Papa Francisco: «Las obras de misericordia corporales y espirituales son el estilo de vida del cristiano»

Convoca una colecta europea a favor de las víctimas y refugiados de la guerra en Ucrania el próximo 24 de abril

JUAN VICENTE BOO
Corresponsal en el VaticanoActualizado:

«El Evangelio es el libro de la misericordia de Dios, pero continúa siendo un libro abierto abierto donde se siguen escribiendo los gestos concretos de amor de los discípulos de Cristo, el mejor testimonio de la misericordia», ha sido el mensaje del Papa Francisco a decenas de miles de participantes en el Jubileo de la Espiritualidad de la Misericordia.

En estos dos días, muchos de los peregrinos que cruzaban la puerta santa de la basílica de San Pedro se dirigían inmediatamente a capilla de san Juan Pablo II, para rezar ante sus restos.

En su homilía en la plaza de San Pedro, el Papa Francisco invitaba a los peregrinos a dirigir la espiritualidad de la divina misericordia, promovida por san Juan Pablo II y santa Faustina Kowalska, hacia la acción concreta. Se trata de que toda esa riqueza espiritual descubierta cada vez con más fuerza en los últimos veinticinco años no sea un tesoro escondido, sino fuente de paz para todos.

Bajo una luz a veces cegadora, Francisco invitaba al mundo entero a seguir escribiendo el Evangelio de Cristo «realizando las obras de misericordia corporales y espirituales, que son el estilo de vida del cristiano». Comentando el miedo de los discípulos, que mantenían las puertas cerradas y no se atrevieron a salir del Cenáculo hasta que recibieron el Espíritu Santo, el Papa afirmó que en cada persona «puede darse un contraste, una lucha interior entre el corazón cerrado y la llamada a abrir las puertas cerradas y a salir de nosotros mismos».

Con gran fuerza, el Santo Padre exhortaba a todos a salir a la calle -como los primeros Apóstoles- , saliendo al encuentro de «una humanidad continuamente herida y temerosa, con las cicatrices del dolor y de la incertidumbre». Ante ese panorama, según Francisco, la misericordia divina «desea salir al encuentro de todas las pobrezas y liberar de tantas formas de esclavitud que afligen a nuestro mundo. Quiere llegar a las heridas de cada uno, para curarlas».

En concreto y en nuestros días, «ser apóstoles de misericordia significa tocar y acariciar esas llagas, presentes también hoy en el cuerpo y en el alma de muchos hermanos y hermanas suyos». Dejando muy claro de que no se trata de simple beneficencia, el Papa añadió que «al curar estas heridas, confesamos a Jesús, lo hacemos presente y vivo; permitimos a otros que toquen su misericordia y que lo reconozcan como ‘Señor y Dios’. Esta es la misión que se nos confía. Muchas personas piden ser escuchadas y comprendidas».

En un llamamiento, Francisco afirmó que «el anuncio del Evangelio de la misericordia busca personas con el corazón paciente y abierto, buenos samaritanos» que conocen la compasión y el silencio ante el misterio del hermano y de la hermana. Pide siervos generosos y alegres que amen gratuitamente sin pretender nada a cambio.

La «grave situación» en Ucrania

En este Año Santo de la Misericordia, iniciado el pasado 8 de diciembre, el Papa está multiplicando su ejemplo personal de obras de misericordia visitando a enfermos y a refugiados, yendo a centros de recuperación de toxicómanos y promoviendo muchos gestos de ayuda practica a las personas sin techo.

Al final de la misa jubilar, Francisco recordó un drama europeo, la guerra en Ucrania, «que ha causado miles de muertos y ha obligado a marcharse a más de un millón de personas a causa de la grave situación, que todavía continua». Ante el sufrimiento de los refugiados y los damnificados por esa guerra, el Papa anunció que «el próximo 24 de abril tendrá lugar una colecta especial en todas las iglesias de Europa, como gesto de solidaridad del Papa y de toda la Iglesia. Invito a los fieles a sumarse con un donativo generoso».

El Santo Padre manifestó su deseo de que ese gesto de ayuda económica por parte de los católicos europeos «ayude a promover sin nuevos retrasos la paz y el respeto del derecho en esa tierra tan atribulada». Al despedirse de los peregrinos, Francisco recordó que este lunes se celebra el Día Internacional para la Sensibilización contra las Minas Antipersonal, que continúan sembradas a millones en muchos territorios de guerra, causando víctimas muchos años después de que hayan terminado los conflictos.

El papa hizo notar que «demasiadas personas continúan siendo muertas o mutiladas por esas armas terribles, mientras que hombres y mujeres valerosos arriesgan su vida para limpiar terrenos minados. Por favor, ¡renovemos nuestro empeño por un mundo sin minas!».