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Alfonso Cuarón: «El problema de la memoria es que te lleva a pasillos infinitos y laberínticos»

El mexicano, ganador del Oscar por «Gravity», estrena «Roma», con la que viaja a su infancia para homenajear a las mujeres de su vida

Alfonso Cuarón, en una foto de archivo de Venecia, donde ganó el León de Oro
Alfonso Cuarón, en una foto de archivo de Venecia, donde ganó el León de Oro - Reuters
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Es imposible pasear por los recuerdos de la infancia sin que la nostalgia empañe la memoria. Un ejercicio que Alfonso Cuarón (Ciudad de México, 1961) logra depurar con sutileza y sencillez en «Roma», una película con la que viaja a la casa de su niñez para encontrarse con las mujeres que le marcaron. Tras ganar el León de Oro del Festival de Venecia, «Roma» suena entre las favoritas al Oscar, un hito para una producción de Netflix. Antes de que todo eso llegue, la cinta se estrena este miércoles en cines y apenas una semana después en la plataforma.

P - Dice el crítico de ABC que todos llevamos una película como «Roma» en nuestro interior, pero que el milagro es extraerla... ¿Cómo se hace algo así?

R - La única manera, a menos que seas Bergman o Fellini, es desde el inconsciente, porque en realidad yo no vaticinaba que el proceso interno fuera a ser tan complejo.

P - ¿Esa complejidad proviene de destilar tantos recuerdos...?

R - Eso fue lo fácil, sale de manera orgánica: el compromiso era hablar de Cleo [la joven que fue la sirvienta de su familia en la Colonia Roma, una de las mejores zonas de Ciudad de México] y de hacerlo a través de la memoria, pero como la memoria solo se puede ver desde el punto de vista del presente, y el presente es lo que soy y las preocupaciones que tengo, todo está empapado de estas preocupaciones. El problema de la memoria es que cada puerta te lleva a pasillos infinitos y laberínticos con muchas más puertas. Cada puerta nueva que abre te lleva a un nuevo laberinto, y muchos son gozosos pero otros son dolorosos.

P - ¿Cómo es el proceso de tener que verbalizar todo ese proceso durante las entrevistas?

R - En esta película eso es diferente respecto a otros trabajos. Yo no puedo verbalizar de qué va esta película, es un caleidoscopio temático. Puedo hablar de lo obvio: sé que es sobre este personaje, los temas que me intrigan, las razones, el proceso, pero nada más.

P - ¿Y cómo ha sido ese proceso?

R - Es la primera película que hago sin tener el rebote de Guillermo del Toro, Alejandro González Iñárritu o Pawel Pawlikowski, que nos mandamos los guiones siempre. Este no lo quise enseñar. Nadie lo vio. Ni los actores ni ningún miembro del equipo vio el guion. Se rodó de manera cronológica y todo el mundo aprendía cada día lo que iba sucediendo. A unos actores les daba sus líneas, a otros no, y forzaba dinámicas para interrumpirse porque eso es la vida: nada es planeado. Si sentía que la decisión que tomaba tenía red de contención, entonces no la hacía.

P - No puede explicar de qué va esta película... Pero, ¿y sus referencias?

R - Yo siempre he sido referencial por cinéfilo, y aquí intenté conscientemente quitar todas las referencias. Si estaba poniendo un plano y me encontraba silbando una melodía que me remitía a otra película, inmediatamente lo cambiaba. Eugenio Caballero, ayudante de producción, me dijo una vez que por qué cambiaba el plano si el anterior estaba mucho mejor. Y le dije: “Sí, estaba mejor porque no es mío, y este sí”. Pero inevitablemente, inconscientemente, debe estar llena de referencias porque es lo que soy.

P - Alrededor de la vida de los niños y Cleo vemos muchas cosas que podrían ser varias películas, desde la matanza de estudiantes a la historia de cuernos y celos de los padres...

