René Pérez, alias Residente (izda.) y Eduardo Cabra Martínez (Visitante)
René Pérez, alias Residente (izda.) y Eduardo Cabra Martínez (Visitante) - RAQUEL PÉREZ

Calle 13: «No creo que vuelva a colaborar con Shakira»

La banda puertorriqueña, liderada por Residente, nos habla de su polémica salida de Sony y la creación de su propio sello

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Hace tiempo que Calle 13 tocó el cielo, aunque el vocalista de la banda, René Pérez, alias Residente, se empeñe en convencernos de lo contrario en la letra de «Adentro», uno de los temas de «Multi Viral», su último disco: «No me ponen hace años en la ‘fucking’ radio en Puerto Rico / He sacado ya cinco discos y todavía no soy rico». Pero los datos están ahí para delatarle: 24 Grammys (21 de ellos Latinos, la banda que más ha recibido de la historia, superando a Juanes), cuatro premios MTV, un Billboard, varias giras mundiales llenando grandes recintos, videoclipsen Youtube con más de 40 millones de visitas y colaboraciones con artistas tan dispares como Shakira, Rubén Blades, Silvio Rodríguez, Tom Morello (Race Against The Machina), Nelly Furtado, Omar Rodríguez-López (Mars Volta, At The Drive) o Alejandro Sanz.

Y cuando parecía que no les podía ir mejor, van y se complican la vida abandonando el refugio de Sony y lanzándose a la independencia con su propio sello: «Fue una necesidad. A nivel creativo siempre fuimos libres de hacer lo que queríamos y teníamos el control de muchas cosas, a pesar de estar en una multinacional. Ahí empezó nuestra independencia, aunque ahora también tenemos el control de la parte económica», cuenta Pérez, responsable de que Calle 13 haya trascendido el ámbito musical –con esa ecléctica mezcla de hip hop, rock, cumbia, folclore y todos los géneros imaginables– para convertirse en una poderosa herramienta de denuncia política y sensibilización social. Y siguiendo esa estela, anunciaron su marcha de Sony dedicándole una ofensiva «Intro» a la multinacional, precisamente en el último disco que grabaron con ella: «Nos deben dinero, tienen que pagar», «vamos a pedirles dos millones, cuatro millones, cinco millones más» o «si te gusta el disco, por internet lo puedes bajar y piratear», decía la letra.

–¿Tan importante era para vosotros haceros con el control del negocio?

–Lo importante era tener el control de todo, algo que puedes perder estando en una discográfica independiente. Ahora que conocen nuestro trabajo, lo hace más fácil. Hay gente que piensa que son independientes porque están en una discográfica independiente, pero si esta es dueña de todo tu trabajo, entonces no lo eres.

–¿Cómo ha cambiado vuestro trabajo desde que tenéis vuestro sello?

–En la parte creativa, nada. Lo que sí ha cambiado es que hay que trabajar más, porque hay un montón de detalles que en una gran discográfica son mecánicas y, cuando tú las tienes que hacer artesanalmente, cuesta más. Lo bueno es conocer los pros y contras de ambos mundos y seleccionar lo que más te convenga para trabajar con más tranquilidad, con el objetivo de que las letras y la música salgan mejores.

–¿Satisface más cuando sabes que has hecho todo y no una parte?

–Siempre me ha llenado. Cuando estaba con Sony, me hacía sentir bien saber que iba contracorriente y jugaba dentro de ese circuito. O que temas como «Latinoamérica» llegaban a las masas o a los Grammy. Y en la independencia, me satisface el hecho de demostrar que lo puedes hacer solo, con tu equipo de gente, y que no es vital esa dependencia para montar una gira y llevar tu carrera, aunque lleve más tiempo.

–Dentro de esa independencia creativa, nunca os habéis puesto trabas a la hora de colaborar con artistas tan populares y alejados de vuestro mundo como pueda ser Shakira o Nelly Furtado.

–Sí que nos las ponemos. Yo no colaboro con todo el mundo. Esas eran colaboraciones para sus discos, en los nuestros no entra cualquiera. Es muy diferente cuando te invitan. Por ejemplo, tocamos con Shakira cuando sacamos nuestro segundo disco y lo encontré necesario para llegar a otros públicos con el mensaje que queríamos transmitir. Es parecido a la posición que hemos asumido para con la industria musical y con algunos programas, ¿entiendes? No vamos a todos los premios, porque, de verdad, parecen otra cosa. O, por lo menos, seleccionamos uno, los Grammy, que tampoco son como a mí me gustarían, pero, por lo menos, son más abiertos. Lo mismo hacemos con las colaboraciones, donde no es que invitemos a Mickey Mouse, el Pato Donald o Goofy. Hice aquello para el disco de Shakira, que es muy diferente a nuestro disco. La mayoría de colaboraciones con artistas populares fueron, excepto ella, al principio de mi carrera y para sus discos. Para nuestros discos están Andrés Calamaro, mercedes Sosa, Rubén Blades, Silvio Rodríguez… Es diferente.

