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Mi casa es la tuya Casado habla sobre los hijos de Iglesias y Montero: «Me siento muy cercano a ellos en esto»

Bertín Osborne sentó a su mesa a los tres candidatos de la derecha para intentar conocer a la persona detrás del político

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Este viernes Telecinco emitió el esperado especial de «Mi casa es la tuya» en el que Bertín Osborne sentó a su mesa, por separado, a Albert Rivera, Pablo Casado y Santiago Abascal. Tal y como confirmó Mediaset, Iglesias y Sánchez, líderes de Podemos y PSOE, han preferido declinar la entrevista.

Esta era la primera vez que el líder de Vox, Santiago Abascal, aparecía en televisión desde el comienzo la precampaña. El político ha rechazado la invitación de «El Hormiguero», al igual que Sánchez, algo que sí han hecho ya Pablo Casado, Pablo Iglesias y Albert Rivera. Este último, precisamente, aprovechó su entrevista cen «El Hormiguero» para dejar algún que otro mensaje a Casado: «Le ofreceré el ministerio de universidades», aseguró el político catalán.

Gracias a los avances publicados por Telecinco y por el propio Bertín Osborne, la audiencia pudo conocer algunas de las preguntas a las que se verían enfrentados los candidatos durante el programa. «Me he permitido algunas de las preguntas que todos queremos hacerles», dijo el entrevistador al comienzo del programa, «pero por encima de todo he querido conocer a la persona por encima del político».

El primero en ser entrevistado fue Pablo Casado, hijo de médico y profesora y quinto de seis hermanos como contó Bertín. El popular llegó con un kilo de carne de Ávila para agasajar a su entrevistador. «Lo estoy pasando pipa en la campaña», le confió Casado, «me estoy haciendo la vuelta a España, porque hay que echarle horas».

«¿Tú crees que la gente te conoce?», fue la primera pregunta de Bertín. «Creo que de los que se presentan a las elecciones al que menos», respondió el popular, «pero ya he sido portavoz del partido, me gusta dar la cara y tengo relación con la prensa. Además, me encanta la política: esto es una vocación para ayudar a la gente». En este punto, Casado le hizo una confesión a Osborne: «Cuando decidí presentarme al congreso hice una búsqueda de trabajo y encontré, en París, porque si no ganaba no quería molestar. Mi mujer y yo llegamos a mirar colegios y todo».

Tras la primera escena con Casado se pasó al recibimiento de Rivera, que apareció con una empanada gallega bajo el brazo. «El último que trajo empanada fue Rajoy», recordó Bertín. Empezaron hablando sobre los padres del político: «Mi familia me ha apoyado siempre». Sobre sus planes en caso de llegar a la Moncloa, Rivera dijo ser «bastante prudente. No me gusta hablar de lo que pueda pasar antes de que suceda».

El último al que vimos llegar a casa fue a Santiago Abascal, que obsequió a Bertín con un vino y unos pimientos rellenos de quinoa hechos por su mujer. «Son pimientos ecológicos y españoles», aclaró el político al llegar. «Pensaba que ibas a venir a caballo», bromeó el entrevistador. Sobre su campaña, Abascal contó que estaba siendo «más relajada que los demás. Dicen que estoy desaparecido, pero los demás andan todos como pollos sin cabeza». Bertín quiso saber por qué el líder de Vox no concedía más entrevistas: «Los medios nos han ninguneado y nos tratan injustamente. Pero nos hemos dado cuenta de que no les necesitamos, porque llegamos a la gente por las redes sociales».

Tras esta primera escena de presentación pasaron a la charla en profundidad. Casado empezó hablando sobre sus orígenes leoneses, sus padres y sus hermanos. «Estamos muy unidos y nos vemos mucho», contó el invitado. «¿Y cómo llevan que seas político?», se interesó Bertín. «Con resignación», reconoció Casado, «me apoyan, pero mi familia no es de esas de "mira a mi niño, que sale en la televisión". Llevan mal la pérdida del anonimato y las críticas».

