Uno de los murales y pinturas que dibuja la niña pequeña, de 7 años, de Elena Ramallo, y que tiene colgados en su casa
Uno de los murales y pinturas que dibuja la niña pequeña, de 7 años, de Elena Ramallo, y que tiene colgados en su casa - FOTOS CEDIDAS A ABC

Una mujer demanda al Estado tras perder la custodia de sus hijas por trabajar demasiado

Una doctora en Derecho abre el debate jurídico sobre la dificultad para las madres de conciliar y no aparcar su trabajo

MadridActualizado:

Apenas ocho kilómetros distan Bergondo y Sada, ambas poblaciones de La Coruña. En la primera localidad se encuentra Elena del Pilar Ramallo Miñán, conocida en Galicia por su dilatada trayectoria profesional y proyección internacional, como directiva en seis universidades; en la segunda están sus hijas, de 13 y 7 años, cuya custodia perdió el año pasado, para más inri, «un día de la mujer, el 8 de marzo», en un juicio, cuando menos, controvertido, lamenta. El argumento clave fue que trabaja demasiado tiempo y fuera de casa, enfrascada en viajes y conferencias, tal y como declaró la abuela materna de las niñas y que la juez apreció como la única prueba testifical en la vista.

Doctora en Derecho, creadora de la primera Cátedra del Banco Santander de Responsabilidad Social Corporativa (RSC)de la Euroregión Galicia-Portugal, delegada de Dirse (Directivos españoles) en Galicia, el currículo de Ramallo es interminable. Tiene siete libros en su haber, además de ser la acreedora de un sinfín de artículos y proyectos. Ha trabajado para el Ministerio de Igualdad como académica gallega en el ámbito de la RSC. Pero ahora se enfrenta a su peor dilema «de género»: ¿debe una mujer brillante y divorciada aparcar su trabajo para no perder a sus hijos? ¿Les sucede lo mismo a los hombres?

Ella misma se ha encargado de abrir el debate jurídico. Habla para ABC mientras decide con su abogada, Ana Rego, cómo eleva una demanda contra el Estado ante la instancia judicial pertinente, con toda probabilidad la Audiencia Provincial de La Coruña. Ramallo acusa al sistema de someter a un «agravio comparativo a todas las mujeres porque en cuanto alcanzan cierto nivel, se las estigmatiza socialmente». De hecho, según ella, «como madre, mujer y ciudadana, demanda que nadie más en España, por el hecho de trabajar y amar su trabajo, pueda perder a sus hijos». «Nunca he marginado mi tarea como madre», alega.

«Miles de horas»

En la sentencia que le «priva» de sus hijas, como escribe en un artículo publicado ayer en «El Correo Gallego», la juez consideró como prueba sólida para arrebatarle la custodia que, en un principio, iba a compartir con su exmarido, S. R. L, la declaración de su madre y abuela de las niñas, que se quejó de que no atendía a las pequeñas y «estaba siempre nerviosa por dedicarse a su profesión en exceso». «He tenido que dedicar miles de horas a mi trabajo, robándoselas al sueño y con mucho esfuerzo», esgrime. Porque ha tenido que compaginar, «como millones de mujeres» –precisa– ese sacrificio diario por despuntar en su trabajo con la crianza de dos hijas, S. y O., que hoy tienen 13 y 7 años.

Hace cuatro años, cuando decide poner punto y final a su matrimonio comienza su «infierno» particular, relata. El auto, fechado el pasado 12 de marzo de 2018 y dictado por la juez de Instrucción número 2 de Betanzos, Carmen López, recoge, con la aquiescencia de los progenitores de Elena, que se le otorgue la custodia al padre porque ella «pasa demasiado tiempo fuera del hogar conyugal». «La juez fundamentó su decisión jurídica en la palabra de mi exmarido, sin otra prueba, ni médica ni de otro tipo, para dictaminar que no estoy capacitada para ser madre», y «destrozó mi corazón y mi vida», apela. Él dijo que ella «no está bien psicológicamente». La primogénita, con 12 años, también declaró: «Mi madre no está bien, como dice mi padre», señaló la niña. La sentencia firme, a la que ha tenido acceso este diario, no admite recurso, y está dictada por dos juezas en primera y segunda instancias, la número 2 y la número 4 de Betanzos, Emma Mourenza.

Ramallo y su letrada reprueban que la juez consideró prueba de cargo la declaración de la madre de la doctora (con quien tiene desavenencias desde hace años). La abuela de las pequeñas alegó que su hija debería ocuparse de atender a sus niñas y no trabajar fuera de casa, porque el trabajo del padre ya era lo suficientemente bueno como para mantenerlas, una idea que «choca»de frente con las ansias de realización personal y profesional de la mujer del siglo XXI, dice Ramallo. «En la España de 2019 tenemos que evitar que esto pase», dice, y completa: «Mi pecado fue el día que dejé de ser la mujer del ingeniero (la profesión de mi exmarido). Todavía hay un parte de esta sociedad que pide la igualdad, pero considera que la mujer tiene que criar a sus hijos todo el tiempo, si no, es una mala madre».

«Sobre conciliación y techos de cristal»

En plena campaña electoral, con los líderes políticos enfrascados en un debate que habla de «conciliación» y de «techos de cristal», esta directiva demanda al sistema que todavía aplaude a los altos cargos varones y les anima a destacar en sus oficios para que enmiende sus errores. Mientras, «consiente este castigo jurídico» y condena a mujeres que se vuelcan con su perfil laboral, haciendo auténticas cábalas para cumplir con todos los deberes que la maternidad implica.

«La sociedad machista pervive, considera que las mujeres que estudian, son independientes, desarrollan trabajos con viajes y responsabilidades profesionales destacadas, y que, además, se divorcian, somos malas madres. He sufrido comentarios como “¿qué habrá hecho para que le quiten a una madre a sus hijas?”. Es una perversión del sistema, se vulnera mi derecho al trabajo y me provoca un gran perjuicio profesional», comenta, apenada. «Me han quitado a mis hijas por trabajar», remata.