–¿Colaboraste con Shakira porque pensabas que podías sacar algo, más allá de lo creativo?

–No es tanto así. A mí me parece que es una persona creativa que hacía cosas grades cuendo era una «chamaquita». Y el tema me pareció que estaba bien, que era divertido aunque fuera trivial. Me dijo que me burlara de ella dentro de la canción y eso es un buen gesto. Todo eso, además de que, en aquel momento, lo encontré oportuno. Me invitó a una serie de conciertos cuando sacamos nuestro cuarto disco y toque «Latinoamérica», un tema que, de otra manera no lo hubiera recibido su público. Eso ayudó a que esa canción se hiciera más grande. Pero no fue mera estrategia. Shakira era una buena persona y había química, pero no creo que vuelva a colaborar con ella.

–En tus letras eres muy sensible a los cambios sociales y políticos que se producen en el mundo. ¿Dirías que ha cambiado a peor o a mejor en estos diez años de carrera?

–Es muy difícil contestarte a eso. Yo siempre lo veo de una forma positiva. Cuando veo que Ada Colau gana en Barcelona, es porque hay una energía que sale de las vísceras de las personas, que presienten el mal estado de sus propios países y se lanzan a la tarea de luchar por mejorarlo formando otros grupos, como pasó en España con el 15-M.

–¿Pero los problemas de hace diez años no son, al final, los mismos que los de ahora?

–Son parecidos. Si escuchas a Rubén Blades, ves que antes cantaba sobre cosas parecidas a las de ahora, aunque haya habido cambios en Latinoamérica o ahora exista una conexión mundial a través de las redes sociales que me permita que, si mañana hay una marcha en Nueva York por Óscar López Rivera, preso en Estados Unidos hace 34 años, yo me entere.

–La perdida de Galeano, con quien habéis colaborado, fue enorme para Calle 13, supongo.

–Tuve la oportunidad de pasar un tiempo con él y me dio mucha lástima porque habíamos hablado de que conociera a mi hijo. Era una persona espectacular, con un poder narrativo enorme, que conseguía captar tu atención y que te mantuvieras te mantenía atento, sin despegarte de su mirada, escuchando su voz.

–¿Y cómo se os ocurrió contactar con Julian Assange para que participara en vuestro último disco?

–Me puse en contacto con la embajada de Ecuador, que me dieron permiso para entrar a verle. Creo que es una buena persona que está viviendo una situación muy difícil al estar encerrado allí. Dentro de 100 años lo verán como a un héroe. Me contó que tenía muchos más cables, algunos de Puerto Rico que me gustaría ver. Bromeamos y le encontré optimista sobre la posibilidad de salir de allí en algún momento.

–Siempre se habla de Internet como la principal causa de la crisis de la industria musical, pero, ¿para vosotros fue algo positivo o negativo?

–Cuando hablas de la crisis musical, ¿te refieres a la mala música que se emite en la radio? [tras un breve silencio, se ríe]. Estaba bromeando, no pude resistirlo. Para nosotros internet fue positivo y nos ayudó a ganar fuerza. La crisis de la industria discográfica ha hecho que las reglas cambien gracias a Spotify o Youtube. Las multinacionales se han adaptado y no me creo ese cuento de que están perdiendo dinero, creo que lo están generando gracias a esos canales. La crisis musical existe, porque hay un montón de músicos con talento que no salen en la radio y a los que sólo conocen en su pueblo. Bandas que deberían estar tan al frente como cualquier músico popular.

–Pero ahora hay un montón de grupos pequeños que, sin embargo, pueden hacer giras mundiales gracias a que han ganado audiencia gracias a internet.

–Hay melómanos con acceso a internet que tienen esas ganas de buscar a grupos pequeños en otras partes del mundo, pero esas bandas deberían ser accesibles a todo el mundo sin la necesidad de tener que buscarlos. En la música ocurre lo mismo que en la gastronomía, que hay más McDonalds que lugares saludables para comer.