Un vecino traslada unas cajas a su domicilio en Olmeda de la Cuesta - GUILLERMO NAVARRO

Las increíbles medidas de un pueblo de Cuenca para luchar contra la despoblación

Empezaron vendiendo solares a precios irrisorios. Ahora, Olmeda de la Cuesta quiere convertirse en un destino turístico con rutas de senderismo y obras de arte para frenar la despoblación

OLMEDA DE LA CUESTAActualizado:

Era un pueblo perdido de Cuenca, nadie sabía dónde estaba. Salió del anonimato con un titular que, al mismo tiempo, le clavó la espada del estigma: Olmeda de la Cuesta tenía en 2009, según un estudio del BBVA, la población más envejecida de España.

La estadística, defienden los vecinos de este pueblo situado a 52 kilómetros de Cuenca, no fue justa: «Vinieron los periodistas y, si aparecía un niño, le hacían quitarse de la foto. Fue muy feo», «Si solo tienes dos vecinos muy mayores es lógico que serás el pueblo más envejecido».

Aunque lamente las críticas, el Ayuntamiento ha hecho un esfuerzo irrefrenable desde entonces para revertir la situación. En 2013, subastó 15 solares a unos precios irrisorios; tanto, que volvió a ser noticia. En total, vendió seis, a unos 2.000 euros, que se quedaron cuatro personas de Olmeda, una familia de Venezuela y una joven de Madrid. Volvió a subastar los solares restantes al año siguiente más baratos aún. Por uno de ellos, de 60 metros cuadrados, se pagaron tan solo 200 euros. Al principio solo compraban extranjeros, pero ahora ha cambiado la dinámica, la gente del pueblo también quiere comprar y están pendientes de la próxima subasta.

Los números del padrón no han variado demasiado (son treinta y residen diez en invierno y cien en verano). Sin embargo, sí ha habido cambios los fines de semana porque la estrategia para frenar la despoblación ha sido la de hacer de Olmeda de la Cuesta un atractivo para el turismo. Según el alcalde, José Luis Regacho, las visitas pueden alcanzar las treinta personas sin contar las cien locales cuando hay actividades sábados y domingos. «Antes, cruzabas por la carretera y el pueblo pasaba desapercibido, estaba hundido, pero ahora lo hemos puesto en el mapa», asegura esperanzado Regacho. «Este pueblo tiene la misma problemática que cualquier otro de la comarca, la diferencia es que aquí sabíamos que estábamos muertos; el resto, no», explica el escultor, pintor y ceramista Vicente García.

García, de nombre artístico «Centegares», fue contratado por el Ayuntamiento para embellecer el pueblo. Este artista, que esparce su obra en cada esquina, ha sido el encargado de restaurar, con su propio pincel, la iglesia.

«Parecía bombardeado»

Pero eso es solo una parte de la renovación de Olmeda de la Cuesta: se han organizado visitas turísticas para enseñar el nuevo callejero y los árboles autóctonos donados por diferentes comunidades (el Gobierno Vasco entregó un retoño del árbol de Guernica), con los que se quiere hacer un paseo etnográfico. También se han creado rutas de senderismo. «Antes de todo esto, parecía un pueblo bombardeado», asegura Regacho. Ahora, al menos, está en construcción.

Olmeda de la Cuesta se encuentra en plena Alcarria conquense. El bullicio, las bocinas, los edificios y la nube «tóxica» de Madrid van desapareciendo a medida que avanza el contador de kilómetros del coche (no hay forma de llegar directamente con transporte público) y dan paso al paisaje castellanomanchego, de campo, ahora verde por las abundantes lluvias, y con pueblos que aparecen tan esporádicos que permiten advivinar que la desolación es la que reina en la zona. Después de cruzar Huete, a la izquierda de la carretera asoma, algo elevado, Olmeda de la Cuesta. «Lo único que se puede hacer aquí es desempeñar oficios liberales o emprender, pero eso requiere tiempo y el problema de la gente joven es que no tiene paciencia; quieren ganar dinero y tener vacaciones desde el minuto uno, pero los proyectos tardan en cuajar. ¿Quién se va a quedar si le dices que no verá los frutos hasta dentro de 20 años?», se pregunta Vicente.

