Así sería la reforma lingüística de la Constitución según Carmen Calvo

Carmen Calvo, ministra de la Presidencia, en la comisión de Igualdad del Congreso ha dicho que pretende acabar con los «estereotipos patriarcales» de la Constitución y que se adecúe a un «lenguaje inclusivo»

Rosa Belmonte
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A vueltas con la reforma de la Constitución, la ministra de Igualdad se ha puesto a la vanguardia para cambiar lo que le parece mal como mujer, mujer, feminista, feminista. Quien fue cocinera antes que «fraila» y sostuvo que «las señoras tienen que ser caballeras, quijotas, manchegas» ha encargado a la Real Academia Española un estudio sobre la adecuación de la Constitución española a un «lenguaje inclusivo».

Carmen Calvo, vicepresidenta del Gobierno y ministra de la Presidencia, Relaciones con las Cortes e Igualdad, ha dicho en la comisión de Igualdad del Congreso que en cuanto el informe esté listo lo llevará a dicha comisión, así como a la comisión constitucional. «Será necesario empezar por tener un texto que nos incluya a las mujeres». Se añadiría a otra reforma («si llega, cuando llegue») porque, claro, el PSOE no tiene mayoría suficiente. Pero sí ocurrencias de sobra. Asegura Calvo que la sociedad de hace 40 años no es la de ahora y «hablar en masculino» traslada «imágenes masculinas». El Gobierno quiere acabar con los "estereotipos patriarcales» en la Constitución. Salió el Gordo (la Gorda). Nombrar a través de formas masculinas a hombres y mujeres, dice que invisibiliza a las mujeres. En cualquier momento nos tenemos que poner vendas, sombrero y gafas de sol, como Claude Rains en «El hombre invisible» por culpa de una Constitución que no nos ve. Lo pernicioso viene a ser que la Carta Magna nombra 23 veces a los «españoles» y ninguna a las «españolas»; 34 a los «diputados», y ninguna a las «diputadas»; nueve a los «ministros» pero ninguna a las «ministras»; siete a los «trabajadores», pero ninguna a las «trabajadoras».

Con esta melonada, habría que duplicar las palabras cada vez que se dice ciudadanos, españoles, todos, extranjeros, ministro, jueces, magistrados, diputados, senadores, niños y padres (luego pasa como con la APA, cuando añadieron a las madres, se transformó en AMPA y les pareció tan normal). No habría problema con «la dignidad de la persona» (artículo 10), «los individuos» (art. 16) o «toda persona» (art. 17). Pero el art. 7, que nombra a «los sindicatos de trabajadores», tendría que añadir «y de trabajadoras». El art. 11, que se refiere a «ningún español» se acompañaría de «o española». Y en la Disposición Final, el «Mando a todos los españoles» iría con un «y todas las españolas».

Al art. 32 no habría que meterle las manazas porque es el único que nombra a todos (siempre que no nos metamos en honduras LGTBIQ): «El hombre y la mujer tienen derecho a contraer matrimonio con plena igualdad jurídica». Cuando se llega al título de la Corona, se habla del Rey y del Príncipe heredero (tendrían que añadir reina y princesa heredera), salvo en el art. 58, que prevé ambos sexos: «La Reina consorte o el consorte de la Reina no podrán asumir funciones constitucionales, salvo lo dispuesto para la Regencia».

El artículo que quedaría muy sencillo sería el 162, sobre quiénes están legitimados para interponer el recurso de inconstitucionalidad: el Presidente del Gobierno, el Defensor del Pueblo, 50 Diputados, 50 Senadores, los órganos colegiados ejecutivos de las Comunidades Autónomas y, en su caso, las Asambleas de las mismas. Vamos a añadir más palabras. Por la vía Calvo estarían legitimados y legitimadas el Presidente o la Presidenta del Gobierno, el Defensor o la Defensora del Pueblo, 50 Diputados o 50 Diputadas, 50 Senadores o 50 Senadoras…

No es extraño que Patricia Reyes, de Ciudadanos, le preguntara: «¿Realmente usted cree que esa es la prioridad del Ministerio de Igualdad? Yo lo veo complicado, por no decir que imposible». Diciendo esas cosas, Carmen Calvo se parecía en el estrado a los jueces estrafalarios de las series de abogados.

Ahora habrá que ver qué hace la RAE. La Academia Francesa de la Lengua se posicionó claramente y alertó de esa «aberración inclusiva» que ponía la lengua francesa en peligro mortal. En Francia el «ministro» va precedido de «Madame» pero se sigue diciendo «el ministro». Madame le ministre (señora el ministro). El ministro puede estar embarazada. Y en inglés, las palabras precedidas por el genérico «the» no tienen connotación de género y son neutras. «The minister» se aplica a hombres y a mujeres.

Pero aquí tenemos una ministra que quiere adecuar la Constitución a un lenguaje «correcto y verdadero con la realidad de una democracia que transita entre hombres y mujeres». Lenguaje correcto y verdadero, una democracia que transita entre hombres y mujeres. ¿Pero todo esto qué demonios es?

Rosa BelmonteRosa BelmonteArticulista de OpiniónRosa Belmonte