Aratz Garmendia mira fijamente a su rival durante un combate de MMA
Aratz Garmendia mira fijamente a su rival durante un combate de MMA - EDUARDO DEL FRESNO

Artes Marciales Mixtas - MMAAratz Garmendia, la mirada del judo invidente

El luchador vasco de artes marciales mixtas, que entrena a deportistas con discapacidad visual, prepara su combate en AFL 15, que se llevará a cabo en San Sebastián

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En casa de los Garmendia, en Basauri (Vizcaya), el deporte de élite siempre ha estado presente en la mesa durante las comidas. La explicación se encuentra en que Aratz, el hermano mayor, de 36 años, es un reconocido y carismático luchador profesional de artes marciales mixtas (MMA), que el próximo 5 de mayo se batirá en duelo en San Sebastián frente a Alejandro Jurado en la edición numero 15 de AFL, considerada por muchos la mayor liga nacional. El basauritarra reconoce ser un «gran futbolero» y con un más que aceptable pasado en este deporte, pues fue guardameta durante varios años en Tercera División. Una de sus mayores pasiones es el Athletic de Bilbao, equipo donde Joseba, su hermano, de 32 años, desarrolló su talento en el medio campo tres temporadas consecutivas en Primera.

Pronto encontró Aratz su afición por las artes marciales. Sus padres le apuntaron a kárate y estuvo practicándolo hasta los 18 años, momento en el que dio el salto a la universidad y no pudo compaginarlo. Pero lejos de apartarse del mundo marcial, optó por introducirse en el judo, con el que desarrolló un extraordinario talento hasta lograr el cinturón negro tras seis años en los tapices. Fue entonces cuando regresó a Bilbao y, en su afán por subir escalones en las disciplinas de combate, se ponía el kimono para practicar jiu-jitsu, y se lo quitaba para las clases de kickboxing y muay thai. Tras ver varios vídeos de MMA, le llamó la atención y se adentró en la lucha más extrema, la cual defiende ante los detractores, que lo tildan de «macarra»: «En los Juegos Olímpicos tienes boxeo, lucha grecorromana, taekwondo, el judo y este año al ser Japón también está introducido el kárate. Nadie duda de que esas modalidades son deporte. Pues la fusión de esas cinco, cogiendo aspectos de cada una que se puedan involucar en el desarrollo motor de la otra, esa unión te da como resultado las MMA. Fusionar cinco deportes olímpicos creo yo que no es macarrismo», explica en conversación con ABC. «Incluso algunos practicantes de boxeo son reacios a este deporte». No es el caso de uno de los púgiles más prometedores: Kerman Lejarraga. «Le tengo en mi gimnasio y le gustan mucho».

Las artes marciales como herramienta social

Con todo, el judo ha sido la herramienta utilizada por Aratz para desarrollar una admirable labor social. Al basauritarra se le conoce como el «Kamikaze» en el mundillo debido a su forma poco ortodoxa y atrevida con la que realizó sus primeros combates y que le sirvieron para proclamarse campeón de kickboxing del País Vasco tras ganar en un mismo día tres batallas por nocaut. «Iba muy descuidado y todo el rato hacia adelante, sin cubrirme, sin esquivar... salió todo bien, pero podía haber sido al revés», reconoce. Detrás de este intimidante apodo, se descubre una persona nacida para ayudar a los demás. Y es que Aratz es monitor en un gimnasio de la ONCE y ha dirigido al equipo de judo del País Vasco, llegando a ser el seleccionador.

Para él, trabajar con ciegos no sale de la normalidad, pese a los obstáculos que pueda entrañar. «A todo el mundo nos pasa lo mismo. Vamos nosotros en la cabeza con más problemas preconcebidos que luego los que realmente hay para que ellos puedan practicar cualquier deporte de contacto». La clave está en que las clases sean muy personalizadas. «Para el que tiene algo de visión puedes hacer un ejemplo sin más, pero para el que es ciego completamente hay que hacerlo con él en persona. Que él lo sienta y lo vaya haciendo». Aratz es la mirada del judo invidente. La normalidad ante una discapacidad visual. El guía que invita a estos deportistas a superarse a sí mismos. Así, siempre ha tratado de sumar herramientas a su capacidad como profesor, incluso cuando ello conllevaba viajar hasta el antiguo Reino de Siam. «Cuando estuve entrenando en Tailandia, vimos alguna vez peleas en la que uno de los luchadores era ciego y se equiparaban las cosas poniéndole a su rival una cinta en los ojos, llevaban cascabeles en los brazos y el ring estaba lleno de hojas de bananeros para que se pudiesen escuchar», relata.

