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Saben quiénes son Rajoy y Zapatero, pero desconocen a qué partido pertenece cada uno. Viven ajenos a las elecciones generales; ni siquiera sabían que se celebraban ayer. Son los habitantes de El Gallinero, el poblado chabolista más pobre de España, situado a tan solo 15 kilómetros de la Puerta del Sol.
A los casi 400 rumanos de etnia gitana de este asentamiento no les interesa la política porque la política no se interesa demasiado por ellos. Es la conclusión a la que se llega después de pasear por la zona más deprimida de la Comunidad de Madrid mientras millones de españoles asisten a una jornada electoral prematura y lluviosa. Ayer a las dos de la tarde, cerca de 13 millones de ciudadanos ya habían depositado su voto en las urnas. Entretanto, la comunidad romà de la A-3 se mantenía al margen del vuelco electoral. Para ellos, era un día como otro cualquiera. Allí no se hablaba de diputados, senadores, mayorías absolutas ni votantes indecisos. Las 100 familias que residen en casetas de madera, plásticos y chapa no sabían que, a 20 minutos en coche, los partidos políticos preparaban sus discursos de júbilo o derrota. Ayer, su mayor preocupación era que las precipitaciones les dejasen sin suministro eléctrico durante días.
Otra visión de la política
Los mayores de 18 años no pueden votar porque no tienen la nacionalidad española, a pesar de residir aquí desde hace años. Desconocen qué es un colegio electoral o una urna, pero han memorizado dos apellidos: Zapatero y Rajoy. Si pudiesen votar, el socialista sería reelegido presidente por tercera vez consecutiva. El poblado lo tiene claro: «Zapatero cuenta con el voto del pueblo rumano. Te da papeles y no te manda a casa», contestan un hombre y una mujer a capela. Él se llama Constantino, tiene 23 años, 4 hijos y habla con una taza de café recalentado en la mano. Ella, Ramona, una de las pocas –acaso la única– que sabe quién es Rubalcaba. Cuando se refiere a este último, se pasa la mano por la cabeza. Es su forma de explicar a los demás que se trata de un tipo sin pelo.
Cuando hablan de «mandarlos a casa», parecen acordarse de las medidas que tomó Nicolas Sarkozy en 2010, cuando ordenó la expulsión de miles de gitanos rumanos acampados en territorio francés. De las legislaturas socialistas recuerdan especialmente un dato: el proceso de regularización de trabajadores extranjeros que llevó a cabo el Gobierno en 2005. «Para nosotros, Zapatero es como Jesus Christus (sic)», añade Constantino exaltado.
Ropa mojada cuelga de una cuerda atada a dos postes de madera. Algunas prendas están tendidas dentro de las casas, explican un grupo madres, para que los niños la tengan seca por la mañana. A estas horas, los españoles comentan los resultados electorales y debaten sobre la victoria de Rajoy. Los niños de El Gallinero se ponen la ropa limpia para empezar otro día al margen. Al margen de España y su cambio.






