Proyecto de Leonardo para un monumento ecuestre en honor de Francesco Sforza, que nunca se realizó («Códice Madrid II»)
Proyecto de Leonardo para un monumento ecuestre en honor de Francesco Sforza, que nunca se realizó («Códice Madrid II») - BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA

Leonardo da Vinci, la mano izquierda de Dios

España se adelanta al V centenario de la muerte del maestro del Renacimiento con una doble exposición

La Biblioteca Nacional muestra sus excepcionales códices vincianos, mientras Christian Gálvez se da un autohomenaje en el Palacio de las Alhajas

MadridActualizado:

Aún falta más de un mes para la conmemoración del V centenario de la muerte de Leonardo y no hay día que no sea noticia: que si el Gobierno italiano retira los préstamos de obras a Francia para la gran exposición que prepara el Louvre, que si el «Salvator Mundi» –por el que pagaron 450 millones de dólares– está en paradero desconocido... España, que sobre Leonardo no puede competir con Italia, Francia o Gran Bretaña, ha querido adelantarse a la efeméride. Y lo hace con dos exposiciones radicalmente distintas en su concepción y naturaleza. Christian Gálvez, uno de los rostros más conocidos de la televisión y aficionado a la figura de Leonardo –ha escrito varios libros sobre él–, ha proyectado en el Palacio de las Alhajas (Plaza de San Martín, 1, hasta el 19 de mayo de 2019) una muestra vistosa, didáctica, que, a buen seguro, tendrá un gran tirón popular, pese a que la entrada cuesta 14,50 euros. Bajo un título con gancho –«Los rostros del genio»–, y entre cortinajes rojos, un Cubo de Rubik formado por grandes pantallas, reproducciones de sus códices, recreaciones de sus inventos, Legos y con Ara Malikian como banda sonora, Gálvez le pone «pantalones vaqueros» a Leonardo: quiere mostrar al hombre de carne y hueso, con sus luces y sus sombras, y no al genio: «Un hombre disléxico, bipolar, que murió siendo un perdedor y un fracasado».

Pero es la muestra, y no Leonardo, la que tiene más sombras que luces. Es una exposición de Leonardo sin Leonardo. No hay obra original del artista (si exceptuamos, con todas las cautelas, la «Tavola Lucana», que abordaremos más adelante). Como consta hasta en las banderolas publicitarias, es una idea concebida por Christian Gálvez y llevada a cabo por él y la empresa Iniciativas y Exposiciones, socios en este proyecto privado, que cuenta con partners como Mediaset España (Gálvez trabaja en Telecinco presentando «Pasapalabra») y Penguin Random House (Aguilar ha publicado su último libro, «Gioconda descodificada», que, por cierto, se publicita en el dosier de prensa de la muestra).

Entre los colaboradores institucionales figura la Fundación Montemadrid, que alquila la sede (el Palacio de las Alhajas). El acuerdo se firmó siendo director general de la fundación José Guirao, hoy ministro de Cultura. Cuando se le pregunta por el presupuesto del proyecto, Gálvez no ve relevante decir la cuantía. Sí aclarar que su sueldo como comisario lo va a donar a Feder (Federación Española de Enfermedades Raras). Dato que también aparece en el dosier de prensa. Como aparece que ésta es «la única exposición del mundo avalada por el Leonardo DNA Project» (del que Gálvez forma parte). Las grandes muestras que organizarán en 2019 Florencia, París y Londres, con pinturas, dibujos y códices originales de Leonardo, no cuentan con semejante sello de calidad.

Listado de las obras de Leonardo que deja guardados en un arcón («Códice Madrid II»)
Listado de las obras de Leonardo que deja guardados en un arcón («Códice Madrid II») - BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA

Dos preciados tesoros

Visitamos la segunda exposición, ésta en la Biblioteca Nacional (Paseo de Recoletos, 20, entrada gratuita, hasta el 19 de mayo de 2019), que puede presumir de contar entre sus fondos con dos preciadísimos tesoros: los «Códices Madrid I y II» de Leonardo da Vinci. «Dos de los mejores que se conservan», explica Elisa Ruiz, catedrática emérita de la Complutense, vocal del Patronato de la Biblioteca Nacional y miembro de la Comisión Vinciana. Es la persona que mejor conoce ambos códices. Los ha estudiado y transcrito y se han digitalizado (son accesibles en un interactivo). En 2012 fue comisaria de la exposición «El imaginario de Leonardo. Códices Madrid de la Biblioteca Nacional», y ahora hace lo propio con esta nueva muestra, cuyo objetivo, dice, «es ver el proceso intelectual y creativo de Leonardo. Estos códices pertenecen a su época de madurez. Es una especie de antología de todos los logros intelectuales y artísticos del maestro, a esas alturas de su vida, en torno a la cincuentena».

