ignacio gil
entrevista

Fernando García de Cortázar: «La derecha ha sido un contable, no ha valorado la historia y eso es un drama»

El historiador publica «Momentos emocionantes de la historia de España», un libro dirigido a un público juvenil que espera despertar amor por los logros colectivos

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Fernando García de Cortázar ha dado una nueva vuelta de tuerca a la divulgación de la historia de España. Autor de algunos de los libros sin duda más vendidos sobre la materia, y después de una exitosa incursión en la novela histórica -«Tu rostro con la marea», que mereció el premio Alfonso X el Sabio- vuelve a dirigirse al público juvenil con «Momentos emocionantes de la Historia de España» (Espasa). Un muchacho encuentra un manuscrito y se abre la máquina del tiempo...

El libro ilustrado por Julius, al igual que los anteriores «Pequeña historia de los exploradores» y «Pequeña historia del mundo», ha su puesto un desafío para García de Cortázar. Más que un autor tocado por el éxito es un historiador comprometido con una de las fallas más abismales de nuestro sistema educativo. Le parece incomprensible que un país que ha dado una historia como la nuestra no la estudie, no la valore, no se la crea ni la comparta con orgullo. De todo ello, habla con ABC.

-Propone momentos emocionantes... ¿Cambia el clásico del Dos de Mayo por «Oigo, patria, tu emoción...»? ¿Por qué la emoción?

-Está absolutamente meditado. Creo que hemos dejado España como una pura estructura jurídica, le hemos quitado el nombre -ya no se llama España, hemos permitido esta vejación política y cultural de llamarla Estado español- y creo que nos han quitado el sentimiento y la emoción de España, como si no tuviésemos derecho a ella. Como si por culpa de un exceso de patrioterismo del régimen anterior ahora no pudiésemos tener un sentimiento democrático, racional y emocionante de la historia de España, y en cambio se lo pudieran permitir los nacionalismos.

-Como si la España liberal hubiera vivido bien a gusto con Franco...

-Exactamente. Hay una frase que decía un tío rico del nacionalismo: «Haced vosotros las leyes y los reglamentos y dejadme a mí cantar las baladas de la nación». El problema es que durante los últimos 30 años pocos hemos cantado las baladas de la nación, que son importantes. Por eso abro este libro con una cita de Lope de Vega que se queja en la «Dragontea» de que España tiene tantas hazañas y no tiene quien las cante. Parece que nos quedamos con ese movimiento de larga duración que se llama «el pesimismo español».

-El preferido de nuestra literatura.

-Sí. Habitualmente no eran momentos tan desastrosos pero ¿cómo no vamos a pensar que es un país desastrado y triste si leemos a Quevedo? «Miré los muros de la patria mía...» Cuando él miraba los muros resquebrajados de la patria, España era un país completamente hegemónico en el mundo. ¿Cómo no vamos a creer que naufragamos si leemos a Antonio Machado y al 98 despidiéndose del imperio? Los poetas se hacen fuertes en el dolor y la desgracia, más que en la gloria y la alegría. Por eso las visiones pesimistas son el fruto de la gran poesía. Agradecemos esos sonetos pero como historiadores hay que decirles que no tenían razón.

-Quizá la oda a la paz no tiene tanta grandeza. Pero otras naciones no tienen este problema.

-Entre la Guerra de la Independencia y el brevísimo enfrentamiento con Estados Unidos en 1998 lo que tenemos son guerras civiles, las carlistas, que erosionaron la idea de la nación. En el siglo XX tenemos otra guerra civil y la dictadura. Esto está presente en la visión que los españoles tienen de España.

-¿Por qué se asocia con la España liberal y conservadora ese complejo? Si no tuvieron nada que ver con Franco, ni generacionalmente. ¿Por qué no han sabido hacer una afirmación nacional democrática?

-Camús dice que muchas de las conquistas que se han producido no fueron por la actividad de la izquierda sino por la dejación de sus obligaciones del pensamiento liberal. En España se ha dejado comer la tostada y eso nos diferencia de otros países. Lo que sí tienen los nacionalismos agresivos que sufrimos es un prestigio, cuando para mí son la caverna, y ese prestigio les ha venido dado por la izquierda. La izquierda ha jugado una malísima pasada en torno a la idea de España porque los ha apoyado y asumido incluso su imaginario. En el País Vasco, Ezker Batua tenía la misma iconografía que el nacionalismo. A ello añadimos la falta de dinamismo de la conciencia centrista para presentar una España liberal que no tiene que ver nada con integrismos ni falangismos ni nada parecido.

