Plácido Domingo, visiblemente emocionado tras su actuación en Salzburgo
Plácido Domingo, visiblemente emocionado tras su actuación en Salzburgo - AFP

Salzburgo respalda a Plácido Domingo con una ovación de gala

«Ha sido una tarde inolvidable. El público nos ha recibido a todos con cariño», dijo el cantante español, muy emocionado, tras la primera de las dos funciones de la ópera «Luisa Miller»

Enviada especial a SalzburgoActualizado:

Imposible conseguir una mesa en el Universum, frente a la entrada del Großes Festspielhaus de Salzburgo, media hora antes de que levantase el telón. Es la sede oficiosa de las tertulias de aficionados previas a las representaciones y está todo reservado. Pero los amantes de la ópera forman una especie de hermandad globalizada que acogía con generosidad a quienes improvisaban ayer un refugio de la lluvia y rápidamente se hacía hueco entre los aficionados.

«Bueno, un buen escándalo nunca le va mal al Festival de Salzburgo», comentaba malicioso en una de las mesas más concurridas el directivo de una ópera del norte de Alemania. Se refería a la reaparición de Plácido Domingo en los escenarios tras las acusaciones de acoso sexual hechas públicas a través de la agencia Associated Press.

«La carrera de Plácido Domingo, todo lo que nos ha regalado, no puede borrarse de un día para otro», defendía en la misma mesa Roland Fleck, llegado desde Núremberg para escuchar una vez más al cantante español. «Hay que tomar muy en cuenta cualquier acusación de ese tipo, pero también hay que hacerlo con todas las garantías y puede usted estar segura de que aquí no va a haber ningún linchamiento», continuaba. Y tenía toda la razón.

Primera ovación

Ya en la sala de conciertos, tras el coro y la orquesta, comenzaron a caminar sobre el escenario los cantantes para presentarse en la versión concertante de «Luisa Miller» y, apenas asomó Plácido Domingo a la tarima, el público en bloque se levantó en una gran ovación a la que el español apenas era capaz de responder inclinando la cabeza y con la mano en el corazón. Esto sin haber empezado a cantar siquiera la primera de las notas.

En las horas previas se habían propagado rumores acerca de devoluciones de entradas que quedaron desmentidos por la ausencia de una sola plaza libre. «Lo que ha habido, al parecer, es una reventa a elevados precios», confirmaban fuentes del Festival que habían contenido la respiración hasta ese primer aplauso. «El público ha respaldado la decisión de mantener el programa y eso es sin duda una gran satisfacción, ha sido una decisión basada en la música, pero también en el respeto que inspira toda la carrera del cantante», añadían.

La sala quedó conmovida por el primer aria, en la que Miller, el personaje de Domingo, clamaba al cielo: «¡No soy un tirano!». Su personaje pronuncia esas palabras mientras defiende que, en el amor, la libre elección de la pareja es «sagrada», en medio de un argumento poblado de errores que conducen hasta la muerte, falsas declaraciones amorosas y confusiones interesadas. El público volvió a ovacionar al tenor después de «per la bondate, non pel rigor», pero esta vez no se trataba ya del escándalo, sino puramente de música.

Y durante la pausa, tras el primer acto, era ya casi imposible sacar el tema en las conversaciones. «No estoy dispuesto a hablar de Plácido Domingo en términos de corrección, sino solamente en términos de excelencia», decía Heinrich Spängler, presidente de la Asociación de Amigos de la Ópera de Salzburgo, que miraba al cielo buscando las palabras para calificar las cancelaciones de varias actuaciones del cantante español en Estados Unidos. «Esto no es Holywood», acertaba a decir finalmente. Esa misma era la tesis de Manuel de la Lastra y Marcos, marqués de Benamejí, que junto con su esposa había acudido a Salzgburgo y recordaba que «en Europa se le respeta mucho porque lo ha demostrado todo».

Escenarios europeos

También Antonio Vázquez Romero, presidente de IAG, daba por descontado que los teatros europeos seguirán contando con Domingo en sus programas. «Eso es en Estados Unidos, pero Europa es otra cosa», defendía junto a su esposa. ¿Significa esto acaso que las óperas europeas no se toman en serio las acusaciones de abusos? «En absoluto, esa sería una lectura equivocada», desea dejar claro Helga Rabl-Stadler, presidenta del Festival de Salzburgo, que garantiza que todas las mujeres que trabajan en este festival, tanto dentro como fuera del escenario, son respetadas por sus colegas masculinos. «Conozco a Plácido Domingo desde hace más de 25 años y desde siempre me ha impresionado, junto a su capacidad artística, sus modos respetuosos con todos los trabajadores y trabajadoras del Festival», remataba. «El drama es mejor dejarlo para los escenarios. En la vida profesional corresponde ceñirse a las normas y esas normas incluyen la presunción de inocencia. Si Plácido Domingo ha de responder por algo, tendrá que ser en un juzgado, no en los escenarios», insistía una longeva japonesa asidua al festival.

Al final de la ópera, el público volvió a ponerse en pie en el mismo momento en que el español salió a recibir los aplausos. Esta vez, la ovación se extendió a Roberto Tagliavini, el italiano que con tanta altura había interpretado al Conde Walter; a Yulia Matochkina, la mezzo de San Petersburgo sobrada para el papel de Federica; a la superior Nino Machaidze, habitual de Los Ángeles y que fue la primera en defender en las redes sociales a su querido Plácido Domingo, rompiendo el hielo entre un elenco que ha trabajado en esta obra con un respeto declarado por el tenor español, y por supuesto a Piotr Beczala, un soberbio Rodolfo y digno heredero del tenor que fue el español en sus mejores momentos.

A la salida del Großes Festspielhaus, el tenor y barítono, de 78 años, firmó autógrafos, rodeado de admiradores que gritaban «¡Plácido, Plácido!» o «¡Bravo, Plácido!». Poco después, Domingo agradeció al público la cálida recepción con la que fue recibido en una breve declaración a Efe. «Ha sido un cariño de todo el público, había una opera extraordinaria con un cast fantástico y que ha sido verdaderamente una tarde, pues, inolvidable. El público nos ha recibido con cariño a todos y aquí estamos», dijo.

En Salzburgo, la lluvia había amainado y la polémica era ya otra. El director de orquesta alemán Christian Thielemann, sin duda una de las mejores batutas de la actualidad y que dirigió el pasado 1 de enero el Concierto de Año Nuevo de Viena, ha enviado una carta abierta al Consejo de Supervisión del Festival de Pascua de Salzburgo publicada por el periódico austriaco «Salzburger Nachrichten» en la que carga contra Nikolaus Bachler, intendente al que acusa de no aceptar sus planes artísticos para el Lohengrin de 2022. El telón de fondo de su enfado parece ser la posibilidad de que Nikolaus Bachler intente hacer regresar a los Berliner Philharmoniker al Festival de Pascua, ahora con Kirill Petrenko al frente, iniciativa que podría llevar a Thielemann a marcharse dando un portazo.