El Papa Francisco durante el rezo del Ángelus
El Papa Francisco durante el rezo del Ángelus - EFE

El Papa pide combatir «con firmeza» el tráfico de seres humanos porque «es un crimen vergonzoso»

Durante el rezo del Ángelus ha recordado que los inmigrantes también son víctimas del tráfico de personas

VaticanoActualizado:

Este domingo el Santo Padre ha incidido de nuevo en la complejidad que encierra el fenómeno migratorio: «También las rutas migratorias son usadas por los traficantes y explotadores para reclutar a nuevas víctimas de la trata». Es la advertencia que ha hecho durante el rezo del Ángelus al recordar que mañana se conmemora el Día Mundial contra la Trata de Personas, «una plaga que reduce a esclavos a muchos hombres, mujeres y niños para explotarlos laboral o sexualmente, para el comercio de órganos, la mendicidad o la delincuencia forzada», ha lamentado el Papa Francisco. El Pontífice ha subrayado además que estos crímenes no son patrimonio exclusivo de los países menos desarrollados.«También pasa aquí en Roma», ha dicho con tono severo.

El tráfico de seres humanos es uno de los más lucrativos negocios ilegales que existen, casi a la altura del narcotráfico o del tráfico de armas. Según datos de la Organización Internacional del Trabajo y de la Organización Mundial para las Migraciones, esta lacra mueve unos 32.000 millones de dólares al año y afecta a más de 40 millones de personas, víctimas de otros que, carentes de cualquier escrúpulo, comercian con ellos como si fueran, simplemente, «carne humana». Muchas de estas personas se introducen en estas redes criminales cuando no tienen más remedio que pagar a un traficante para que les ayude a salir de su país en guerra o para escapar de la miseria. Por eso, el Santo Padre este domingo ha hecho hincapié en este vínculo entre migración insegura y tráfico humano.

Muy consciente de lo que suponen estas cifras y de que, detrás de cada número hay una vida y una historia, el Papa Francisco instauró hace 4 años la Jornada Mundial de Oración y Reflexión contra la Trata de Personas que se celebra cada 8 de febrero, fiesta de Santa Josefina Bakhita, la religiosa sudanesa que vivió en carne propia el horror de esta esclavitud moderna con tan solo 9 años de edad.

En más de una ocasión el Santo Padre ha calificado el tráfico de seres humanos como «crimen contra la Humanidad» y él mismo ha promovido el llamado «Grupo Santa Marta», un equipo de expertos mundiales que incluye a fuerzas y cuerpos de seguridad de más de 30 de países que, periódicamente, se reúnen en el Vaticano para intentan diseñar una estrategia común de prevención y, sobre todo, de asistencia a las víctimas de este crimen. Por ejemplo, una de sus últimas iniciativas es la elaboración de una guía para que cualquier ciudadano pueda detectar aquello que no se ve a simple vista y que pueda constituir un caso de explotación laboral o sexual. Un llamamiento a la acción personal y colectiva que ha hecho este domingo el Papa al insistir en que es «responsabilidad de todos denunciar las injusticias y combatir con firmeza este vergonzoso crimen». En sus palabras previas al rezo del Ángelus también ha invitado a superar cualquier indiferencia hacia el prójimo porque «de cara al grito del hambre, de cualquier tipo de hambre», de tantos hermanos y hermanas en el mundo, no podemos quedarnos tranquilos como meros espectadores». Además ha explicado que la caridad y la cercanía hacía los pobres, los débiles, los últimos y los indefensos son el mejor modo de comprobar la salud de la fe personal y comunitaria.

El Papa ha basado sus palabras de este domingo en el relato evangélico que narra la multiplicación de los panes y los peces y ha aprovechado para recordar que no se deben desperdiciar ni la comida ni ningún otro recurso: «A imitación de Cristo, la Humanidad entera está llamada a hacer que los recursos existentes en el mundo no se pierdan y no se destinen a objetivos relacionados con la autodestrucción del hombre sino que sirvan para el bien y para un legítimo desarrollo».