«Entrar en el mundo de Leonardo te da una visión distinta a la que te dan ciertas biografías que circulan por ahí, sin documentar, que desfiguran al genio. Son un cortapega, y además de mala manera. Los arribistas siempre aprovechan estas efemérides para sacar novelas, biografías... Leonardo deja tanto en sus manuscritos; radiografían cómo era el personaje –comenta Elisa Ruiz–. Recibió una educación muy elemental en su infancia. Se esforzaba por superar sus limitaciones gramaticales y léxicas. Era un grafómano. Escribía muchísimo y lo hacía de una forma muy característica. Se calcula que al menos el 50%, si no más, de todo lo que escribió se ha perdido. Se conservan 23 códices, de tamaños y números de páginas muy variados».

El único talón de Aquiles de Leonardo es que no sabía latín. Y, a finales del XV, todo el mundo cultural discurría en latín. «Su italiano era un poco dialectal. Era natural de la Toscana. Su lenguaje no es culto, sino muy pobre y escaso (lo único negativo que se puede decir de él). Tenía dificultad para expresarse verbalmente. Pensaba en imágenes, veía el mundo en imágenes. Por eso recurre mucho a los dibujos. Termina escribiendo como si fuera un jeroglífico». Da Vinci solía llevar colgado del cinto un pequeño cuaderno en el que dibujaba y anotaba todo lo que veía o se le ocurría. En sus códices utiliza la tinta, la sanguina y el lápiz de grafito. Pensador reflexivo y hábil dibujante, al parecer siempre gozó de excelente visión y pulso.

Relación del vestuario de Leonardo (le gustaba mucho el color rojo) y del amor de su vida, Salai («Códice Madrid II»)
Relación del vestuario de Leonardo (le gustaba mucho el color rojo) y del amor de su vida, Salai («Códice Madrid II») - BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA

«Códice Madrid II»

El más antiguo de los dos es el «Códice Madrid II» (hacia 1491-93 y 1503-1505). Su signatura es «Mss 8936». «Es un tipo de manuscrito que los técnicos llamamos cartapacio. Era una especie de cuaderno de notas: recoge en él, de manera totalmente desorganizada, todo lo que estaba trabajando, todo lo que se le pasaba por la mente... A veces reaprovecha el papel: hay un primer estrato gráfico hecho con sanguina y después escribe con tinta encima. A Leonardo se le conoce de verdad cuando uno lee sus manuscritos. Se da cuenta de cómo funciona su cabeza. Era un hombre que veía el mundo, y escribía, de derecha a izquierda. Su sentido del espacio se desarrolla en esa dirección. Era zurdo. Tenía una escritura invertida. Pero a veces, coloca de izquierda a derecha los números y determinadas frases».

La temática de este «Códice Madrid II» (consta de 157 folios) es heterogénea, de lo más diversa: geometría, matemáticas, arquitectura, pintura, música, mapas... En él anota, por ejemplo, «toda la planificación técnica para hacer una estatua ecuestre en honor de Francesco Sforza de más de siete metros de altura, sin contar el jinete. Era una obra colosal, pero no se llevó a cabo. Y éste es el único testimonio. En otra página de este códice con dibujos geométricos hay una nota puesta verticalmente de mala manera: “En la noche de San Andrés encontré la solución final de la cuadratura del círculo cuando ya se terminaba la vela, la noche y el papel en el que escribía, al filo del amanecer”». Su forma de ser, advierte Elisa Ruiz, «queda muy bien reflejada en este códice. Por un lado, tenemos el listado de la ropa que tenía en 1503. Sabemos cuál era su atuendo. Es el fondo de armario de un dandi. Predomina el color rojo. Leonardo es el hombre de rojo. Le gustaba mucho ese color. Pero también añade el vestuario del amor de su vida: Salai, que es más exquisito. Además, aparece en este códice el listado de los libros que tenía: la «Historia Natural» de Plinio, la «Arquitectura» de Vitruvio, obras de Arquímedes, Aristóteles, Esopo... Un libro que le influyó muchísimo en todo su pensamiento, en su visión del mundo, fue las "Metamorfosis” de Ovidio». Además, Leonardo resume en este códice los manuscritos que había escrito hasta entonces: cincuenta, hacia 1503. Hasta su muerte, en 1519, supuestamente escribiría algunos más.

Manuscrito de Leonardo incluido en el «Códice Madrid I», un tratado de estática y mecánica
Manuscrito de Leonardo incluido en el «Códice Madrid I», un tratado de estática y mecánica - BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA

«Códice Madrid I»

El «Códice Madrid I» (Mss 8937) es un tratado técnico de estática y mecánica. Habla de rielas, resortes, cadenas, arandelas, tornillos, manivelas, clavijas, muelles, ruedas... En él, dice Elisa Ruiz, «Leonardo reúne una selección de los logros e invenciones que había conseguido a esas alturas de su vida. Es casi un testamento intelectual, nada que ver con la composición caótica del códice anterior». Lo escribió hacia 1493-97. Originariamente, constaba de 191 folios. Se conservan 184. Según Elisa Ruiz, «es uno de los mejores desde el punto de vista del dibujo».

