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La propuesta alemana anticontaminación: solo tres vuelos por persona al año

El transporte aéreo se ha convertido en la última batalla medioambiental

Corresponsal en BerlínActualizado:

La demonización de los viajes en avión, como fuente emisora de gases de efecto invernadero, avanza a grandes pasos en la cultura popular europea, formando una corriente que parece circular de norte a sur. En Alemania, con las elecciones europeas como telón de fondo, el diputado de Los Verdes Dieter Janecek ha propuesto ahora crear una ley para limitar a tres el número de viajes de ida y vuelta en avión por año y por persona. Cualquiera que desee coger más vuelos tendría que comprar este derecho a sus conciudadanos que no hayan consumido su propio «presupuesto».

La iniciativa, que no ha sido recibida con mucho entusiasmo, llega después de que organizaciones medioambientales de toda Europa hayan impulsado una «cuaresma del clima» centrada en evitar el consumo de carne de vaca, animal considerado culpable del 16% de emisiones de gases de efecto invernadero, y en evitar los viajes aéreos en las semanas previas a la Pascua, como acción de purificación climática.

«Esta abstinencia por el clima es un comienzo, pero por supuesto al clima no le basta con posponer simplemente el vuelo a Estados Unidos para después de la Pascua, poco a poco hemos de concienciarnos de que se trata de una forma de transporte altamente contaminante que debemos dejar de lado», señaló Benjamin Stephan, experto en transporte de Greenpeace. Según la Agencia Europea de Medio Ambiente, por cada kilómetro un pasajero en avión emite 285 gramos de CO2, contra 158 en automóvil y 14 en tren.

Vetados en 2020

Los casos más agudos de repulsa están en los países nórdicos, como la reciente decisión de la Orquesta Sinfónica de Helsingborg, una de las más importantes de Suecia, que ha tomado la decisión de vetar a partir de 2020 a todos los directores visitantes o solistas que lleguen al país en avión, dando paso a lo que ha sido anunciado como la «primera temporada de orquesta sostenible del mundo».

Ya han comenzado los contactos con artistas, agencias y compositores interesados en participar en esa temporada, en la que la excelencia musical será sustituida por la disponibilidad para viajar hasta el lugar de los conciertos en tren o, posibilidad todavía más valorada, en bicicleta. El mismo día del anuncio, contactó con la orquesta un pianista armenio que vive en Viena y que se ofreció a tomar el tren hasta Helsingborg para tocar.

«Suecia está muy comprometida en la lucha contra el cambio climático, pero el sector de la música clásica ha estado exento de estos esfuerzos hasta ahora, como si el arte estuviera por encima de ese problema, y no es así», defiende el director de la orquesta, Fredrik Österling, «lo que estamos tratando de decir, y esperamos con ello provocar a colegas músicos de todo el mundo, es que el arte no está por encima del medio ambiente». «Hemos creado un gran revuelo», reconoce, «porque ahora a todas las otras orquestas se les está preguntando si también van a detener los vuelos, y las reacciones son muy variadas, desde los que nos llaman los talibanes del clima hasta los que siguen nuestro ejemplo».

También en Suecia se está llevando a cabo la campaña «Flight-free 2019», a la que ya se han adherido unas 7.800 personas a través de Facebook y otras 1.000 a través de su web. Los participantes hacen voto de no viajar en avión durante todo el año y están convencidos de que si llegan a 100.000 habrán logrado un cambio significativo en las emisiones. Según la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA), más de cuatro billones de personas volaron a lo largo del año pasado, aunque la aviación supuso apenas el 2% de emisiones globales de CO2. Pero Flight-free 2019 tiene un objetivo más a largo plazo. Aspira a que, en el futuro, tomar un avión por ocio vacacional sea un motivo «de vergüenza».

Christoph Bals, director político de la organización independiente Germanwatch, destaca que «volar es de lejos la forma de viajar más perjudicial para el clima, por lo tanto tiene mucho sentido plantearse si es verdaderamente necesario cada viaje en avión». Según la Agencia Alemana para el Medio Ambiente, un vuelo de ida y vuelta de Alemania a Maldivas genera por persona un impacto climático de más de cinco toneladas de dióxido de carbono. Por una emisión equivalente se puede viajar 30.000 kilómetros en un coche mediano. Bals insiste, por tanto, en que «prescindir del avión y del coche tiene que ir convirtiéndose gradualmente en una opción mayoritaria». «Cualquier persona que viaje al trabajo en autobús, tren o bicicleta en lugar del coche, durante solamente seis semanas, comprobará tal vez que es más barato, más saludable y menos estresante».