Ray Loriga, fotografiado en el hotel Ritz, poco después de conocerse que había ganado el Alfaguara
Ray Loriga, fotografiado en el hotel Ritz, poco después de conocerse que había ganado el Alfaguara - EFE

Ray Loriga gana el premio Alfaguara de novela con «Rendición»

Se trata de «una historia kafkiana y orwelliana sobre la autoridad y la manipulación colectiva»

MADRIDActualizado:

«Nuestro optimismo no está justificado». Así comienza «Rendición», la novela con la que Ray Loriga (Madrid, 1967) ha ganado el premio Alfaguara. Quería, según confesó en la comida en la que se anunció el galardón, «empezar con una frase y seguir hasta el final». Eso hizo, y le salió bordado, a juzgar por los comentarios de los miembros del jurado, presidido por la «cervantina» Elena Poniatowska.

Fue ella, a sus 84 años, la encargada de leer el acta del fallo: «Una historia kafkiana y orwelliana sobre la autoridad y la manipulación colectiva (...). Una fábula luminosa sobre el destierro, la pérdida, la paternidad y los afectos». Todo eso es «Rendición», y mucho más. «Pasaba por aquí, que diría mi buen amigo Aute», dijo Loriga, emocionado, al subir al «estrado», en un comedor del hotel Ritz que rebosaba Cultura. Hasta el ministro del ramo, Íñigo Méndez de Vigo, se dejó caer por el acto.

Hace justo un mes Loriga cumplió 50 años y le dan el Alfaguara cuando el premio celebra su 20 aniversario. «Como decía mi abuela, me gusta morir con números redondos», dijo el escritor, al que se veía exultante y casi resucitado. «Es el Ray de antes», comentó Santiago Roncagliolo, miembro del jurado. «Todo lo medianamente inteligente que salga en mi libro lo vi en la sombra de Rulfo, y es muy difícil caminar sin sombras. Según baja el sol, más larga la sombra, y esa es nuestra lengua», reflexionó Loriga.

Además de a Rulfo, que, como el Alfaguara y Loriga, este año también celebra aniversario redondo, el premiado mencionó a referentes como Thomas Bernhard y Kafka, y hasta se acordó de «El lazarillo de Tormes». Y es que, «hablar sobre uno mismo es siempre hacer el ridículo».