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El cisma entre UDC y CDC rompe las expectativas de independencia unilateral en Cataluña

La marcha de Duran hundiría a los convergentes en favor del bloque Unió, PP, PSC, C,s y quizá ICV, que no se ha definido aún

maría jesús cañizares - Actualizado: Guardado en: Actualidad

No por previsible, la ruptura de CiU supondría un fuerte impacto en la política catalana por la correlación de fuerzas que implica. De confirmarse la intención de Josep Duran Lleida de que su partido, Unió Democràtica de Catalunya (UDC), se presente en solitario en las próximas elecciones autonómica si Artur Mas las plantea como un plebiscito secesionista, supone un importante impacto en la línea de flotación independentista, pues es más que simbólico que quien representa todavía al sector más moderado del nacionalismo catalán, decida romper con una Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) entregada a ERC ideológicamente. Y también electoralmente, pues la apuesta de la formación que lidera el presidente catalán por una transición al Estado propio catalán ha ido acompañada de una debacle en las urnas con visos de ir a más.

Si UDC se presenta en solitario en unos comicios, adelantados o no -la prohibición de la consulta soberanista del 9 de noviembre apunta a un nuevo avance electoral- el hundimiento de CDC será casi total, porque incluso se podría producir una fuga de dirigentes y militantes contrarios a la línea dura convergente, lo que frena las expectativas de un Parlamento catalán con amplia mayoría a favor de una declaración de independencia unilateral, objetivo de ERC si gana esas elecciones. El bloque constitucionalista -UDC, PP, Ciudadanos, PSC y quizá ICV, que aún no se ha definido- tendría, obviamente, un peso mayor.

Si algo ha salvado hasta ahora de la quiebra a la federación de CiU, un matrimonio mal avenido como dijo en su día la vicepresidenta de la Generalitat Joana Ortega -también socialcristiana-, ha sido una estrategia de reparto entre moderados y radicales, por usar una terminología popular, para ganar más cuota en las urnas. Eso y más de dos décadas de liderazgo de Jordi Pujol, que a diferencia de su sucesor -aunque ahora haya cambiado su discurso- tenía muy claro que la construcción catalana pasaba por un toma y daca político con el Gobierno español de turno. Léase pacto. Léase entente con el catalanismo tradicional que representa UDC con muchos más años de historia que CDC. Curiosamente, a medida que Cataluña ha ganado en competencias y autogobierno, Convergència ha ido dando vueltas de tuerca soberanista hasta llegar al proyecto secesionista de Mas, cuyo relevo en CiU acabó con las esperanzas de Duran -que siempre hace gala de tener la última palabra- de convertirse en el heredero de Pujol.

El presidente de UDC ha aguantado demasiado desde que las nuevas generaciones convergentes se hicieron con el poder de la federación -Oriol Pujol, Josep Rull, Germà Gordó...-, pues por activa y por pasiva, Duran ha dicho que no es independentista, aunque defiende el derecho a decidir. Ello no ha impedido ataques desde CDC, que en cada congreso de la federación ha soltado el fantasma del cisma y acusaciones de deslealtad hacia Duran. Éste, a riesgo de desmontar la imagen de hombre de Estado que se ha cultivado en Madrid, donde ejerce de portavoz de CiU en el Congreso, se ha visto forzado a acudir con muletas a una manifestación independentista, la de la Diada de 2013, pese a que en un primer momento había asegurado que no iría (sus viajes al extranjero como presidente de la Comisión de Exteriores del Congreso le han ahorrado acudir a deteminados eventos identitarios).

La abdicación, la gota que colmó el vaso

Si la entente actual entre CiU y ERC no ha ido a más ha sido gracias a Duran, pues no consintió que ambas formaciones se presentaran coaligadas en las últimas elecciones europeas. Como tampoco desea que los republicanos entren en el Gobierno catalán -ahora dan apoyo a Mas desde fuera, y les va muy bien- e intentó impedir que la federación, al igual que ERC, votara en contra de la ley de abdicación del Rey Don Juan Carlos. Sin embargo, la abstención defendida por Mas, unida a las bravatas antimonárquicas del consejero de Presidencia, Francesc Homs, han supuesto la gota que colma el vaso secesionista de Duran. Tiene recursos económicos e influencias para hacer una campaña en solitario e incluso ha especulado con la posibilidad de sacar siete diputados (ahora tiene 13 en el Parlamento catalán). Decisivos, en cualquier caso, para romper una virtual mayoría en favor de la independencia en la próxima legislatura catalana.

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