El explorador, en una imagen de archivo - ERNESTO AGUDO

Muere a los 84 años Miguel de la Quadra-Salcedo, el aventurero del siglo XX

Reportero, explorador, atleta, amante de la aventura y de la historia, inculcó en miles de jóvenes una forma apasionante de vivir

MadridActualizado:

Miguel de la Quadra-Salcedo era tan difícil de describir que ni siquiera él mismo supo decirnos, hace muchos años durante un viaje por América, qué le gustaría que pusiera su esquela el día que abandonara este mundo. Reportero, explorador, atleta, ingeniero agrónomo, amante de la aventura y de la historia… Ninguna de estas descripciones bastan para definir a aquel caballero escapado del siglo XV al que le gustaba burlar las leyes de la prudencia. Al final, tantos desafíos le pasaron factura, pero él no sabía vivir de otra manera. [En imágenes: Las botas de siete suelas de Miguel de la Quadra-Salcedo]

Leal a la Corona, desde los Reyes Católicos a Don Felipe, pasando por Don Juan Carlos, Miguel era un apasionado de América, pero España le quitaba el sueño. Hasta hace pocas semanas, llamaba a sus amigos, a las horas más intempestivas, para comentar las noticias que le inquietaban.

Transgresor e imprevisible, era muy difícil conocer a fondo a Miguel. Hace cuatro años, cuando cumplió 80, sus amigos más cercanos le organizaron un homenaje sorpresa, pero él no estaba preparado para recibir halagos. Austero, recio y pudoroso, se desenvolvía mucho mejor en la adversidad, con una anaconda enroscada en el cuello, transmitiendo una crónica bajo una lluvia de balas o con cientos de jóvenes hambrientos y picados de insectos a su cargo en medio de la selva. En esos momentos, se crecía y daba a todos una lección de superación.

La última lección

Su última lección la dio el pasado julio, cuando se escapó del hospital para no perderse la audiencia que había concedido el Rey a la Ruta Quetzal. Miguel se quitó la vía del suero y el tubo del oxígeno y acudió a La Zarzuela, como llevaba haciendo más de 30 años. Y, como había hecho siempre, se creció en el momento clave. Se levantó de la silla de ruedas para saludar al Monarca, y después, dirigió unas palabras durante siete minutos sin papeles.

-No, no te levantes, Miguel -imploraba en vano Don Felipe.

-Me he escapado literalmente del hospital -le respondió De la Quadra, con la satisfacción de haber transgredido otra vez las normas de la prudencia.

-Miguel, tú has sido un ejemplo todos estos años. Lo sigues siendo, y te agradezco el esfuerzo añadido hoy de estar aquí, contra la voluntad, seguramente, de los médicos. Pero te conocemos y sabemos que no hay nada que te frene -le dijo el Rey.

Apasionado de América

Aunque nació en Madrid (30 de abril de 1932), Miguel siempre se sintió vasco-navarro, la tierra en la que creció y descubrió a Julio Verne y en la que aprendió a lanzar la jabalina con una técnica con la que batió el récord mundial en los Juegos Olímpicos de 1956, pero que no se le reconoció. Ese mismo año, «descubrió» América, gracias a una beca para estudiar Ingeniería Agrónoma y Civil en Puerto Rico. Exploró durante tres años el Amazonas realizando clasificaciones etnobotánicas y empezó a emitir reportajes para TVE, que le nombró su primer corresponsal en Iberoamérica. Viajó por todo el mundo, siempre con libros y mapas en su maleta; cubrió las guerras de Vietnam, Eritrea y Congo, el golpe de Estado de Pinochet y la muerte del Che Guevara, y se convirtió en una referencia para toda una generación de periodistas.

Miguel se obsesionó con la idea de acercar «las dos orillas del Atlántico». Decía que no se podía conocer bien España sin conocer América. Fue por aquellos años cuando Don Juan Carlos, otro amante de Iberoamérica, le pidió que hiciera algo por «acercar a los jóvenes de las dos orillas» y empezó a organizar las expediciones de estudiantes. Don Felipe y Doña Letizia enviaron a su viuda el más cariñoso de los telegramas: «Siempre le estaremos agradecidos por su inestimable labor al frente del proyecto Ruta Quetzal, que no sólo ha contribuido enormemente a estrechar los lazos con Iberoamérica, sino que ha significado un compromiso cultural y social para jóvenes de todo el mundo».

La muerte le sobrevino este 20 de mayo, el mismo día que murió Cristóbal Colón 510 años antes. Falleció en su casa de Pozuelo de Alarcón, acompañado por su mujer, Marisol de Asumendi, que siempre le entendió y le acompañó en sus más osados proyectos, igual que sus hijos, Rodrigo, Sol e Íñigo, y sus nietos. Pero De la Quadra deja también huérfanos a los diez mil jóvenes europeos y americanos que le acompañaron en alguna de sus aventuras y a los que inculcó una forma mucho más apasionante de vivir la vida.

[Repasa la vida de Miguel de la Quadra-Salcedo, en imágenes]