El Papa Francisco preside la audiencia general semanal en el aula Pablo VI en la Ciudad del Vaticano
El Papa Francisco preside la audiencia general semanal en el aula Pablo VI en la Ciudad del Vaticano - EFE

El Papa Francisco advierte del peligro de ir a echarse las cartas o leer las manos

Ha presidido la primera Audiencia General tras la pausa del mes de julio

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El Papa ha retomado este miércoles la audiencia general después de la pausa veraniega. Ya volvió a la actividad pública ayer por la tarde con el macro encuentro que mantuvo en la plaza de San Pedro con 60.000 jóvenes de 19 países.

En verano la catequesis de los miércoles se celebra a cubierto, en el Aula Pablo VI, debido a las intensas temperaturas de la Ciudad Eterna, en días como hoy próximas a los 37 grados. El Aula Nervi estaba llena a rebosar puesto que, después de un mes sin la posibilidad de ver al Papa, los peregrinos, venidos de todo el mundo, estaban deseosos por encontrarse con él.

Francisco ha continuando con su ciclo de catequesis sobre los mandamientos. Se ha centrado en el primero del decálogo, recogido en el Libro del Éxodo «No tendrás otros dioses frente a mí». El Papa ha explicado que hay tentaciones que pueden alejarnos de cumplir con ese mandamiento, como por ejemplo, las idolatrías, que afectan por igual a no creyentes y creyentes e incluso provocan que haya algunos que incluso busquen fama dentro de la Iglesia, «porque se puede crecer en una familia cristiana pero centrada, en realidad, en referencias ajenas al Evangelio». A estas referencias el Papa las ha llamado «supermercado de ídolos», a disposición de cualquier persona, donde se pueden encontrar ídolos como la fama, la belleza o el dinero. Pero también Francisco ha advertido de otro peligroso ídolo que es el «rezar» a otros que no son Dios como, por ejemplo, a los adivinos o al Tarot: «Os pregunto, ¿cuántos de vosotros habéis ido a que os echaran las cartas para ver el futuro?, ¿cuántos de vosotros, por ejemplo, habéis ido a que os leyeran la mano para ver el futuro en lugar de rezar al Señor?».

El Pontífice ha asegurado que todos estos ídolos «exigen un culto, requieren sangre y un ritual» porque, aunque prometen la felicidad, en realidad, roban la vida. Con duras palabras ha criticado que, con tal de alcanzar esos ídolos, en las sociedades modernas se pasa por encima de los hijos, de la familia o de la estabilidad matrimonial: «El dinero roba la vida y el placer conduce a la soledad». De ahí que el Santo Padre haya advertido de que los ídolos «esclavizan» porque, en realidad, abocan a una «vorágine auto-destructiva» haciéndonos esperar un resultado que nunca llega. Los ídolos generan una hueca «ilusión de futuro», ha sentenciado Francisco. En contraposición a estos ídolos, el Papa ha propuesto a Dios, porque «el Dios auténtico no pide hijos sino que nos entrega a su Hijo».

Antes de concluir, el Papa Francisco ha querido redondear la catequesis invitando a una reflexión personal sobre los propios ídolos que consumen a cada persona. Por eso, ha despedido a los peregrinos con este mensaje: «Los ídolos nos roban el amor. Los ídolos nos vuelven ciegos al amor. Y para amar de verdad es necesario ser libre de cualquier ídolo. ¿Cuál es mi ídolo? Quítatelo y tíralo por la ventana».