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Jeanne Moreau, adiós a la belleza trágica que iluminó a los grandes del cine

La leyenda de la actriz inmensa quizá sea indisociable de la leyenda de la mujer de mundo y la amante excepcional. Francia llora a su estrella más seductora

Jeanne Moraeu en 1962 en el filme «Eva»
Jeanne Moraeu en 1962 en el filme «Eva» - ARCHIVO ABC
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Actriz de teatro, televisión y cine, cantante, Jeanne Moreau (París, 23 enero 1928 – París, 31 julio 2017) fue mucho más: gran señora de mundo, una leyenda cuya presencia mítica ilumina las historias del cine y el arte de vivir, con gracia y en gracia

Parisina hasta la médula, su padre fue director de una «brasserie» famosa, La Cloche d’or; su madre fue una bailarina inglesa afincada en París. Ella heredó de ambos un arte de saber estar en público con el talento de quien se educa en la escena de una sala de restaurante y las maneras sublimes de una mujer consagrada a las más íntimas de las artes, no solo escénicas.

La leyenda de Jeanne Moreau era ya una realidad olímpica, celestial. La leyenda de un ángel descarriado en el laberinto del mundo, que ella ilumina con su gracia.

Decidió ser actriz muy joven, siguiendo los cursos privados de un actor legendario, Denis d’Inès, administrador general de la Comédie Française, donde Jeanne Moreau comenzó por esculpir su primera leyenda de gran trágica, interpretando a Shakespeare, los trágicos clásicos franceses, (Corneille, Racine) y los trágicos contemporáneos (Tennesse Williams, Jean Genet) pronto «descubierta» por sus pares, Gérard Philippe, Orson Welles, Jean Vilar, Luis Buñuel, entre muchos otros.

Su mera presencia insumisa tocaba los textos más trágicos y sombríos con el fulgor de las estrellas que iluminan la más oscura bóveda celeste. La luz que sedujo al Louis Malle que preparaba la primera de sus grandes películas, «Ascenseur pour l’échafaud» («Ascensor para el cadalso», 1958) y al joven François Truffaut que preparaba «Jules y Jim» (1962), otra película mítica. La leyenda de Jeanne Moreau era ya una realidad olímpica, celestial. La leyenda de un ángel descarriado en el laberinto del mundo, que ella ilumina con su gracia.

Su filmografía crecería de manera vertiginosa, trabajando con Luis Buñuel, Orson Welles, Jean Renoir, Jean-Luc Godard, Rainer Werner Fassbinder, Michelangelo Antonioni, Josep Losey, Elia Kazan, Theo Angelopoulos, Wim Wenders, Roger Vadim, Peter Brook, Tony Richardson, Marcel Ophüls, John Frankenheimer, entre muchos otros. Su personalidad carismática dejó un huella palmaria en muchas obras maestras: «El diario de una camarera», de Buñuel; «Campanadas a medianoche» y «El proceso», de Orson Welles; «La noche», de Antonioni; «Jules y Jim», de Truffaut, «Eva», de Losey; «El último Tycoon», de Kazan, quizá hubiesen sido obras muy distintas sin la presencia de Jean Moreau.

«La amante excepcional»

La leyenda de la actriz inmensa quizá sea indisociable de la leyenda de la mujer de mundo y la amante excepcional.

Forman parte de la leyenda las relaciones de Jeanne Moreau con Pierre Cardin, Sacha Distel, François Truffaut, Louis Malle, Tony Richardson, entre un larguísimo etcétera de señores y grandes señores

Jeanne Moreau se casó en dos ocasiones. El matrimonio con Jean-Louis Richard, actor y guionista de talento, duró dos años. Serge Rezvani, novelista, escribió una canción famosa, inspirada en las «tumultuosas» relaciones entre la pareja, que volvió a «seducir» al François Truffaut de «Jules y Jim». El matrimonio con William Friedkin, el director de «French connection», duró poco más, pero le permitió a Jeanne Moreau prolongar su leyenda en Nueva York y Los Ángeles, patrias de adopción, muy provisionales.

Fueron mucho más numerosos sus amantes de duración más o menos aleatoria. Forman parte de la leyenda las relaciones de Jeanne Moreau con Marcelo Mastroiani, Pierre Cardin, Sacha Distel, Jean-Louis Trintignant, François Truffaut, Louis Malle, Tony Richardson, Georges Moustaki, entre un larguísimo etcétera de señores y grandes señores. Todos la recordaron con devoción.

Sacha Distel dijo que Jeanne Moreau fue la «amante ideal con la que sueñan todos los hombres». No sin cierta elegancia frívola, ella confesaba: «He seducido a muchos hombres. Pero, en verdad, lo que me interesaba era la inteligencia. Tener amantes por tener amantes es algo que no me interesó nunca». Hombres de genio, como Buñuel y Welles no solo la respetaban y admiraban: la trataron con una suerte de devoción estética, puesta al servicio de su descomunal talento.

Andando el tiempo, los homenajes, en Hollywood y París, la «estatua» de la leyenda terminó por «cansarla». Y decidió dejarse «tentar» por nuevos talentos, nuevos medios, nuevos trabajos, con apariciones fulgurantes en la televisión, y reapariciones magistrales en la escena teatral.

Ligada a España

En 1989, en la madurez última, Jeanne Moreau interpretó el personaje central de «La Celestina» de Fernando de Rojas, montada por Antoine Vitez en el Festival de Avignon. «Insumisa», formada en el teatro clásico, «fuente» e «inspiración» de grandes creadores y movimientos estéticos (la Nouvelle Vague francesa), la actriz culminaba en cierta medida su carrera interpretando un clásico alejado de la tradición parisina, esencial en la tradición del teatro español. Jeanne Moreau hizo una versión contemporánea y nada «castiza»… La celestina de Jeanne Moreau está emparentada con su versión de la Marquesa de Merteuil de «Las amistades peligrosas» de Choderlos de Laclos, el gran clásico de la novela epistolar y «erótica» francesa…

La Jeanne Moreau de «Campanadas a medianoche» de Orson Welles interpretaba una mujer «engolfada» en un lecho ocasional con un bufón de corte rodado entre un estudio y la Casa de Campo madrileña. La Jeanne Moreau de «La Celestina» de Antoine Vitez transforma el personaje de la más alta Picaresca española en un arquetipo definitivamente universal y moderno. La corrupción de las almas, los cuerpos y el dinero comenzó siendo un «tema» de la España de los siglos XV y XVI. Jean Moreau, entre muchos otros, contribuyó a recordarnos su actualidad más honda.