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Crítica de El reino: Retrato y retrete de la corrupción política

Sorogoyen moldea de ficción la realidad política española y le pone magnífica carne actoral a personajes más o menos reconocibles en el paisaje real de la corrupción autonómica

Bárbara Lennie y Antonio de la Torre protagonizan la nueva película de Sorogoyen
Bárbara Lennie y Antonio de la Torre protagonizan la nueva película de Sorogoyen - ABC
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Su paso por el Festival (aún en él) hacen de «El reino» una película ya muy conocida, y el paso del argumento por los telediarios de los últimos y penúltimos años la convierten directamente en una película «vista». Sorogoyen moldea de ficción la realidad política española y le pone magnífica carne actoral a personajes más o menos reconocibles en el paisaje real de la corrupción autonómica y centrada en el mejunje de ambición y poder entre dirigentes de Partido, empresarios, funcionarios, medios de comunicación y mafiosos dignos de Scorsese.

Sorogoyen traza un dibujo realista y evidente, pero también otro soterrado y abstracto. A ritmo de metralleta narra la fiesta, el trapicheo, el compadreo, la desconfianza y la traición que envuelve el tejido político y social alrededor de la figura de un alto cargo del Partido, un «bárcenas», que interpreta Antonio de la Torre con toda esa grosería física y moral que él sabe inocular al personaje: hiperrealismo puro con solo verlos comerse las langostas y bailar paletamente en el yate. Y entre ese ritmo febril, canalla y que apesta a peligro (¡qué terrorífica escena de persecución!), el director muestra las hebras de lo abstracto y los hilos de lo invisible en varios momentos que coquetean con el asesinato, el poder diabólico y la complicidad, o incluso autoría, de ciertos medios de comunicación y su hipócrita modo de hacer periodismo.