Manuscrito del «Códice Madrid II» en el que afirma Leonardo haber hallado la solución final de la cuadratura del círculo. No fue así
Manuscrito del «Códice Madrid II» en el que afirma Leonardo haber hallado la solución final de la cuadratura del círculo. No fue así - BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA

Periplo de los códices

Tras la muerte de Leonardo en 1519, su discípulo preferido entonces, Francesco Melzi, recibe como herencia todo lo que había escrito Leonardo y sus últimas pinturas, explica Elisa Ruiz. «Se dedicó pacientemente a organizar todo ese conjunto de papeles, manuscritos, hojas sueltas, dibujos... A veces une manuscritos que eran independientes porque temáticamente tenían alguna relación». Así, extrajo de los manuscritos todas las menciones del maestro sobre pintura (es lo que llamamos su «Tratado sobre pintura»). «Cuando muere Melzi, su hijo Orazio no le da valor a ese tesoro y lo guarda en un desván. Ahí comienza su dispersión por desconocimiento y falta de voluntad». Pompeo Leoni, hijo de Leone Leoni, vino a España. Felipe II le encarga grandes obras. Al escultor le interesaba muchísimo el trabajo de Leonardo. Adquirió buena parte de sus manuscritos y los trajo a Madrid. Hasta su muerte en 1608 muchos de los mejores códices de Leonardo –el Códice Atlántico, la colección anatómica que se halla hoy en Windsor...– estaban en Madrid. Fuimos tan descuidados, siendo benevolentes, que se fueron de aquí».

En el testamento de Pompeo Leoni éste pide que no se disperse la colección, pero su hijo, Miguel Ángel, celebró una almoneda en la Puerta del Sol con la fastuosa colección de su padre. El clérigo Juan de Espina (1568-1642), musicólogo y coleccionista, adquiere los dos códices madrileños. Al no tener descendencia, decide donarlos a Felipe IV en 1643. Se supone que estuvieron en el Alcázar de Madrid. De ahí pasarían a la Biblioteca Real, inaugurada en 1712 por Felipe V. Pero, cuando la Biblioteca Real pasa a ser nacional en el siglo XIX, se comete un error al copiar la signatura». Durante 150 años estos valiosos códices estuvieron «perdidos», al estar al clasificados. Nadie sabía que estaban en la Biblioteca Nacional. Fue Jules Piccus, un experto en literatura castellana medieval de la Universidad de Massachussets, cuando investigaba sobre cancioneros. Descubrió el excepcional hallazgo en 1965, del que se dio buena cuenta en una rueda de prensa en un hotel de Boston el 13 de febrero de 1967. Dos días después ABC publicaba la noticia en un artículo firmado por José María Massip. Fue portada en «The New York Times»: «700 páginas de Leonardo halladas en Madrid».

Un Cubo de Rubik con grandes pantallas preside el vestíbulo del Palacio de las Alhajas
Un Cubo de Rubik con grandes pantallas preside el vestíbulo del Palacio de las Alhajas - GUILLERMO NAVARRO

Salen de la cámara acorazada

Tenían una encuadernación del siglo XVIII que estaba apretando mucho los cuadernos e iba a dañarlos. La escasa flexibilidad de la costura impedía la apertura adecuada. Incluso se ocultaban trazos y fragmentos. Se decidió cambiarla en 2010.

Por motivos de preservación no estarán los dos códices originales expuestos durante los seis meses que dura la exposición. Ana Santos, directora de la Biblioteca Nacional, advierte que solo durante un mes. Después se alternarán los originales con las ediciones facsimilares, y los originales volverán a estar juntos al final de la exposición. No siempre abiertos por la misma página. Estos códices se hallan habitualmente en la cámara acorazada de la Biblioteca Nacional, que ayer abandonaban a las 9 de la mañana rumbo a la antesala del salón de lectura, donde se exhiben en una vitrina hexagonal. Contarán con fuertes medidas de seguridad y un vigilante las 24 horas del día. No desvela Ana Santos el valor del seguro. Imposible calcular el valor que tendrían en el mercado. En 1994 Bill Gates compró el «Códice Hammer» por 30,8 millones de dólares. Y solo consta de 18 folios. Es el único de los códices de Leonardo en manos privadas.

Los códices de Leonardo son los protagonistas absolutos de la exposición. A su lado, encerrados en cuatro vitrinas, 32 libros de la Biblioteca Nacional que los contextualizan. La visión del universo de Da Vinci se mide, 500 años después, con la que tenía del origen y la estructura del universo otro genio, Stephen Hawking. Y en las paredes, algunas claves conceptuales de la cosmovisión de Leonardo. Por primera vez se abre al público el hall de la Biblioteca Nacional, donde hay reproducciones de algunos proyectos vincianos, como el «Hombre de Vitruvio» o la cabeza y una pata del monumental caballo en homenaje a Francesco Sforza, que nunca se realizó.