Ashley Mclaughlin-Whilby es asistida tras caer lesionada en el 4x400
Ashley Mclaughlin-Whilby es asistida tras caer lesionada en el 4x400 - AFP

Mundial de AtletismoEl ocaso de Jamaica

El Mundial certifica el hundimiento de los caribeños en las pruebas de velocidad

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Una silla de ruedas es la imagen de la debacle de Jamaica, el país de referencia al que emigraron atletas de todo el mundo durante la última década en busca del elixir de la velocidad. Un asiento con respaldo se postuló en la pista de Londres para aparcar a Usain Bolt en la final de 4x100 (lo rechazó el astro y, digno, cruzó la meta cojeando) y el mismo utilitario se llevó a Ashley Mclaughlin-Whilby, cuando la atleta dio un respingo y cayó lesionada en la final de 4x400. El Mundial de Londres no tiene un nombre al que encumbrar, queda desierto el título honorífico porque al sudafricano Wayde van Niekerk, gélido cual ruso siberiano, le vino grande la aventura del récord mundial de 400, el oro en la misma prueba y la victoria en 200. Ha sido el certamen de los velocistas blancos (el turco Guliyev, la holandesa Schippers) que se sublevan contra la jerarquía de jamaicanos y estadounienses negros. El Mundial de la resaca olímpica, por la cual una ley no escrita en el atletismo impide a los campeones en los Juegos disfrutar de un verano venturoso al año siguiente. Muy pocos han repetido. Y, por encima de todos, ha brillado un rebelde, Isaac Makwala. Él solo, con su férrea determinación y un Facebook incendiario, provocó una insurreción ante la IAAF ya que le había negado la final de 400 por un virus. La foto de Makwala corriendo solo una serie de 200 metros bajo la lluvia y dedicando su clasificaciÓn al público con unaS flexiones en los charcos reconciliaron a la gente con las ganas de pelear.

Jamaica se hunde

Jamaica había gobernado la velocidad mundial desde 2008, cuando la explosión de Usain Bolt en los Juegos de Pekín, con sus tres oros y sus tres récords del mundo. Bolt ganó todas las pruebas de 100 y 200 metros de los últimos tres Juegos Olímpicos y también los Mundiales de 2009, 2011 (no fue oro en Daegu por una salida falsa) 2013, y 2015. El relevo jamaicano de 4x100 dominó la especialidad desde hace nueve años. Yohan Blake ha sido dos veces medalla de plata tras Bolt en las citas olímpicas. Y en chicas, lo mismo.

Shelly Ann-Fraser y Elaine Thompson impusieron su jerarquía en 100 y 200 metros, con la intromisión de la americana Allyson Felix y la holandesa Dafne Schippers en algunas citas. Por este pasado glorioso para la isla caribeña que tiene la misma extensión que Alicante, Londres ha resultado un suplicio. Jamaica ha abdicado, junto a Bolt, en las pruebas de velocidad. El gen ha delegado sus funciones. Bolt perdió la final de 100 metros, superado por Gatlin y Coleman, y no se presentó a la de 200, la que ganó un blanco, el turco Ramil Guliyev, sin ningún jamaicano en la final. Las mujeres caribeñas han sufrido tanto como sus compatriotas. La favorita Elaine Thompson sucumbió en 100 metros, quinta, ante Bowie, TaLou, Schippers y Ahouré. En la final de 200 ni siquiera había una representante para calibrar la talla de la vencedora, la holandesa Schippers. Los relevos no mejoraron el desastre. Bolt se lesionó en la final masculina. Las chicas capturaron un bronce amargo. La serena decadencia de Jamaica ha coincidido con el adiós del tótem del atletismo.

La velocidad no es negra

El gobierno de los atletas negros en las pruebas de velocidad se ha clausurado. Tres ganadores blancos de distintas nacionalidades han invertido la tendencia. La holandesa Schippers, que coloreaba la grada de simpáticos seguidores naranjas, venció en 200. El turco nacido en Azerbayán Ramil Guliyev sucedió a Bolt en 200 masculinos y prolongó la estela de los velocistas blancos. El griego tramposo Kostas Kenteris, que fingió un accidente en los Juegos de Atlanta 2004 para evitar un control de dopaje, fue el último triunfador blanco en Edmonton 2001. El noruego Karsten Warholm sorprendió en una carrera de tradicional dominio negro, como los 400 vallas de Edwin Moses y Kevin Young.

Los Juegos se pagan

Algo en el cuerpo de los atletas se formatea después de un ciclo olímpico de preparación. Como le sucedió a Ruth Beitia, el organismo pide relax y la mente, motivación. Han sido los efectos invisibles de los Juegos de Río, campeones incapaces de reeditar su éxito. La secuencia de fiascos en Londres se ha repetido cada día: Elaine Thompson, doble campeona olímpica en Río y quinta en el 100 en Londres; Shaunae Miller, oro en el 400 de Río y aquí cuarta; la irrupción del francés Pierre-Ambroise en el 800; la referida de Warholm en 400 m vallas relegando al campeón olímpico, Kerron Clement, al tercer puesto; el sexto lugar de Ryan Crouser en peso...

El héroe del pueblo

Un ciudadano de Botswana es el héroe del Mundial. Fue impactante presenciar la serie de 200 en solitario del africano, solo y pletórico bajo la lluvia, después de doblegar la voluntad de la IAAF y del Ministerio de Sanidad británico. Le prohibieron competir en 400 por un virus en el hotel Tower y le negaron la entrada al estadio por la cuarentena. «Tengo el corazón destrozado», dijo en su Facebook este hijo de pastor de corderos y seis hermanos. La IAAF fue magnánima y dignificó su competición dejando correr en solitario a Makwala, que se clasificó por tiempos. Llegó a la final, hizo sexto, y se metió al pùblico en el bolsillo con su rebeldía. Mucho más que el magnífico e insípido Van Niekerk.

El dopaje enfada a Farah

Mo Farah, el somalí nacionalizado británico, campeón de 10.000 y plata en 5.000, ha dicho esto. «Yo pongo mis huevos cada ganar y defender a Inglaterra», en alusión a la investigación por presunta incitación al dopaje que se sigue contra su preparador, Alberto Salazar, por la agencia norteamericana. Farah está en guerra contra los medios.