El Papa Francisco celebra la misa de apertura del Sínodo sobre los jóvenes en la Plaza de San Pedro
El Papa Francisco celebra la misa de apertura del Sínodo sobre los jóvenes en la Plaza de San Pedro - EFE

El Papa urge al Sínodo de Obispos a «no hablar a los jóvenes desde categorías y esquemas mentales superados»

Se emociona a dar la bienvenida a los dos primeros obispos de China autorizados a acudir a Roma

Corresponsal en El VaticanoActualizado:

En su primer discurso ante el Sínodo de Obispos sobre los jóvenes y el discernimiento vocacional, el Papa Francisco alertó ayer a los 267 padres sinodales «del peligro de hablar a los jóvenes desde categorías y esquemas mentales ya superados». Por primera vez, 34 rostros juveniles de chicos y chicas de todo el mundo, denominados «oyentes» pero que intervienen en los debates, daban alegría y optimismo a la sala.

Según el Santo Padre, los adultos «deben superar la tentación de subestimar a los jóvenes y de juzgarles negativamente», una patología que «se remonta al año 3.000 antes de Cristo, como refleja ya un vaso de cerámica de la antigua Babilonia». Era un ejemplo divertido, que desató risas en el aula.

Resumiendo los dos años de trabajo preparatorio, Francisco reconoció que «la Iglesia tiene una "deuda de escucha" respecto a los jóvenes, que sienten que no se comprende su originalidad».

Por eso, hasta el 28 de octubre, «este Sínodo tiene el deber de ser signo de que la Iglesia se pone de verdad a la escucha, se deja interpelar», pues «una Iglesia que no escucha se muestra cerrada a las sorpresas de Dios, y no puede resultar creíble».

Con toda claridad, el Papa les invitó a «salir de los prejuicios y los estereotipos» pues «los jóvenes tienen la tentación de considerar sobrepasados a los adultos; y los adultos la de ver a los jóvenes como inexpertos».

Era un discurso de «pontífice», de «pontifex» o «constructor de puentes», en este caso para salvar la gigantesca distancia entre la generación adulta y la de los nativos digitales, imprescindible para que el mensaje cristiano no se eclipse al desaparecer esta generación.

Junto con los 267 padres sinodales (cardenales, obispos, sacerdotes y religiosos) con voto en el documento final, participan plenamente en este Sínodo 23 expertos, 49 oyentes (entre los que figuran 34 jóvenes) y ocho delegados fraternos de otras Iglesias cristianas hasta un total de 347 personas.

El Papa invitó a todos a «superar con decisión la plaga del clericalismo», la visión «elitista» del sacerdocio como «un poder en lugar de un servicio». Según Francisco, «el clericalismo es una perversión, y la raíz de muchos males de la Iglesia por los que debemos pedir humildemente perdón y, sobre todo, crear las condiciones para que no se repitan». Era una referencia implícita a los abusos sexuales, cuya gravedad estaba en la mente de todos.

Francisco exhortó a los participantes a «producir en este Sínodo no solo un documento -que pocos leen y muchos critican- sino, sobre todo, propósitos pastorales concretos». Su referencia humorística a los críticos recalcitrantes provocó una nueva carcajada en una sesión marcada por el optimismo.

«Mirar de frente»

Por la mañana, en la misa de apertura celebrada en la plaza de San Pedro, el Papa les había urgido a «romper con el conformismo del "siempre se hizo así"», y a «mirar de frente el rostro de nuestros jóvenes y las situaciones en las que se encuentran».

Cuando comentó que «hoy, están por primera vez con nosotros dos hermanos obispos de China Continental«, la voz del Papa se quebró por la emoción, y a duras penas pudo seguir: «démosles nuestra afectuosa bienvenida; gracias a su presencia, la comunión de todo el Episcopado con el Sucesor de Pedro es aún más visible». Es el primer fruto del acuerdo provisional suscrito con Pekín el pasado 22 de septiembre.

Como los destinatarios de este encuentro son nativos digitales, este Sínodo será el primero seguido en redes sociales por millones de jóvenes en todo el mundo.