-Para los nacionalistas, la cultura y la historia (y la lengua en su caso) figura en el núcleo central de sus políticas. Pero en España no se ha valorado.

-Este es un punto fundamental, central. Los que hemos bebido en fuentes gramscianas sabemos que ese es el drama de la derecha en España. La derecha está siendo puramente contable, se enorgullece y está muy bien, y se lo agradecemos, de sus éxitos económicos, pero no busca la hegemonía cultural y debe buscar algo más que votos, porque esa hegemonía puede transformar la sociedad e incluso estabilizaría su influencia. Aznar se equivocó solo contando sus glorias económicas y no haciendo un esfuerzo en elaborar una cultura de centro, liberal y no excluyente.

-¿Qué visión de la historia trata de dejar clara con sus obras y en especial con esta?

-Es un doble objetivo. Por un lado quiero fomentar la lectura en un momento en el que en los colegios no se centran en el amor por la lectura y el aumento del léxico. Por otro creo en la capacidad de la historia de socializarnos, y he pretendido eso, en un momento en el que los libros de texto han hecho un gran esfuerzo para crear vascos, catalanes, madrileños, gallegos y asturianos, pero no se han preocupado de crear ciudadanos españoles. Por ello felicito a la Comunidad de Madrid, que ha añadido horas lectivas a la Historia de España.

-¿Por qué el libro es de 9 a 99 años?

-Concebí el libro para adolescentes, pero en vista de que la gente adulta también valoraba la síntesis que había en la historia del mundo, y la de las grandes exploraciones y ahora de los momentos emocionantes de la historia de España, se ha sumado. Están destinados a un público adolescente de talento, no para infantilizar a los niños sino para hacerles desarrollarse. No es un puro estímulo mercantil. Para mí son libros difíciles, enfrentarse con sencillez y estilo a la historia con voluntad literaria ha cambiado mi carrera.

-En este territorio estuvo Aníbal, nacieron emperadores romanos, se vivió con asombro la aventura americana.... Cuando no se valora eso, ¿qué siente?

-Que ha habido un fracaso en la transmisión y el contagio de esa emoción. El sentimiento de amor a España no puede nacer si no se conoce su historia, hay que educar a los españoles, a través del arte y la literatura, para comprender bien lo que somos. Resulta efectivamente contradictorio. Es el resultado de una gran dosis de ignorancia, una gran dosis de demagogia y la labor destructiva que no podemos obviar, de los nacionalismos que tratan de convencernos de que no existe la nación española, sino una especie de materia reaccionaria y ultramontana.

-Especialmente el catalán en estos meses...

-Hay que contrarrestar las barbaridades que se dicen desde Cataluña. He leído artículos que critican al Gobierno porque «es la España de Trento». ¡Pero qué dramática ignorancia! La España de Trento era brillantísima: nada que ver con la imagen conservadora, porque los teólogos españoles en Trento fueron los que definieron la libertad del hombre frente a las tesis protestantes. ¿Es mejor Calvino, que asesina a Servet? Frente a la pura omnipotencia de Dios nuestros teólogos se enfrentaron a los protestantes que exageraban la Gracia y querían limitar la libertad, y los españoles fueron los que evitaron eso. No deja de ser triste el reproche por la profunda ignorancia que demuestra. El mundo y Europa no serían los mismos si España no hubiera aportado su pensamiento, sus ideas políticas, sus pensadores, y también sus santos, que reflejan nuestra espiritualidad.

-¿Qué respuesta tiene de los niños?

-La Feria del libro es maravillosa: el niño viene junto al padre. Además he tenido mucha correspondencia con niños. Me preguntan por Sergio, el protagonista, y mil cosas más. ¡Cómo les emociona particularmente todo el siglo XVI, toda la aventura americana!

-¿Qué es la historia?

-Walter Benjamin dijo que no es el simple recuento pormenorizado del pasado, sino que la historia es lo que brilla en tiempo de peligro. Y en este momento estamos en un tiempo de peligro. Lo que vemos es la trivialidad que nos rodea, la dejación de la cultura del esfuerzo. La historia hay que hacerla desde las inquietudes del presente, si no será incolora, inodora e insípida. Yo trato de llevar al lector a la historia de un presente emocionante.