R - Somos una sociedad testigo. Los protagonistas lo son. El evento de la matanza de los estudiantes en realidad lo hizo un grupo pequeño en comparación con toda la sociedad que fue víctima directa de ese evento. Sin embargo hay una conciencia como sociedad que es testigo. Esa escena no nace de mi memoria, yo no estuve en esa mueblería donde está la familia, pero sin embargo ese evento es una cicatriz enorme en la conciencia mexicana. Una cicatriz que a mí se me abrió a los diez años, con los periódicos que daban esas fotografías. Y me obsesioné con una de ellas. Recuerdo estar horas viéndolas. Esa gente lo vio ahí, yo lo veo en esa fotografía y hay una parte de identificación: yo podía haber estado en la mueblería.

P - Y en la manifestación, con los estudiantes, ¿pudo haber estado?

R - Era muy niño. De hecho, parte de mi conciencia a partir de eso fue que tenía una familia muy de derechas. Mis tíos hablaban demonizando siempre a los estudiantes. Y otro tío que tenía era comunista. Y a él le repetía frases que escuchaba en casa. Y me dijo: «¿Por qué dices eso? Tú eres estudiante». No había caído en que yo también lo era...

P - Se ha definido «Roma» como un homenaje a las mujeres de su vida...

R - Nunca me planteé hacer un homenaje a estos personajes. Si acaso, quería entenderlos, sobre todo a Cleo, que es uno de los seres que más he amado en la vida real. Y quise entender a un ser que forma parte de mi familia, que es como una madre, pero que nuestro punto de partida son dos universos completamente distintos. Me contaba historias de su infancia, de sus carencias, de las hambres y fríos que pasó, que yo de niño lo veía como algo abstracto. Y empecé a verla como una mujer que viene de una clase muy baja. Y no solo eso, era indígena. Vi la complejidad de entender eso. Y también con eso, la verdad, y la verdad conlleva las culpas.

P - ¿Cómo evolucionó esa relación?

R - Ahora forma parte de mi familia, pero por mucho tiempo fue parte de esa conveniencia muy perversa de la burguesía con las empleadas domésticas que tienen el rol materno. Por un lado hacen de madre y por otro mantenemos la barrera de la clase social, que es un muro infranqueable. Y ese es el final de la película. Te amamos mucho, y como no podemos ir a Disneylandia, queremos ir a visitar tu pueblo, pero tráenos la comida a la mesa y vete a lavarnos la ropa.

P - Ir de turismo…

R - Es la relación que tiene la burguesía mexicana progre con los pueblos indígenas.

La Pregunta

P - Habla del muro social, ¿le cansa que en Europa solo preguntemos a los mexicanos por el muro de Trump?

R - Creo que hablar del tema del muro de Trump en Europa es hipócrita. Es muy curioso: aquí se ponen del lado de los mexicanos, demonizando a Trump, con toda razón, pero por otro lado tienes a Salvini y su partido de fascistas con toda esta retórica antimigrante... Es muy hipócrita.

P - La paja en el ojo ajeno…

R - En Europa es peor, más complejo. Aquí no van a visitarlos como turista, aquí es: «Vamos allí a que nos fabriquen la ropa barata»...

Pregunta - Permítame una maldad: esa secuencia de los créditos iniciales, larguísima y en plano fijo, ¿la hizo con el propósito de que quien vea «Roma» en casa, si no aguanta esa primera toma, cambie a otra cosa?

Respuesta - Habrá quien lo vea así, puede ser. Esa escena lo que hace es marcar el tiempo de la película e introduce sus elementos simbólicos. En la película se empieza viendo la tierra y termina con el cielo. Habrá gente que se desespere y no la quiera ver, es como todo...

P - ¿Mejor entonces ver «Roma» en cines que en Netflix?

R - Mira, la vida más larga de la película hoy por hoy está en los formatos caseros. En cines, las películas apenas duran unas semanas y realmente solo una generación las disfruta en salas. Del cine de Lars von Trier, por ejemplo, he visto la mitad en salas y la otra mitad en vídeo. De Besson solo un par de películas en cines, de Ozu solo dos... El resto en casa. Es la naturaleza de las cosas.

P - Pero quiso que «Roma» se viera en cines...

R - Por supuesto. Era parte del compromiso cuando firmé con Netflix y nos embarcamos en el proyecto. Yo prefiero que se vea en los cines, para eso la rodé en Atmos, en 65 mm...

[Lea la crítica de «Roma», por Oti R. Marchante]