El Papa durante su visita de cortesía al presidente de Panamá, Juan Carlos Varela
El Papa durante su visita de cortesía al presidente de Panamá, Juan Carlos Varela - Reuters

El Papa pide en Panamá a los gobiernos «austeridad y transparencia»

Un joven con la bandera de Venezuela se lanzó inesperadamente hacia el coche del Papa pero pudo esquivarlo

Enviado especial a PanamáActualizado:

En la hermosa ciudad de Panamá, una mezcla de rascacielos ultramodernos y calles coloniales, el Papa ha desafiado el jueves a las autoridades nacionales a «vivir con austeridad y transparencia, demostrando que el servicio público es honestidad y justicia».

Con una sonrisa de satisfacción, el presidente Juan Carlos Varela ha enseñado a Francisco la preciosa vista de la ciudad desde el balcón del palacio presidencial. El Papa había disfrutado ya del entusiasmo juvenil en su recorrido por calles repletas de muchachas y muchachos alegres, con ropas de vivos colores, y una auténtica exhibición de banderas y marchas musicales.

Aunque hay jóvenes de 150 países, esta es una Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) arrolladoramente «latina» y centroamericana, lo cual hace visible una paradoja: los jóvenes de países con serios problemas -violencia política, bandas juveniles, emigración forzada, pobreza, etc.- son más alegres que los de los países ricos europeos.

El único contrapunto en estas calles soleadas es que muchos tienen el corazón encogido por lo que está sucediendo en horas de incertidumbre en Venezuela, y un muchacho con la bandera de ese país se lanzó inesperadamente hacia el coche del Papa en su primer recorrido, obligando a una maniobra evasiva para no arrollarle.

Aunque Francisco viene a tener encuentros con un cuarto de millón de jóvenes durante cuatro días, su primer discurso en Panamá fue dirigido a las autoridades nacionales y a algunos mandatarios invitados, como el presidente de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa, que ha ofrecido su país como sede de la próxima JMJ. La presencia de la imagen original de la Virgen de Fátima, que no salía del santuario desde el año 2000, ofrece una pista sobre las posibilidades.

El Papa ha invitado a las autoridades a «vivir con austeridad y transparencia», a «llevar una vida que demuestre que el servicio público es sinónimo de honestidad y justicia y antónimo de cualquier forma de corrupción». Había dado en el clavo, pues se lo agradecieron con un gran aplauso.

Francisco les ha dicho que los jóvenes han convertido su capital en «un ‘hub’ de la esperanza», donde «rezarán y reavivarán su compromiso de crear un mundo más humano. Así desafiarán las miopes miradas cortoplacistas que convierten todo en un juego de competitividad, de especulación y en la ley del más fuerte donde el poderoso se come al débil».

En un clima de elegancia y protocolo, pero a la vez familiar, el Papa se ha despedido manifestado a las autoridades «mis mejores deseos de una renovada esperanza y alegría en el servicio al bien común».

Poco después, en el encuentro con los obispos de los seis países centroamericanos, el Santo Padre les ha invitado a seguir el ejemplo de generosidad y valentíadel mártir salvadoreño san Óscar Romero, a quién canonizó el pasado mes de octubre, evitando con todas las fuerzas «el funcionalismo y clericalismo eclesial, tan tristemente extendido, que representa una caricatura y una perversión del ministerio».

También les ha animado a prestar atención a los jóvenes que viven en «situaciones altamente conflictivas: violencia doméstica, feminicidios -una plaga de nuestro continente-, bandas armadas y criminales, tráfico de drogas, explotación sexual de menores y no tan menores, etc. fruto de una sociedad que se fue ‘desmadrando’, se quedó sin madre, huérfana».

Al término de un discurso vibrante, centrado en prestar atención a los jóvenes pero sin paternalismos, Francisco les ha dicho que «la misión de la Iglesia no se basa en la riqueza de los medios ni en la cantidad de eventos sino en la centralidad de la compasión, uno de los grandes distintivos que como Iglesia podemos ofrecer a nuestros hermanos».

El Programa de la primera jornada del Santo Padre en Panamá incluye, al anochecer, la gran fiesta de acogida de los jóvenes en su jornada mundial.