«La agricultura en Olmeda es de secano, no necesita mano de obra porque con un tractor es suficiente, la gente ya no puede venir a vivir del campo», señala José Luis Ortega, un agricultor que reside en Olmeda. Soltero y de 52 años, asegura que no se marcharía, pero es consciente de que para otros puede ser difícil tanta soledad.

El pintor Vicente García ha colaborado en la restauración de la iglesia del pueblo
El pintor Vicente García ha colaborado en la restauración de la iglesia del pueblo - GUILLERMO NAVARRO

En cada esquina del pueblo, sobre un terreno elevado y ondulante, Vicente ha realizado unas esculturas de ferrocemento (material a base de mallas de acero y una capa fija de hormigón) siguiendo las suntuosidades de la localidad y dándole un aire artístico al pueblo. También ha creado un parque en los que pueden apreciarse cerámicas con datos y mensajes curiosos: «Pueblo de pocos vecinos, el cura guarda las vacas y el sacristán los gorrinos».

Huir de Venezuela

Sentado en el parque, con la espalda contra las cerámicas, Fernando mira unos planos. Es venezolano, tiene 24 años y el alcalde lo contrató para recrear en 3D los molinos del pueblo. Sus padres, Fernando y Mayra Picó, fueron algunos de los que compraron los solares aunque actualmente residen en Alcobendas. «Si tuviera trabajo viviría aquí pero siempre que cuente con coche para poder ir los fines de semana a Madrid», asegura el joven. Fernando da unos pocos pasos y, con unas vistas panorámicas de la montaña, en la que todavía quedan algunos picos nevados, aparece su padre trabajando en un terreno con tubos de pvc, moviendo la tierra y colocando algunos ladrillos. Es ingeniero de obras públicas y trabaja en el pueblo con obras de paisajismo o ayudando en la construcción de la casa de una mujer que también partió de Venezeula para vivir en Olmeda. ¿Los motivos? los mismos que los de la familia Picó: huir de la violencia, el hambre y los secuestros de su país. «La gente no es consciente de lo que vivimos allí. Durante un tiempo estuvimos sitiados en casa, había barricadas que tenía que sortear para ir a trabajar o comprar comida para mis hijos», confiesa Fernando con lágrimas en los ojos; sobre todo, cuando recuerda a sus padres, nacidos en Madrid.

Fernando Picó y sus hijos trabajan en la construcción de una casa
Fernando Picó y sus hijos trabajan en la construcción de una casa - GUILLERMO NAVARRO

Huertos o teletrabajo

La mala experiencia le ha hecho cambiar de planes. Lo que en principio era una casa en Olmeda de fin de semana puede llegar a ser una residencia permanente: «He sufrido un trastorno muy grande en Venezuela, decidí que jamás volvería a una ciudad. De ahí que no descarte quedarme en el pueblo».

Si bien esta y muchas familias encuentran en Olmeda el sosiego que tanto buscan, la clave para atraer gente es, a juicio del alcalde, el trabajo. «Con los fondos europeos podemos ayudar a vecinos como Fernando y su hijo para que, al mismo tiempo, colaboren en la reconstrucción del pueblo. Pero para tener trabajo aquí hay que hacer teletrabajo o poner huertos ecológicos con los que podría vivir una familia».

Obra de Vicente García en Olmeda de la Cuesta
Obra de Vicente García en Olmeda de la Cuesta - GUILLERMO NAVARRO

Si no hay soluciones en ese sentido, siempre le quedarán a Olmeda los fines de semana, cuando el pueblo se llena de de los vecinos que nacieron allí, que aprovechan el tiempo libre para compartir una barbacoa, unas cervezas o alguna comida típica. El matrimonio formado por Javier Bordetas y Maribel López tienen una casa en Olmeda porque ella nació ahí y hoy han decidido homenajear a los vecinos con un rancho, comida típica de Aragón, donde nació Javier. Se juntan unas cien personas, con niños correteando entre las mesas, mientras una bota va de mano en mano. Esta comida es una de las tantas actividades de la Asociación de Vecinos, formada por 200 personas. «Hay una leyenda urbana que dice que tenemos dinero, pero, en realidad, lo que tenemos son ganas de hacer cosas», concluye Vicente.