Muere el escritor italiano Andrea Camilleri, creador del universal comisario Montalbano

Tras ser ingresado por un paro cardíaco el pasado 17 de junio en el hospital romano del Santo Espíritu

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El escritor siciliano Andrea Camilleri (Porto Empedocle, 1925) uno de los máximos exponentes de la novela negra en el mundo, falleció hoy en el hospital romano del Santo Spirito a los 93 años de edad, después de pasar 25 días ingresado por un paro cardíaco.«Las condiciones siempre críticas de estos días –dice el comunicado del hospital- se han agravado en las últimas horas comprometiendo las funciones vitales. Por voluntad del maestro y de la familia, los funerales serán reservados». Ingresado el 17 de junio, ha permanecido siempre ligado a una máquina, sin llegar a recuperar el conocimiento. «Quisiera la eutanasia, cuando llegue el momento. La muerte no me da miedo», solía decir Camilleri.

Camilleri se quedó ciego en los últimos tiempos, pero continuó escribiendo con la ayuda de la secretaria, Valentina Alferj, que lo asistía desde hace 17 años. Simpatizante de la izquierda, el escritor ha mantenido siempre un espíritu irónico y crítico. «La ceguera me ha hecho libre. Así no debe ver ya mi cara de imbécil. Ahora mis sueños están repletos de colores». Al escritor no le gustaba ninguno de los políticos actuales de Italia. Especialmente duros han sido sus juicios sobre el líder de la Liga y ministro del Interior, Matteo Salvini:«No creo en Dios, pero ver con el rosario a Salvini me da una sensación de vómito».

El sentimiento no era recíproco, como muestra el hecho que una de las reacciones más destacadas ante su muerte haya sido la del Senado. La presidenta ha leído un comunicado y luego los senadores le han dedicado un largo aplauso.

El escritor más vendido y amado por los italianos, creador del ya universal comisario Montalbano, no tuvo un inicio fácil. Su primera novela, «El curso de las cosas» (1978), fue rechazado por diez editoriales y finalmente lo publicó Lalli, un editor que imprimía los libros previo pago, pero en el caso de Camilleri hizo una excepción y se lo hizo gratis. Fue una vocación tardía la de escritor: La comenzó a los 53 años, después de una vida pasada en la Radiotelevisión italiana como realizador. Un famoso hombre de la televisión, Maurizio Costanzo, lo llevó a su programa y lo lanzó con estas palabras: «A quien compre un libro de Camilleri y no quede contento con su lectura, le devuelvo el importe. A partir de ese momento comenzó también a colaborar en el periódico “Il Mesaggero”».

Trabajador incansable

Camilleri era incansable y tenía diversos planes, a pesar de sus dificultades físicas. Cuando tuvo el infarto, se estaba preparando para estar presente por primera vez en el escenario de las Termas de Caracalla, el 15 de julio, interpretando a Caín, un espectáculo sobre su obra «Autodefensa de Caín», dentro de la programación veraniega del Teatro de la Ópera de Roma.

Era muy disciplinado para la escritura. Muy madrugador, dedicaba la mañana a escribir y, desde que se quedó ciego, a dictar a su secretaria. En el 2005 escribió «Riccardino», la novela que pone fin a la saga de su célebre personaje «Montalbano». Se la envió a su editor, Sellerio, con una condición: No se podía publicar hasta después de su fallecimiento. Desde entonces, Camilleri escribió otras 18 novelas.

Amor a Sicilia

Andrea Camilleri un personaje con espíritu siempre jovial, fumador empedernido, ha logrado transmitir a sus lectores su amor por su tierra siciliana, habituando a sus lectores al léxico y al paisaje de la isla. En sus más de 100 libros entre novelas, cuentos, ensayos y escritos varios, el prolífico autor ha plasmado un sinfín de historias con los sabores y colores de Sicilia, historias que sacadas de su inagotable capacidad de invención, pero que tenían siempre un hilo que las ligaba a hechos que realmente habían sucedido.

Así contaba en una larga entrevista con este corresponsal esa fórmula para escribir que era la clave de su éxito: «La única regla a la que obedezco es la necesidad, es decir, me pongo a escribir de una historia cuando tengo la absoluta necesidad de contarla. Necesito un punto de partida que sea real, y alrededor de esa realidad puedo construir todo lo que quiero. Si no hay ese estímulo inicial, no logro escribir».