Un luchador aguerrido

El camino vital del basauritarra es la lucha, concretamente pelear en MMA. «A la gente le llama mucho la atención que pase de la versión más solidaria de los deportes contacto a la más agresiva», apunta el «Kamikaze». Quien haya visto competir a Aratz sabe que no es cauteloso a la hora de ahorrar energía. «Yo cuando veo una pelea en la televisión sé lo que me gusta ver, no me gusta ver peleadores temporizando o corriendo por el ring. La típica que se dice de pegar y que no te peguen. No me gusta eso. Yo peleo como me gustaría verlo a mí. Yendo a por el combate y si eso me cuesta perderlo pues estupendo, pero yo muero con mis principios y salgo a ganarla no a que me la den los jueces. Agresivo y directo». Tan directo batallando como pidiéndole matrimonio a su mujer, peleadora y fisioterapeuta, a la que le hizo la propuesta sobre un ring. «Fue muy sonado en Bilbao», cuenta entre risas.

El luchador, con una amplia experiencia en el circuito nacional de MMA, vuelve a subirse a la jaula de AFL en mayo. «Para mí la pelea que me toca hacer siempre es la más importante». Si logra el triunfo sería encadenar la tercera victoria consecutiva. Sus fuerzas ya están concentradas en dar un buen espectáculo en el País Vasco, tierra de grandes gladiadores, especialmente en boxeo. «Es un deporte que engancha mucho a la gente. La reaparición de Andoni Gago le sacó un poco de las cavernas al resto de peleadores que estábamos entrenando. Y hemos llegado a meter 12.000 personas en un pabellón para ver un combate de boxeo, de kickboxing o MMA», recuerda. Prospectos como Jon Fernández o Kerman Lejarraga han propiciado que la afición por las dieciséis cuerdas haya vuelto a vivir un auge. Las MMA todavía están buscando su lugar, aunque están cerca de encontrarlo. «Lo suyo es que sirva de termómetro. Porque hay bastantes clubes y gente practicando este deporte, aunque luego no salen tantos. Espero que AFL tenga una buena acogida».

Dar ejemplo, la mejor forma de difusión

Aratz es consciente de que la manera óptima para lograr esparcir un deporte todavía minoritario es mediante el ejemplo positivo. Por ello, en los últimos meses, el basauritarra ha copado algún programa distendido de cocina en la pequeña pantalla. ¿Le quitará el sitio a Arguiñano? «No para nada», se ríe. «De hecho, soy un desastre cocinando. Mi cocina es muy básica, pero siempre que me llaman de un programa sea para lo que sea, me gusta ir para abrir el conocimiento de las MMA e intentar ser buena imagen, porque la cabeza visible es la que marca la credibilidad», razona.

Gestos como el de Cristiano Ronaldo, fotografiándose junto a los campeones de UFC como Khabib Nurmagomedov o Conor McGregor han ayudado a salir a la palestra a esta disciplina. «Es una buena forma de difundirlas. Pero luego son los propios luchadores "top" los que en función del comportamiento que reflejen la gente lo va a relacionar con este deporte. Si Caín Velásquez (excampeón de UFC) se pone a hacer el macarra, la gente que le sigue, va a pensar que todos somos así. Lo mejores luchadores y más mediáticos son los que tienen que vender el deporte como algo educativo y espectacular», incide.

Entre los planes de Aratz no figura el de alejarse de los gimnasios. Toda una vida vinculado a las artes marciales le ha permitido obtener unos conocimientos que ha de transmitir a los próximos discípulos. Aunque todavía no es el momento de ver los combates al otro lado de la reja. «De momento tengo en la cabeza pelear todo lo que pueda porque el día de mañana me gustaría ser entrenador y para eso necesito acumular muchas experiencias. Tengo 36 años y entiendo que dentro de no mucho tendré que dejar de pelear y sí me gustaría ser entrenador tanto de MMA como de kickboxing». Todavía le queda batería y la batalla continúa, siempre tratando de seguir a rajatabla los valores marciales que trata de regalar a sus alumnos. Un peleador didáctico. Un docente luchador.