El filósofo Emilio Lledó, ayer en su domicilio madrileño
El filósofo Emilio Lledó, ayer en su domicilio madrileño - efe

Emilio Lledó: «La característica esencial del político es que sea una buena persona»

El filósofo ha sido galardonado con el Nacional de las Letras «por su pensamiento, que armoniza el valor estético y ético de la palabra»

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Emilio Lledó (Sevilla, 1927) confiesa estar «abrumado» y asegura que «necesita un poco de espacio». Es lógico. En las últimas 24 horas le ha llovido un aluvión de felicitaciones que un humanista como él, siempre alojado en el umbral de la reflexión y alejado de los focos mediáticos, no está acostumbrado a recibir. Pero ayer todos reclamaban la atención del filósofo, flamante premio Nacional de las Letras Españolas 2014. También ABC, que logró hablar con el académico de la RAE al poco de que llegara a su domicilio, tras protagonizar una rueda de prensa en la Asociación de Editores de Madrid con motivo del Premio Antonio de Sancha que estos días también ha recibido.

Lledó contestó al teléfono aún aturdido, con la voz a punto de quebrarse por culpa de la flojera que amordaza las cuerdas vocales cuando la audiencia no se cansa de escuchar. «Estaba recibiendo el Antonio de Sancha y el sábado me voy a México a recibir el Pedro Henríquez Ureña que me concede la Academia Mexicana de la Lengua, así que son muchos galardones en muy poco tiempo», explica el filósofo, que hace apenas quince días cumplió 87 años. No sorprende su lucidez, pues su obra es prueba de ello, como ayer reconocía el fallo del galardón, dotado con 40.000 euros.

Y es que el jurado decidió premiar a Emilio Lledó por «su pensamiento y dilatada obra, que armoniza la filosofía del Logos, la hermenéutica, el valor estético y ético de la palabra, la defensa de la libertad y reivindica la vocación docente». No obstante, el premio Nacional de las Letras 2014 es catedrático de Historia de la Filosofía, enseñanza que impartió en Alemania y España, tanto en institutos públicos como en universidades. «La palabra tiene que ser transmisora de belleza y de verdad, por eso el ser profesor ha sido un don. Yo he sido muy feliz siendo profesor y si volviera a nacer me gustaría ser maestro de escuela... Ojalá me lo concedan los dioses», cuenta Lledó al otro lado del hilo telefónico.

«La educación es esencial, vital. La verdadera riqueza es la espiritual»

Tras advertir que ni había podido comer, el filósofo termina perdiendo el apetito (u olvidándolo, en todo caso), centrado en la didáctica de la charla. «Yo creo, no por mí, se lo digo sin pseudoretórica, que hay que defender las humanidades, la cultura, porque un país es la cultura. Con independencia de la economía, qué duda cabe, pero lo primero es la cultura de la psique», asegura el autor de «El epicureísmo», obra de cuya publicación se ha cumplido este año el 30 aniversario.

Una filosofía propia

La de Emilio Lledó es, como recalcaba el jurado, una «vía filosófica propia, en la que el saber antiguo ayuda al saber presente». Ese saber antiguo, de los clásicos, más necesarios ahora que nunca, lleva a Lledó a instalarse en una cierta desesperanza cuando observa lo que hoy acontece en el ágora. «Me temo que en este momento no estamos prestando atención a lo realmente importante. Se trata de reelaborar y darnos cuenta de cuáles son las cosas importantes de la vida». Reflexión que pasa, necesariamente, por la «defensa de la lectura», uno de los temas clave, junto a «la felicidad, el silencio, la belleza y la verdad», de la obra de ese «gran ensayista y divulgador de alto nivel» que es Lledó, según el jurado.

No obstante, el último libro publicado por el humanista llevaba por título «Los libros y la libertad» (RBA). «Hablar de Mozart cuando la gente pasa hambre parece algo casi obsceno. Pero debemos aspirar a que lo más importante no es la economía», advierte Lledó. ¿Aunque esa economía rija nuestra vida? Para desarrollar tan evidente respuesta Lledó vuelve a echar mano de los clásicos y cita a Aristóteles: «Lo dijo hace 24 siglos. Lo pragmático no es el bien supremo. Hay que entusiasmarse con lo que haces, que haya profesores que nos entusiasmen, durante la universidad, pero empezando en la escuela». Porque, en nuestra sociedad, la educación es «esencial, fundamental, vital para la inteligencia».

«El verdadero patriotismo es el de la cultura y el diálogo»

Y ahí es cuando Emilio Lledó reprende a nuestros políticos, lastrados por los recientes casos de corrupción. «Este país merece que los políticos se entreguen de verdad a esa labor tan importante que es la educación. El verdadero patriotismo es el de la cultura, el de la palabra, el del diálogo», sentencia el filósofo. «Los clásicos tenían libertad, la mente limpia. Los primeros filósofos de Grecia miraban el mundo de verdad, querían entender. Todos queremos saber quién nos enriquece y nos manipula, eso lo aprendimos de los clásicos», recuerda.

Un hecho que a veces olvidamos, sumidos en esa «empobrecida individualidad», fruto de la «ignorancia» y la «falta de reflexión». Lledó defiende que «la filosofía brota de la necesidad del ser humano de entender el mundo y la riqueza se crea cuando hay riqueza espiritual, por eso hay que reivindicar y defender las humanidades». En ese sentido, «sería útil que los políticos se dieran cuenta de que la política tiene que estar manejada por gente que cree en la libertad». Sólo así es posible la ansiada regeneración, pues «la característica esencial del político es que sea una buena persona». Y eso también lo aprendimos de los clásicos: es el spoudaios, el centro de la ética aristotélica.