El primero en las listas de éxitos

Desde hace más de 25 años, Camilleri ha contado las investigaciones del comisario Montalbano en libros publicados por Sellerio, la editorial de Palermo que publicó las 26 novelas, traducidas en 25 idiomas, que tienen por protagonista al célebre personaje.

Cada nuevo título permanecía durante semanas en los primeros puestos de la clasificación de ventas, habiendo vendido más de 25 millones de copias. El comisario Montalbano ha sido también el más amado en la televisión italiana –once millones de espectadores siguen cada episodio-, una serie que ha conquistado también público en todo el mundo, pues ha sido vendida a 64 países.

Este éxito arrollador del comisario Montalbano no sabía explicárselo ni el propio Camilleri: «Es muy difícil explicarlo. Ni yo me lo explico. Al crear el personaje me propuse que no fuera un policía americano, porque no hubiera funcionado; que no fuera un policía privado, porque hubiera estado limitado en sus funciones; escogí un comisario institucional, es decir, de la seguridad pública. El modelo inmediato es el inspector Maigret, de Georges Simenon. Creé un personaje que no fuera inquietante, al que pudieras invitar a comer o cenar y estar tranquilo charlando con él; un personaje leal que respeta la palabra dada y que se rebela a las órdenes cuando son absurdas. Los lectores han encontrado estos datos positivos y por eso gusta Montalbano».

Considerado como uno de los padres de la novela negra del Mediterráneo, Camilleri tenía especial amistad con Manuel Vázquel Montalbán. En febrero del 2014, el escritor siciliano recogió en Barcelona el IX premio Pepe Carvalho, galardón que honra la memoria del Vázquez Montalbán. «Entre los no italianos, Vázquez Montalbán es mi autor preferido –confesó Camilleri- He leído toda su obra. Con la literatura española me sucede algo curioso. Aparte de Cervantes y el Quijote, del que he escrito alguna cosa, he amado especialmente a sus poetas: Machado, Juan Ramón Jiménez, Lorca…».

Un escritor muy amado por los italianos

Andrea Camilleri ha sido un escritor muy amado por los italianos. En los días en que estuvo ingresado, numerosas personas llamaban al hospital para interesarse por su salud.

Cabe destacar del escritor siciliano la especial relación que mantuvo siempre con sus lectores: «Les estoy muy agradecido. Esta es una de las cosas que me da verdadera alegría Me conmueven las muestras de afecto de la gente corriente que me encuentro en la calle. Recibo centenares de letras y respondo a todas. Algunas me conmueven como ésta que le recito: "Me llamo Rita. Tengo treinta y dos años. Me estoy muriendo. Solo me quedan pocos meses de vida. Le doy las gracias porque he disfrutado con sus novelas y me han hecho reír. Gracias. Rita". Con cartas así, me emociono y me viene la fiebre».

Ceguera

Hablaba con naturalidad de su ceguera, reconociendo que a veces le daba miedo la obscuridad, «como cuando era un niño, un miedo físico, irracional. Entonces me levanto y a tientas me acerco a mi mujer». Pero el maestro volaba siempre con su imaginación: «Por la noche logro reconstruir las imágenes. Por ejemplo, en una ocasión he recordado “La flagelación” de Piero della Francesca. Pensé en la última vez que la vi, en Urbino, y la he reconstruido entera en mi mente. Ha sido maravilloso».

Andrea Camilleri se mostró siempre como un hombre sereno: «No tengo miedo de nada, ni siquiera de la muerte». Se consideraba además afortunado y le gustaba elogiar a su mujer: “He tenido una vida afortunada. ¿Mi recuerdo más bello? El día en que me casé; fue el más alegre de mi vida».

El escritor, guionista y dramaturgo, había comentado en varias ocasiones cómo le hubiera gustado despedirse de su público: «Si pudiera, me gustaría terminar mi carrera sentado en una plaza contando historias, y al terminar pasar entre la audiencia con el sombrero en la mano».

Cuando se le preguntaba cómo le gustaría ser recordado, el maestro decía siempre lo mismo: «Como una buena persona».