La última primavera de Antonio Machado
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La última primavera de Antonio Machado

Se cumplen 75 años de la estancia del poeta en el hotel Majestic

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El 10 de abril de 1938, Antonio Machado se instaló con su madre, doña Ana, su hermano, su cuñada y sus tres sobrinas en el hotel Majestic; en el número 70 del paseo de Gracia, el hotel más lujoso de Barcelona junto con el Ritz, está repleto de corresponsales políticos y escritores como León Felipe o José Bergamín.

El poeta, recuerda Monique Alonso de la fundación de Colliure, llega desde Valencia apesadumbrado por la marcha de la guerra; ocupa con su familia dos habitaciones hasta el 25 de abril, cuando se trasladará a la Torre Castanyer del paseo de San Gervasio, 21: su último refugio antes de emprender el ultimo viaje, 22 de enero de 1939, para morir en la pensión Quintana de Cotlliure.

¿Cómo eran los días de Machado en el Majestic? A diferencia de sus sobrinas, que disfrutaban con las comidas servidas por atentos camareros, al poeta le fastidiaba el ajetreo del hotel. Sólo bajaba al hall para comer: como el ascensor no funcionaba, se quedaba charlando en los descansillos con León Felipe.

No se conservan fotografías de las dos semanas de Machado en el Majestic. Conoció en el hotel al novelista norteamericano Waldo Frank, quién se refería a Machado en “Virgin Spain” (1924) como el poeta más popular de España.

En el setenta y cinco aniversario, el chef Nandu Jubany indaga en los gustos gastronómicos del poeta: “Los garbanzos, la caza, el cordero…”. Lo conmemora con un ‘trinxat de faves amb tavella amb cigrons i tripetes de bacallà’, canelón de col de faisana y “costellam de xai” rematado con un clásico “soufflé” y regado con Rioja, Priorat de Gratallops. Como broche, un Armagnac, 1938.

Fue la última primavera de don Antonio: la guerra estaba perdida, arreciaban los bombardeos y su salud era muy precaria. El último invierno barcelonés lo pasó en Torre Castanyer escribiendo artículos para La Vanguardia y “Hora de España” y preparando poemas para una grabación del Archivo de la Palabra, que no tuvo lugar. Su último domingo barcelonés fue el 22 de enero de 1939. Machado emprendió el camino del exilio, ligero de equipaje. En el bolsillo, aquellos versos: “Estos días azules, este sol de la infancia…”.