Bertín se interesó por la vocación política del candidato. «En mi casa ha habido aversión a la política, porque mi abuelo fue represaliado por el régimen franquista. Era un médico avanzado de la UGT pero le cayeron treinta años de cárcel que se quedaron en seis, aunque nunca pudo ejercer la medicina. Por eso me incomoda cuando me hablan de la memoria histórica. Aquella generación fue ejemplar, porque pasaron página y supieron mirar hacia delante».

El siguiente tema que sacaron fue el de Pablo, hijo de Casado que nació tras solo veinticinco semanas de gestación. «Ahora está fenomenal. Cuando nació era una ratita y las pasamos canutas», recordó el político, «estuvo en coma entubado, pero se agarraba a la vida como un campeón». Al hilo de esta cuestión habló de Iglesias y Montero, que también tuvieron a sus hijos prematuros: «Son unos padrazos y me siento muy cercano a lo que están haciendo. Respeto mucho la ausencia de Pablo para cuidar a sus hijos».

«Me hubiera gustado que viniera Iglesias», se lamentó Osborne, «no le conozco de nada y no nos parecemos, pero me hubiera gustado mucho antes de charlar con él».

Le tocó acto seguido el turno a Rivera, a quien Bertín le preguntó primero por su mudanza a Madrid. «Me costó venir», reconoció el político, «pero me parece una ciudad maravillosa y acogeradora, pero echo de menos mi Barcelona al lado de mar». Sobre la tienda de su madre, frecuentemente atacada por independentistas, Rivera dijo que «hay gente que se dedica a joder y a poner amenazar a lazos amarillos».

Contó Rivera que sus padres le educaron «en la responsabilidad y en la libertad y, a pesar de ser hijo único, no me han educado en el capricho. Cuando suspendía, por ejemplo, me amenazaban con ponerme a trabajar en la tienda. Yo les echaba un cable en verano y en navidades, y tengo la vida del comerciante muy inculcada».

Sobre su juventud, contó que su primera vocación fue la de abogado y luego la de deportista, que le llegó cuando compitió en natación y waterpolo. En cuanto a su época universitaria, Rivera recordó que él quería ir a la universidad púbica en Barcelona, pero acabó siendo admitido en una universidad privada que exigía más trabajo: «Me gustó y también me lo pasé muy bien».

Pasando al plano personal, Bertín le preguntó por su supuesta relación con Malú. «No me había enterado de eso», echó balones fuera Rivera. Ya cerrado este capítulo salió a colación la hija de Rivera. «Ella vive en Barcelona, pero todos los días la veo y hablo con ella gracias a la tecnología», relató el político, «tiene siete años y ya sabe a lo que me dedico, a veces me busca en internet. Pero en términos políticos no le quiero inculcar nada».

El tercer turno fue para Abascal, que habló sobre sus orígenes vascos y su familia. «Mi familia son todos comerciantes, y mi abuelo nunca aceptó los chantajes de ETA», contó orgulloso Abascal. Sobre la banda terrorista, recordó que «a los 9 años me hice consciente de forma muy abrupta de lo que era cuando me enteró de que habían asesinado al cartero de Amurrio. Aquello me impactó y conocí lo que estaba sucediendo en mi tierra. Mis padres no quisieron ocultarme la realidad ni protegerme de una manera artificiosa».

El político recordó cuando quemaron la tienda de su padre: «Yo recuerdo que iba en el coche y lo escuché en las noticias de la radio. Conduje más rápido de lo que debía para llegar». Recordó también que en el instituto «iba vestido de la selección española y se metían conmigo y me insultaban. Mis padres fueron al colegio a montar la de San Quintín en el colegio y me volvieron a vestir con la camiseta de la selección».

Al hilo de esto, contó que «con 23 años me saqué la licencia de armas para proteger a mi padre. Lo que hemos dicho sobre las armas ha sido muy diferente a lo que cuentan los medios. Nosotros creemos que uno tiene derecho a defenderse en su casa». «¿Y eras rebelde de joven?», quiso saber Bertín. «No especialmente», reconoció Abascal, «he sido tímido y formal, y un estudiante formal». Respecto a la educación de sus hijos y su orientación política, el líder de Vox respondió que «la lealtad a la patria tiene que estar fuera de toda discusión».