El escritor Antonio Muñoz Molina, fotografiado en la Residencia de Estudiantes de Madrid
El escritor Antonio Muñoz Molina, fotografiado en la Residencia de Estudiantes de Madrid - EFE

Antonio Muñoz Molina: «La imaginación, si la dejas sola, sólo inventa estereotipos»

«Como la sombra que se va», su última novela, sigue el rastro del asesino de Luther King durante su breve estancia en Lisboa

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Antonio Muñoz Molina (Úbeda, 1956) puso punto final al manuscrito de «Como la sombra que se va» (Seix Barral), su última novela, el pasado 9 de agosto. Aquel día, el joven afroamericano Michael Brown fue asesinado en Ferguson (Misuri). El destino que rige el universo literario quiso que el martes, día en que el libro salía a la venta, el policía Darren Wilson, autor de los disparon que acabaron con Brown, fuera absuelto del crimen por un jurado. Los disturbios que estos días se suceden en las calles de la ciudad de Misuri recuerdan a los que se produjeron tras el asesinato de Martin Luther King, el 4 de abril de 1968, a manos de James Earl Ray, protagonista (indirecto) del libro de Muñoz Molina.

El autor de «Sefarad» persigue el rastro de Ray durante los diez días que pasó en Lisboa intentando conseguir un visado para Angola. La capital portuguesa, muy vinculada a Muñoz Molina, se convierte en punto de encuentro de la realidad ficcionada que el escritor crea para Ray y su propia autobiografía, al remontarse a su primera visita a la ciudad en enero de 1987. «Uno hace los libros y no sabe lo que está haciendo mientras los hace. Una parte de la novela es ese proceso tan raro, previo a que los libros existan», explicó ayer Muñoz Molina durante un encuentro con la prensa en la Residencia de Estudiantes.

«Las novelas siempre están a punto de no existir. Las circunstancias que tienen que juntarse para que escribas una novela son muchas, son muchos los azares. Escribir es una tarea de fronteras y este libro se ha hecho mucho en ese espacio fronterizo». Y es que, según el autor, «cuando se habla de literatura parece que ocurre en una especie de nave interplanetaria, pero no, tú estás en el mundo».

Un mundo en el que, aún hoy, el racismo sigue estando presente. «El progreso ha sido inmenso, pero el sello de la esclavitud es una cosa tan atroz que es muy difícil que se quite», aseguró Muñoz Molina respecto a la posición de los negros en la sociedad americana. Aunque, según el escritor, «más importante que el racismo es la pobreza y la desigualdad social».

La «transparecia» de EE.UU.

Buen conocedor de la sociedad norteamericana (pasa la mitad del año en Nueva York), Muñoz Molina tuve acceso a una ingente documentación durante la elaboración del libro. Gracias a la «transparecia» del sistema estadounidense, el autor descubrió, por ejemplo, el racismo de John Edgar Hoover, director del FBI, que estaba convencido de que Luther King era comunista.

«Cuando inventas algo, a lo mejor después descubres que la realidad es mucho mejor. La imaginación es muy pobre, en realidad. Si la dejas sola, sólo inventa estereotipos». El propio escritor pudo comprobarlo cuando descubrió que la imagen que su mente había creado de la prostituta con la que Ray había estado en Lisboa no se correspondía, en absoluto, a la mujer atractiva que, años después, vivía en una casa llena de pájaros y tortugas.

«Las novelas siempre están a punto de no existir»

«En este hombre hay una astucia muy grande, la de manipular, enredar. A ello se dedicó los últimos 30 años de su vida. Y hay otra cosa, que es el odio de los pobres a otros pobres, ese rencor destructivo, que no sirve para nada». Porque, como reconoció Antonio Muñoz Molina, «hay muchas cosas que uno no puede entender». Incluso de James Earl Ray.