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Timo en Florencia: un turista paga 25 euros por un helado

El ciudadano de Taiwán advirtió a su guía italiano; este avisó a la policía municipal que impuso al bar una multa de 2.000 euros

Corresponsal en RomaActualizado:

Hay helados que por sus precios arden antes de entrar en la boca. Un turista de Taiwán fue obligado a pagar 25 euros por un cono con una bola de helado de un solo gusto. Ante la cara de sorpresa del turista, el camarero del bar justificó el «asalto» señalando que el «helado cuesta caro porque es bueno». El taiwanés pagó religiosamente pero le advirtió a su guía italiano que había pagado un precio astronómico por un simple helado, el más pequeño de los que vendía el establecimiento. El guía quiso mirar los precios, pero el bar no los tenía a la vista del público. Recurrió a la policía municipal, que se presentó en el local, descubriendo que el cartel de precios estaba escondido detrás de la barra, aunque es obligatorio tenerlo bien visible para el público. En consecuencia, sancionaron al bar con una multa de 2.000 euros. Para el turista de Taiwan fue un consuelo, aunque seguramente el helado se le amargó en la boca.

La practica de no mostrar claramente la lista de precios está muy extendida en Italia, sobre todo en las ciudades con gran afluencia turística. No es inusual que el turista sea clavado cuando se sienta tranquilamente en una terraza y pide una consumición, sin haber tenido la precaución de mirar antes la lista de precios. Se trata de un abuso incalificable que daña la imagen del país. De hecho, la noticia ha dado ya la vuelta al mundo.

Precios récord

Seguramente el turista taiwanés pensó que había pagado el helado más caro del mundo. Pero está en buena compañía, porque los casos de fraude en bares y restaurantes son innumerables. Venecia se distingue por dar los mayores sablazos. En agosto un cliente pagó 43 euros por dos cafés y dos botellas pequeñas de agua. La pareja se había sentado para tomar un expreso admirando la Basílica de San Marcos, en una de las plazas más bellas del mundo, en el Gran Café Lavena, uno de los más antiguos y conocidos del lugar.

El ticket con la cuenta dio la vuelta al mundo por internet y causó escándalo. Otro tanto ocurrió en enero del pasado año, siempre en Venecia: En un restaurante cercano a la plaza de San Marcos, el Luca Sas di Zheng Cheny & C, cuatro estudiantes japoneses pagaron 1.145 euros por cuatro filetes, un plato de pescado, todo ello regado no con una botella de vino gran reserva, sino con agua natural.

Abusos, práctica cotidiana

En definitiva, el abuso en los precios a los turistas es el pan nuestro de cada día en Italia. Cabe destacar que a menudo en esos locales acostumbrados al abuso, el sablazo se lo suelen dar al turista, a menudo oriental. Es la consecuencia perversa de un comportamiento injustificable ante un turismo de masas, inflando astronómicamente los precios porque se trata a los clientes casi como marcianos porque se piensa que ya nunca volverán al lugar. Pero obviamente se cuidan mucho de evitar el fraude con el cliente local. Por ejemplo, en el caso del citado restaurante veneciano que pasó una factura de 1.145 euros a cuatro japoneses, un periodista local de «Il Gazzetiino» quiso comprobar los precios, fingiéndose un turista, y pagó 82,80 euros por el mismo menú. Las autoridades italianas no se cansan de repetir que lucharán contra ese fraude que dañan la imagen de Italia en el mundo. Pero la historia se repite.