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First Dates La delirante afirmación de un comensal sobre su teléfono: «Es tecnología alienígena»

José Joaquín presumió ante María Isabel de tener grandes conocimientos espirituales y metafísicos, pero su estrategia de seducción no funcionó

CUATRO
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Esta tercera semana de julio «First Dates» volvió a las pantallas de Cuatro para ayudar a encontrar el amor a los solteros de nuestro país. Una de las primeras en llegar a plató fue María Isabel, una mujer de 60 años con ganas de asentarse con una pareja estable tras varios años de soledad. Su pareja fue José Joaquín, un hombre de 63 años con aspecto juvenil y una estética muy cuidada.

Se sentaron a cenar juntos y desde el principio estaba claro que ninguno de los dos tenía demasiado interés en su pareja. Tras las preguntas de rigor para romper el hielo, ella quiso conocer la vida sentimental de él. «Yo soy separado dos veces», le contó José Joaquín, «y ahora he tenido una relación muy difícil con una chica joven, de 30 y pico». A ella le alucinó oírle decir esto, pues no entendía que hacía José Joaquín con una persona tres décadas menos que él.

«Esa chica me dio muchos problemas», lamentó él, «estoy endeudado en préstamos, en tarjeta y en todo, y no tengo la posibilidad de recuperar nada». María Isabel seguía sin dar crédito a lo que oía y prefirió cambiar de tema preguntándole por sus aficiones. «Me gusta leer y la música, sobre todo el rock y el blues», le contó él, «y a veces salgo, pero no viajo ni nada». Con el fin de mantener la conversación encendida María Isabel le preguntó por las habilidades videntes de las que había presumido al comienzo de la cita. «No leo el futuro, sino que lo vislumbro», puntualizó, «tengo la intuición de que va a pasar algo y pasa».

De pronto, y sin venir a cuento, él cogió su teléfono móvil que estaba sobre la mesa y le confió a su pareja que «yo veo esto y esto es tecnología alienígena. Esto no es nuestro, es una paruda galáctica que crea condicionamiento y adicción a las personas». Una vez más, ella se quedó seca y salió del paso balbuceando que «antes era peor». José Joaquín demostró ser una persona arrogante y le dijo que no era así, «pero eso pertenece a otro campo del conocimiento».

María Isabel, ofendida, le dijo que ella sí conocía cosas, pues era aficionada «a documentales de astrología y arqueología». Él la interrumpió súbitamente: «¡La arqueología oficial es una parida absoluta!». Ella ya había tirado la toalla y contó en el confesionario que «nunca hubiese esperado que iba a ir todo tan mal». Hasta el final de la cena él se puso a hablar sobre brujería, metafísica y espiritualismo. A la hora del desenlace, aunque él quiso tener una segunda cita, ella alegó que no había sentido lo necesario para seguir conociendo a José Joaquín.