», le dijo Fisher. La alucinante permeabilidad entre deporte y espectáculo en EE.UU. hizo que los aficionados presenciaran la conversación desde el sofá de su casa. Los Rams eran los protagonistas de «Hard Knocks», un programa que cada verano sigue la pretemporada de uno de los equipos de la NFL. Vieron a Fisher despedir a su jugador con lástima por la persona, pero con la decisión de quien sabe que es lo mejor para el conjunto. El portazo a Foles era el punto de drama que necesita la telerrealidad, el morbo de la caída, la víctima necesaria que refuerza el contraste con el triunfador, con el ganador.

Esta noche, solo año y medio después, Nick Foles puede convertirse en el gran héroe de la Super Bowl, la gran final de la liga de fútbol americano (NFL), el acontecimiento deportivo del año en EE.UU. De forma inesperada, las posibilidades de que los Philadelphia Eagles, que no ganan el título desde 1960, conquisten la Super Bowl dependen de un mariscal de campo que es una incógnita. Tienen enfrente a los grandes favoritos —los New England Patriots—, comandados por el mejor «quarterbarck» de la historia, Tom Brady, pura consistencia, que despunta en los momentos más decisivos.

El segundón da la sorpresa

Foles no debería estar hoy en el campo. No era el papel que tenía asignado. El «quarterback» titular de los Eagles, Carson Wentz, se lesionó a mediados de diciembre. Foles era el segundón que debía animar desde la banda, fuera del foco, de los titulares y de la gloria. Hoy todo el mundo habla de él, en el último vuelo de un ave fénix que ha resurgido varias veces de sus cenizas.

Nick Foles se crió en un barrio bien de Austin (Texas). Él era como la mayoría de los chicos que iban al Westlake High School: blanco, con dinero y loco por el fútbol. En la América profunda, donde el nivel académico y el deportivo muchas veces van de la mano, su instituto ha dado jugadores de la NFL –entre otros, el legendario Drew Brees, que todavía juega como «quarterback» para los New Orleans Saints– además de una legión de graduados en Harvard, Yale o Stanford. Foles fue la estrella del equipo, pero nadie le veía triunfando en la NFL. En la universidad, dio tumbos hasta encontrar estabilidad en la de Arizona. En el año de su «draft», 2012, nadie le tenía en demasiada consideración, muy lejos de otros «quarterbacks» de aquella quinta, como Russell Wilson o Andrew Luck. Pero el entonces entrenador de los Philadelphia Eagles, Andrew Reid, vio algo en él y lo eligió en tercera ronda, en el puesto número 88.

Sin pena ni gloria

Su debut en la NFL pasó sin pena ni gloria. Al año siguiente, sin embargo, fue la sensación de la liga. Las lesiones del que era el «quarterback» titular, Michael Vick, le abrieron la puerta y firmó una temporada histórica. Igualó el récord de pases de «touchdown» en un partido (siete) y rompió el de relación de pases de «touchdown» e intercepciones (27-2). Nadie había logrado unos números así. Foles fue el fenómeno del año 2013, le invitaron al partido de las estrellas, copó la atención de los aficionados. En la temporada, se desinfló y su rendimiento fue mediocre. En 2015, le traspasaron a los Rams. Al verano siguiente fue cuando Fisher le llamó para decirle que no contaba con él. Recaló en los Kansas City, donde tampoco brilló. El año pasado regresó a Filadelfia, solo para ser suplente de Wentz. La lesión de este último pinchaba cualquier expectativa de los aficionados de los Eagles, que no llegaban a la Super Bowl desde 2004. Pero, contra pronóstico, Foles los ha guiado hasta la finalísima: primero con pulcritud en la semifinal de su conferencia y después con un partido excelso en la final de conferencia contra los Minnesota Vikings, una de las mejores actuaciones que se recuerdan de un «quarterback» en un «playoff» de este calibre.

Estos días, la Super Bowl llena las conversaciones en EE.UU. Se discute del favoritismo de los Patriots, de la leyenda de Brady, de los anuncios televisivos, del frío que hace en Minneapolis (sede del partido), del show del descanso de Justin Timberlake (¿aparecerá Janet Jackson por sorpresa?), de un tipo que se gastó un bitcoin en una entrada… Pero se habla mucho de qué Nick Foles aparecerá en el campo. ¿La sensación de 2013? ¿El intrascendente de muchas temporadas? ¿El genio de la final de conferencia? Tímido, introvertido, cuando está bien recuerda al Raúl González del Real Madrid: no es el más rápido, ni el más fuerte, pero siempre acierta. Foles será un misterio hasta que se ponga la pelota en juego. Él dice que está preparado: «Soy una persona diferente. He crecido, he madurado. Me he preparado toda mi vida para este momento».