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Oti Rodríguez MarchanteOti Rodríguez Marchante

«Roma», de la memoria, para la memoria

Todo es emotividad sin cálculo, reflejo como de lo recién rodado, sentido, y en la parte final se desborda hacia algo enorme, puro

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¿Dónde ha ido Alfonso Cuarón para encontrar esta «Roma» y de dónde nos la trae? La pregunta no es retórica, pero la respuesta, sí. Cuarón ha ido a por ella a su infancia y nos la trae de una barriada de clase media de México.

Que viene de su interior, de su memoria o de la sublimación de ella, nos lo sugiere el maravilloso blanco y negro con el que adorna su paisaje social, de crónica familiar, la suya propia, narrada a una temperatura insólita en la que lo hirviente y lo templado forman un cálido vaho en la mirada. Es la mirada del recuerdo, de la infancia hacia el universo que la ordena, reposada en la joven sirvienta (¡qué personaje!) y alterada en la familia a la que sirve, un matrimonio y sus cuatro hijos (presumiblemente, Cuarón es uno de ellos), y a ese tiempo despojado de horas por el que pasa el mundo entre juegos, tareas del hogar, discusiones matrimoniales que apenas se oyen, y un espacio interior en el que se hace grande lo mínimo, lo íntimo, la respiración de lo cotidiano, pero también sugiere lo gigantesco, los terremotos y las revueltas sociales y personales (la intrigante figura del padre, que se sale de esta película y, mientras tanto, vive en otra película que no es la que nos quiere contar Cuarón, pero la masculla).

Sin alarde, con la aparente sencillez de un ejercicio más de ese músculo raro que llamamos memoria, la cámara de Cuarón penetra, o se deja penetrar, sin agresividad en esa historia llena de alegría, amor, consuelo y protección hasta que, de modo sutil y natural, también permite que la violencia, la oscuridad y los miedos entren y masajeen ese músculo. Todo es emotividad sin cálculo, reflejo como de lo recién rodado, sentido, pero en la parte final se desborda hacia algo tan enorme, tan poderosamente puro, angustioso y gozoso, que se sale de ella como quien llega a la orilla de un mar agresivo y revuelto. Una película de la memoria y para la memoria.