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First Dates Un comensal insinúa que su pareja está borracha: «No es el primer vaso que toma»

La cita entre Nati y José Manuel fue un desastre desde el primer minuto

CUATRO
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Este martes fue a buscar el amor a «First Dates» Laura, una estudiante madrileña de 19 años que dijo ser «muy alegre y espontánea». Pese a ello, sus relaciones no habían sido muy buenas: «No he tenido suerte nunca». Le contó a Sobera que buscaba a un chico «maduro, natural, alegre, espontáneo...Vamos, que sea un yo en chico».

Esa alma gemela podría ser Javier, un madrileño de 18 que apuntaba muy alto pese a su tierna edad: «Yo quiero ser presidente del gobierno porque tengo mucha ambición política. Quiero llegar a lo más alto para cambiar las cosas». La primera impresión fue bastante buena para amboa, y él reconoció que se había sentido «impactado» al conocer a Laura. Se sentaron a la mesa y todo siguió tan bien como al comienzo.

Hablaron sobre infinidad de temas y se rieron mucho juntos. No coincidían en todo, pero descubrieron que tenían un carácter complementario. A los dos les gustaba mucho ir a conciertos y festivales, los animales y los planes improvisados. Poco después empezaron a hablar sobre política porque ella reconoció que era «podemita». Él replicó que él era «marxista, en concreto marxista leninista». Ella no le prestó mucha atención, y despachó el tema diciéndole que «había estudiado a Marx en el instituto pero no me acuerdo».

Él no dejó pasar el tema y le comentó que se había presentado «como concejal por un partido de izquierdas, porque en política quiero aspirar a ser presidente del gobierno». Laura alucinó al escucharle y en el confesionario reconoció que «yo no podría estar con el presidente del gobierno. Imagínate que vamos por el Retiro y alguien nos tira un centollazo». De todos modos, parece Laura no tenía mucha fe en el futuro político de Javier y accedió a tener una segunda cita con él.

La comensal más estrafalaria de la noche fue sin duda Nati, una funcionaria ovetense de 63 años con la piel bronceada y el pelo teñido de rubio platino. «Yo nunca estoy sola, pero soy muy independiente», explicó, «no tengo amigas porque me gusta ir a mi bola, pero como soy muy conocida en Oviedo siempre estoy con gente». Sobera le preguntó qué tal le había ido en el amor y ella contestó que mal: «Porque siempre fui demasiado guapa, muy presumida e iba de punta en blanco, y entonces los que a mí me gustaban se pensaban que era una pija. Solo venían los caraduras para lo que venían».

Le contó también al presentador que estuvo casada y su marido la abandonó cuando su hija tenía cinco meses: «Entonces ya lo maté, hay que matarlos a todos», zanjó. Sobera se quedó mirándo a Nati y flipando con lo que oía. «Mi humor es así», le tranquilizó la asturiana, «a mí me llaman Nati la auténtica, y en Oviedo soy famosísima».

También de Oviedo era José Luis, un jubilado de 74 años que buscaba a una persona «que me sepa comprender y que me llame la atención. Solo pido sinceridad y amor». Los dos se vieron delante de la barra y se impuso un silencio incómodo. Él dijo que quería beber una cerveza con alcohol porque «el alcohol es malo»,y ella lo miró de reojo con mala cara: «Voy a mojar los labios en el vino», dijo con malicia.

José Manuel reconoció que Nati no le gustaba casi nada: «Cuando me la presentó pensé en decirle a Sobera "yo marcho para casa"». Ella contó algo parecido: «Físicamente no me gustaría no jarta de grifa». Pasaron a la mesa y la conversación fue arrancando a trompicones: «Está guapo el restaurante», comentó ella para romper el incómodo silencio. Sin venir a cuento Nati empezó a contar que era «la más famosa de Oviedo. Si vas por la zona de Salesas me vas a ver por ahí, que es donde vivo».

José Manuel no estaba muy cómodo en la cita y dio unas explicaciones en el confesionario: «Ella vive en Oviedo en la calle de los vinos, y yo en cuanto la vi me di cuenta de que ese no era el primer vaso de vino que tomaba». Nati siguió a lo suyo, haciendo chistes y riéndose ella sola. Cuando vio que a él se le movía un poco el pulso al beber ella se lanzó a por él: «¿Estás nervioso, te acojonaste?». Él, efectivamente muy nervioso, lo negó.

«No me gustó nada de Nati», resumió José Manuel. La cena prosiguió casi en silencio y se notaba que ninguno tenía interés en tener una segunda cita. «Has dado en el clavo», le dijo irónicamente Nati a Sobera. El resultado fue el esperado, y cada uno se volvió para Oviedo por su cuenta.