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First Dates Un comensal obsesionado con el sexo acaba su cita decepcionado: «La veo muy fría, como si no le gustase»

Conchi y Juan tuvieron una cena agradable y distendida pero desde el principio estuvo claro que no tenían futuro como pareja

CUATRO
Actualizado
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Una semana más, Carlos Sobera volvió a presentar «First Dates» con el objetivo a emparejar a los muchos solteros que llaman desesperados al programa de citas de Cuatro. Una de las primeras en aparecer por el restaurante este martes fue Conchi, una jubilada malagueña de 66 años que perdió a su marido en un accidente cuando tenía 36 años.

«Desde entonces no sé lo que es el amor», lamentó la mujer. Tras todo este tiempo, ahora ha querido intentarlo de nuevo y dijo buscar a un hombre «caballero como los de antes y que sea cariñoso. Los hombres de ahora casi que te dan con la puerta en las narices, y eso no me gusta». Además, le contó a Sobera que le gustaría que a su pareja «le guste bailar, y si es posible jueves, viernes, sábado y domingo».

Para cenar con Conchi apareció con un ramo de rosas bajo el brazo Juan, un jubilado malagueño de 67 años. «Yo voy siempre limpio y muy curioso para que la gente me mire», contó en su presentación, «soy también una persona muy sensual y quiero a una mujer a la que también le guste el sexo como a mí. Las mujeres que me encuentro por ahí son muy frías».

Se sentaron a la mesa y en un principio la conversación fue muy fluida y con muchos puntos en común entre ambos. Pronto descubrieron que a los dos les gustaba mucho salir, bailar e ir a la playa. Sobre esto último hablaron largo rato, pues tanto a Conchi como a Juan les apasiona estar en la playa desde la mañana hasta que anochece. «¿Y tú cómo me ves?», se lanzó a preguntar él. «La verdad que bien. Delgadito y muy apañado», respondió ella un tanto avergonzada. Él no respondió a la cara, pero luego en el confesionario dijo que «no me agrada su cuerpo. Tiene que perder peso».

Ya al final de la cena, cuando ambos se sentían más confiados, empezaron a hablar sobre su forma de entender el amor. Conchi le confesó que llevaba casi treinta años sin estar con un hombre, algo que no le gustó nada a Juan: «Eso no me entra». Él empezó a enumerarle los rasgos de la mujer de sus sueños: «Sincera, que sea una señora y que nos cuidemos el uno al otro». Fue entonces cuando sacó a relucir su gran obsesión: el sexo.

«El sexo hace mucho, tanto para el hombre como para la mujer», le explicó el malagueño a Conchi, a quien no se la veía con muchas ganas de hablar del tema. «La veo muy fría», se lamentó él en el confesionario, «como si no le gustase el sexo, vaya». A la hora del desenlace, Conchi dijo que quería tener una segunda cita con Juan para «seguir conociéndose». Juan empezó a justificarse: «He estado cómo contigo, me has agradado pero...ha faltado esa chispilla y, además, no hemos hablado de sexo, que es algo que incluye mucho».