Javier Camarena, durante el recital
Javier Camarena, durante el recital - Pedro Puente Hoyos

Javier Camarena, en estado de gracia (y alergia)

Sensacional recital del tenor mexicano en el festival de Santander

Cosme Marina
SantanderActualizado:

Las voces iberoamericanas se han adueñado de los grandes teatros de ópera. Entre ellas, una destaca muy especialmente en los últimos años. Es la del tenor mexicano Javier Camarena, que viene cimentando su fama en espectaculares intervenciones en el repertorio del belcanto romántico italiano. Camarena se ha asentado en los circuitos de élite gracias a una voz de timbre áureo, emisión luminosa y un color lleno de matices y vetas como una piedra preciosa tallada con mimo y precisión. Es la suya una vocalidad que tiene tremenda facilidad en el registro agudo y capacitación técnica impecable. No es, además, un cantante que abuse de la sobreactuación, sino que exhibe una sobriedad escénica que aún hace más meritorios sus logros.

Había mucha expectación por escuchar al tenor en el Festival Internacional de Santander y el mexicano no defraudó ofreciendo un cuidado programa que alternó ópera y zarzuela en cada una de las partes. Esta defensa suya de la lírica española hay que agradecerla de manera destacadísima porque se está implicando con nuestro repertorio de manera intensa, más que algunos cantantes españoles que miran para otro lado en este asunto. De hecho, su disco sobre las óperas de Manuel García ha sido un éxito mundial.

A Santander llegó Camarena con alergia incluida, un problema no menor para la voz y que a él le afectaba, sobre todo, en la parte alta de las vías respiratorias. Pese a ello, no cambió ninguna de las obras inicialmente previstas y comenzó, ni más ni menos, que con «Il pirata», de Bellini, para continuar con Donizetti y Rossini. La primera parte la cerró con el célebre «Ah! mes amis, quel jour de fête» de «La fille du regiment» donizettiana que ha sido su tarjeta de presentación en medio mundo y que, en el ambiente festivo del recital, se permitió una peculiar versión en el festín de «dos» que la convierten en un pasaje circense en lo que a dificultad se refiere.

Durante toda la velada hizo gala de una gran cercanía con el público, convirtiéndole en cómplice de su actuación. Además, durante todo el recital, Camarena estuvo muy bien acompañado al piano por Ángel Rodríguez, que también interpretó en solitario transcripiciones de la obertura de «La italiana en Argel» y del intermedio de «Las bodas de Luis Alonso».

Tras el descanso, el recital se centró en la zarzuela, con títulos de Guerrero, Giménez, Sorozábal y Serrano. Volvió Camarena a brillar aquí, exhibiendo verstilidad y fraseo muy cuidado, por ejemplo, en «Flor roja», de «Los Gavilanes», y bravura en «No puede ser», de «La tabernera del Puerto», o en la jota de «El trust de los tenorios».

Varias veces se pondría el público en pie en las propinas que empezaron con un rotundo y hermoso «Lamento de Federico», de «L’arlesiana», de Cilea, y continuaron por la senda de la canción mexicana para terminar con un vigoroso «El rey». de José Alfredo Jiménez, que acabó por rendir a un público que cantó con el tenor y no se cansaba de ovacionar al que ya es una voz que merece estar vinculada al festival cántabro en proyectos de futuro.